/ viernes 21 de enero de 2022

Bio-informando | Más allá de los genes

Por allá del mes de octubre del año pasado les compartía un concepto clave dentro de mi área de especialización: “El dogma central de la Biología Molecular”. Este concepto enuncia el ‘cómo’ es que la información genética (el ADN) fluye desde el núcleo de la célula hacia los ribosomas para la síntesis de proteínas, las cuales de llevarse a cabo los mecanismos pertinentes, cumplirán diversas funciones en el organismo ante los estímulos o eventos que se esté enfrentando.

Otra de las analogías de las que me valgo para explicar este concepto en el aula es comparándolo con una pastelería. El recetario, vaya la redundancia, contiene todas las recetas de los pasteles, bizcochos y galletas de la tienda (en este caso, representa al ADN, al ser la molécula que contiene toda la información para el correcto funcionamiento de un organismo).

Ahora bien, en función de la disponibilidad de anaquel o de las exigencias del cliente, el pastelero horneará los postres que se soliciten. De ahí que únicamente se empleará la información (o la receta) apropiada y es por ello, que se sintetiza el ARN a partir del ADN, el cual trae las ‘instrucciones’ para la síntesis de las proteínas específicas para responder a una necesidad particular (el postre solicitado).

Por otra parte, supongamos que dentro de la receta de un pastel, una de las indicaciones es añadir 50 g de chocolate; si el pastelero, por descuido, añade 51 g de chocolate probablemente en el sabor del pastel no se note mucho la diferencia, pero si añade 200 g ahí sí que influirá bastante en el sabor. Así como en el pastel, la información genética es susceptible a modificaciones: es lo que en ciencia conocemos como mutaciones. Todos los seres vivos mutamos.

El detalle chato está en que dependiendo del ser vivo, es la velocidad en que este fenómeno ocurre y las causas de estas modificaciones pueden ser diversas (anomalías en la división celular, exposición a radiación o ciertas sustancias químicas e incluso por infecciones por virus).

Por otro lado, las modificaciones pueden pasar desapercibidas y no implicar ningún problema para la expresión correcta de los genes o puede ser de gran magnitud y/o manifestarse en una región clave del ADN que altere el funcionamiento de un organismo.

Ahora, ¿Qué pasaría si te dijera que también existen otro tipo de modificaciones que no necesariamente se presentan en el contenido de la información genética pero que sí influye en qué si uno o varios genes se activen o no?

La ciencia que explica estas modificaciones en la expresión de genes sin alterar la información genética se le conoce como epigenética. Hasta donde se ha estudiado, el grado en que estas modificaciones se presentan se ha vinculado a factores ambientales como la alimentación, el ejercicio, sustancias químicas e incluso experiencias traumáticas.

Algunos científicos apasionados de esta área del saber, la definen como los signos de puntuación de la información genética, pues si bien no la modifica, sí altera la forma en que es leída. Lo interesante también es que se ha observado que estas modificaciones son reversibles pero también en ocasiones pueden ser heredadas a la descendencia.

Hace poco me topé con una nota en donde se exponía cómo un grupo de investigadores, a través de la epigenética, pretenden explicar el porqué de los diferentes cuadros que presentan los individuos por infección por SARS-CoV-2 (asintomáticos, leves o severos). Con los resultados obtenidos se pretende identificar biomarcadores, es decir sustancias o fragmentos de ADN que permitan detectar aquellos pacientes que podrían presentar un cuadro severo si se exponen al virus para así mejorar su tratamiento e implementar estrategias de prevención y así evitar la saturación hospitalaria.


Dedico esta entrada a Guadalupe Maldonado Tapia que esta semana partió a la eternidad. Gracias maestra por tanto.

Buen fin de semana.


Por allá del mes de octubre del año pasado les compartía un concepto clave dentro de mi área de especialización: “El dogma central de la Biología Molecular”. Este concepto enuncia el ‘cómo’ es que la información genética (el ADN) fluye desde el núcleo de la célula hacia los ribosomas para la síntesis de proteínas, las cuales de llevarse a cabo los mecanismos pertinentes, cumplirán diversas funciones en el organismo ante los estímulos o eventos que se esté enfrentando.

Otra de las analogías de las que me valgo para explicar este concepto en el aula es comparándolo con una pastelería. El recetario, vaya la redundancia, contiene todas las recetas de los pasteles, bizcochos y galletas de la tienda (en este caso, representa al ADN, al ser la molécula que contiene toda la información para el correcto funcionamiento de un organismo).

Ahora bien, en función de la disponibilidad de anaquel o de las exigencias del cliente, el pastelero horneará los postres que se soliciten. De ahí que únicamente se empleará la información (o la receta) apropiada y es por ello, que se sintetiza el ARN a partir del ADN, el cual trae las ‘instrucciones’ para la síntesis de las proteínas específicas para responder a una necesidad particular (el postre solicitado).

Por otra parte, supongamos que dentro de la receta de un pastel, una de las indicaciones es añadir 50 g de chocolate; si el pastelero, por descuido, añade 51 g de chocolate probablemente en el sabor del pastel no se note mucho la diferencia, pero si añade 200 g ahí sí que influirá bastante en el sabor. Así como en el pastel, la información genética es susceptible a modificaciones: es lo que en ciencia conocemos como mutaciones. Todos los seres vivos mutamos.

El detalle chato está en que dependiendo del ser vivo, es la velocidad en que este fenómeno ocurre y las causas de estas modificaciones pueden ser diversas (anomalías en la división celular, exposición a radiación o ciertas sustancias químicas e incluso por infecciones por virus).

Por otro lado, las modificaciones pueden pasar desapercibidas y no implicar ningún problema para la expresión correcta de los genes o puede ser de gran magnitud y/o manifestarse en una región clave del ADN que altere el funcionamiento de un organismo.

Ahora, ¿Qué pasaría si te dijera que también existen otro tipo de modificaciones que no necesariamente se presentan en el contenido de la información genética pero que sí influye en qué si uno o varios genes se activen o no?

La ciencia que explica estas modificaciones en la expresión de genes sin alterar la información genética se le conoce como epigenética. Hasta donde se ha estudiado, el grado en que estas modificaciones se presentan se ha vinculado a factores ambientales como la alimentación, el ejercicio, sustancias químicas e incluso experiencias traumáticas.

Algunos científicos apasionados de esta área del saber, la definen como los signos de puntuación de la información genética, pues si bien no la modifica, sí altera la forma en que es leída. Lo interesante también es que se ha observado que estas modificaciones son reversibles pero también en ocasiones pueden ser heredadas a la descendencia.

Hace poco me topé con una nota en donde se exponía cómo un grupo de investigadores, a través de la epigenética, pretenden explicar el porqué de los diferentes cuadros que presentan los individuos por infección por SARS-CoV-2 (asintomáticos, leves o severos). Con los resultados obtenidos se pretende identificar biomarcadores, es decir sustancias o fragmentos de ADN que permitan detectar aquellos pacientes que podrían presentar un cuadro severo si se exponen al virus para así mejorar su tratamiento e implementar estrategias de prevención y así evitar la saturación hospitalaria.


Dedico esta entrada a Guadalupe Maldonado Tapia que esta semana partió a la eternidad. Gracias maestra por tanto.

Buen fin de semana.