/ viernes 1 de octubre de 2021

Casos y cosas de la experiencia | ¿A qué tenemos miedo?

Empecé a redactar algunas ideas para esta columna, mientras esperaba a la persona siguiente para acompañarla en su proceso psicoterapéutico, y emergió el tema del miedo, sobre el que ahora les comparto algunas reflexiones. Situaciones que vivimos a diario en el quehacer cotidiano.

Tenemos miedo a contagiarnos de Covid-19; a que nos hagan daño en la calle; al éxito o fracaso en nuestras relaciones o negocios. También nos asusta estar solos y al mismo tiempo nos aterra hacer contacto con los demás. Nos da miedo lo que escuchamos desde nuestro corazón. Nos aterra ser infelices; no cumplir las expectativas de los demás (padres, hermanos, familia, pareja, amigos, etcétera); tenemos miedo a aceptarnos como realmente somos; a carecer de buena salud o buena suerte y a envolvernos en el mundo de la fantasía, porque sabemos que podríamos tener un desengaño. Sentimos ansiedad y entramos en pánico ante el cambio. Quizá nos agobie la “imposibilidad” de no cambiar; nos asusta que le pueda ocurrir algo a nuestra familia o amigos. Tememos perder el trabajo y el control de nuestra vida, o bien tener el poder para tomar decisiones. Nos atemoriza la muerte y lo que pudiese suceder después; que nuestros seres queridos se olviden pronto de nosotros; también responsabilizarnos de nuestra vida. En resumen, tardamos en admitir todos los miedos que nos agobian.

El miedo es uno de los sentimientos básicos; es una emoción dotada de significado. Luis Preciado señala: “las energías, placenteras y/o displacenteras que se sienten en el cuerpo, que son las sensaciones, producen emociones, las que considero una especie de sinapsis o conexiones entre nuestras dimensiones corporal, mental y espiritual”. La palabra emoción proviene de motio, motor, motivo.

Para la psicoterapia gestalt, una persona está en proceso de configurarse como una totalidad, por supuesto un grupo también, igual que cada sensación, emoción y sentimiento; como la necesidad y el deseo. Por lo tanto, un sentimiento es una señal de las necesidades humanas, que pueden ser fisiológicas, psicológicas o existenciales.

Entonces, ¿cómo tiene que ser el miedo, para que se considere sano? Es el que se siente ante la presencia de un peligro real y presente, que nos amenace y pueda dañar a las personas significativas. Por consiguiente, los miedos, aprehensiones, preocupaciones, temores, pánico o sustos representan una energía de graduación diferente; suceden cuando el peligro amenazante no es real ni está presente, son miedos generados por fantasías catastróficas aprendidas. Dicho de manera coloquial, cuando le damos cuerda al miedo.

El miedo puede llegar a paralizarnos. Nuestra vibración energética baja cuando vivimos aterrorizados, por lo tanto, mengua nuestra creatividad, espontaneidad y empobrece la existencia. Prestemos atención a lo que experimentamos como miedo, porque perjudica tremendamente nuestra vida. El amor ahuyenta al miedo y, recíprocamente, el miedo ahuyenta al amor.

Mientras más conscientes estemos de lo que experimentamos, más podremos enfrentar y manejar nuestras sensaciones, emociones y sentimientos. No cabe duda que tenemos oportunidad de aprender de nosotros, de lo que vivimos a diario.

En la sociedad actual vivimos de prisa, sin detenernos; ni tener conciencia de lo que nos acontece. Es fácil percatarnos de que vivir apresurado resulta lo opuesto a vivir intensamente cada instante. Esto lo ilustra muy bien la siguiente frase de John Lennon: “Es fácil vivir con los ojos cerrados, interpretando mal todo…

Empecé a redactar algunas ideas para esta columna, mientras esperaba a la persona siguiente para acompañarla en su proceso psicoterapéutico, y emergió el tema del miedo, sobre el que ahora les comparto algunas reflexiones. Situaciones que vivimos a diario en el quehacer cotidiano.

Tenemos miedo a contagiarnos de Covid-19; a que nos hagan daño en la calle; al éxito o fracaso en nuestras relaciones o negocios. También nos asusta estar solos y al mismo tiempo nos aterra hacer contacto con los demás. Nos da miedo lo que escuchamos desde nuestro corazón. Nos aterra ser infelices; no cumplir las expectativas de los demás (padres, hermanos, familia, pareja, amigos, etcétera); tenemos miedo a aceptarnos como realmente somos; a carecer de buena salud o buena suerte y a envolvernos en el mundo de la fantasía, porque sabemos que podríamos tener un desengaño. Sentimos ansiedad y entramos en pánico ante el cambio. Quizá nos agobie la “imposibilidad” de no cambiar; nos asusta que le pueda ocurrir algo a nuestra familia o amigos. Tememos perder el trabajo y el control de nuestra vida, o bien tener el poder para tomar decisiones. Nos atemoriza la muerte y lo que pudiese suceder después; que nuestros seres queridos se olviden pronto de nosotros; también responsabilizarnos de nuestra vida. En resumen, tardamos en admitir todos los miedos que nos agobian.

El miedo es uno de los sentimientos básicos; es una emoción dotada de significado. Luis Preciado señala: “las energías, placenteras y/o displacenteras que se sienten en el cuerpo, que son las sensaciones, producen emociones, las que considero una especie de sinapsis o conexiones entre nuestras dimensiones corporal, mental y espiritual”. La palabra emoción proviene de motio, motor, motivo.

Para la psicoterapia gestalt, una persona está en proceso de configurarse como una totalidad, por supuesto un grupo también, igual que cada sensación, emoción y sentimiento; como la necesidad y el deseo. Por lo tanto, un sentimiento es una señal de las necesidades humanas, que pueden ser fisiológicas, psicológicas o existenciales.

Entonces, ¿cómo tiene que ser el miedo, para que se considere sano? Es el que se siente ante la presencia de un peligro real y presente, que nos amenace y pueda dañar a las personas significativas. Por consiguiente, los miedos, aprehensiones, preocupaciones, temores, pánico o sustos representan una energía de graduación diferente; suceden cuando el peligro amenazante no es real ni está presente, son miedos generados por fantasías catastróficas aprendidas. Dicho de manera coloquial, cuando le damos cuerda al miedo.

El miedo puede llegar a paralizarnos. Nuestra vibración energética baja cuando vivimos aterrorizados, por lo tanto, mengua nuestra creatividad, espontaneidad y empobrece la existencia. Prestemos atención a lo que experimentamos como miedo, porque perjudica tremendamente nuestra vida. El amor ahuyenta al miedo y, recíprocamente, el miedo ahuyenta al amor.

Mientras más conscientes estemos de lo que experimentamos, más podremos enfrentar y manejar nuestras sensaciones, emociones y sentimientos. No cabe duda que tenemos oportunidad de aprender de nosotros, de lo que vivimos a diario.

En la sociedad actual vivimos de prisa, sin detenernos; ni tener conciencia de lo que nos acontece. Es fácil percatarnos de que vivir apresurado resulta lo opuesto a vivir intensamente cada instante. Esto lo ilustra muy bien la siguiente frase de John Lennon: “Es fácil vivir con los ojos cerrados, interpretando mal todo…