/ viernes 5 de agosto de 2022

Casos y cosas de la experiencia | Desde la experiencia XI

“Cada persona debe elegir cuánta verdad puede soportar”. (I. Yalom)

En la quietud del consultorio, me dispuse a reflexionar sobre mi tarea como psicólogo y psicoterapeuta. Como profesional, también asisto regularmente a consulta con mi psicoterapeuta; puedo comprender lo que experimenta cada persona que se acerca a solicitar el acompañamiento emocional. En este proceso se viven momentos maravillosos de encuentro y desencuentro, alegrías y tristezas, dolor y amargura, ataduras y liberación, miedos y temores, en fin, es una oportunidad para estar frente al espejo y abordar la verdad sobre nosotros mismos.

Esta reflexión me recordó al doctor Irving Yalom, que dice: “Cada persona debe elegir cuánta verdad puede soportar”. Esto se refiere al proceso psicoterapéutico, un terreno fértil para explorar, reconocer, enfrentar y liberar todo lo que bloquea nuestro crecimiento personal. He acompañado a jóvenes, adultos y parejas en su proceso; puedo apreciar el dolor, esfuerzo, dedicación y amor por sí mismos.

De igual forma, decidí escuchar mis verdades. He experimentado ese proceso, con el acompañamiento de mi psicoterapeuta, que ha resultado liberador; implica revisar varias áreas de mi existencia, apreciar los logros, tropiezos, fuerza y fragilidad, fortalecer lo que requiere cuidado, para trazar nuevos caminos y desafíos. En ocasiones puedo apreciar con claridad lo que es preciso abordar en mi proceso, y en otras la intervención de mi psicoterapeuta es clave para ver lo que me impulsa a continuar la mejora personal.

Por consiguiente, las personas que asisten a consulta tienen algunas creencias acerca del proceso; es decir, creen que les proporcionaré la solución mágica a su “problema”, otras “traen” a algún familiar para que lo “arregle”, también buscan recomendaciones o sugerencias para enfrentar la situación que los agobia. Ciertamente algunas más están contentas porque su familiar inicia un proceso de cambio, y luego les alteran los ajustes realizados. Lo anterior puede sostenerse en el principio de que “cuando yo cambio, cambia todo”.

Como psicoterapeuta, mi propósito es acompañar a las personas en su proceso, contribuir al desarrollo de habilidades para que enfrenten sus retos. Cuando consiguen su objetivo se marchan y vienen otras. Quienes estuvieron alguna vez en contacto conmigo regresan, para realizar un par de ajustes y luego parten. Estoy para acompañar, no para que la persona dependa de mí para todo. Esto sería ilusorio y dañino para ambas partes.

Entonces, esto me hace recordar la siguiente frase de I. Yalom: “Para poder tener una relación con otra persona, uno debe tener una relación consigo mismo”. De ahí que personalmente necesito y quiero continuar mi proceso psicoterapéutico, para establecer relaciones saludables con las personas que solicitan mis servicios.

Decido trabajar por el placer de crecer, por tanto sé que viviré momentos de dolor. Crecer implica renunciar a la comodidad, a la zona de confort, a afrontar las excusas y transformarlas en acciones hacia el crecimiento. Estoy dispuesto a continuar por ese camino, tengo claro que existen renuncias que dolerán pero son precisas para aprender las lecciones correspondientes. El dolor está presente, se cerrarán algunas ventanas y puertas, sin embargo confío y obedezco en que se abrirán otras. Sé que dejaré atrás a algunas personas porque tengo otro camino por recorrer. Estoy agradecido por todo lo recibido en el tiempo que caminamos juntos, pues están integrados a mi existencia.

Por un mundo de confianza y esperanza.

Buen fin de semana… Confiando22 #contagiabuenavibra #yoaportoenpositivo

“Cada persona debe elegir cuánta verdad puede soportar”. (I. Yalom)

En la quietud del consultorio, me dispuse a reflexionar sobre mi tarea como psicólogo y psicoterapeuta. Como profesional, también asisto regularmente a consulta con mi psicoterapeuta; puedo comprender lo que experimenta cada persona que se acerca a solicitar el acompañamiento emocional. En este proceso se viven momentos maravillosos de encuentro y desencuentro, alegrías y tristezas, dolor y amargura, ataduras y liberación, miedos y temores, en fin, es una oportunidad para estar frente al espejo y abordar la verdad sobre nosotros mismos.

Esta reflexión me recordó al doctor Irving Yalom, que dice: “Cada persona debe elegir cuánta verdad puede soportar”. Esto se refiere al proceso psicoterapéutico, un terreno fértil para explorar, reconocer, enfrentar y liberar todo lo que bloquea nuestro crecimiento personal. He acompañado a jóvenes, adultos y parejas en su proceso; puedo apreciar el dolor, esfuerzo, dedicación y amor por sí mismos.

De igual forma, decidí escuchar mis verdades. He experimentado ese proceso, con el acompañamiento de mi psicoterapeuta, que ha resultado liberador; implica revisar varias áreas de mi existencia, apreciar los logros, tropiezos, fuerza y fragilidad, fortalecer lo que requiere cuidado, para trazar nuevos caminos y desafíos. En ocasiones puedo apreciar con claridad lo que es preciso abordar en mi proceso, y en otras la intervención de mi psicoterapeuta es clave para ver lo que me impulsa a continuar la mejora personal.

Por consiguiente, las personas que asisten a consulta tienen algunas creencias acerca del proceso; es decir, creen que les proporcionaré la solución mágica a su “problema”, otras “traen” a algún familiar para que lo “arregle”, también buscan recomendaciones o sugerencias para enfrentar la situación que los agobia. Ciertamente algunas más están contentas porque su familiar inicia un proceso de cambio, y luego les alteran los ajustes realizados. Lo anterior puede sostenerse en el principio de que “cuando yo cambio, cambia todo”.

Como psicoterapeuta, mi propósito es acompañar a las personas en su proceso, contribuir al desarrollo de habilidades para que enfrenten sus retos. Cuando consiguen su objetivo se marchan y vienen otras. Quienes estuvieron alguna vez en contacto conmigo regresan, para realizar un par de ajustes y luego parten. Estoy para acompañar, no para que la persona dependa de mí para todo. Esto sería ilusorio y dañino para ambas partes.

Entonces, esto me hace recordar la siguiente frase de I. Yalom: “Para poder tener una relación con otra persona, uno debe tener una relación consigo mismo”. De ahí que personalmente necesito y quiero continuar mi proceso psicoterapéutico, para establecer relaciones saludables con las personas que solicitan mis servicios.

Decido trabajar por el placer de crecer, por tanto sé que viviré momentos de dolor. Crecer implica renunciar a la comodidad, a la zona de confort, a afrontar las excusas y transformarlas en acciones hacia el crecimiento. Estoy dispuesto a continuar por ese camino, tengo claro que existen renuncias que dolerán pero son precisas para aprender las lecciones correspondientes. El dolor está presente, se cerrarán algunas ventanas y puertas, sin embargo confío y obedezco en que se abrirán otras. Sé que dejaré atrás a algunas personas porque tengo otro camino por recorrer. Estoy agradecido por todo lo recibido en el tiempo que caminamos juntos, pues están integrados a mi existencia.

Por un mundo de confianza y esperanza.

Buen fin de semana… Confiando22 #contagiabuenavibra #yoaportoenpositivo