/ martes 14 de mayo de 2019

Columna invitada | Ser maestro, vocación que nace del corazón

Quién no tiene un bonito recuerdo de alguna o algún maestro, ya sea en la primaria, en la secundaria, preparatoria y sí, porque no, de la universidad.

Habrá quien tenga una o muchas anécdotas de su convivencia diaria con sus maestros en las aulas, en el recreo, en los recesos; tal vez de un buen consejo o una enseñanza importante a partir de alguna de las clases diarias, que fue factor que determinó la profesión que hoy tenemos.

Las y los profesores son nuestros otros guías, de quien aprendemos los conocimientos básicos que formarán parte de nuestras vidas, de nuestra personalidad, de nuestro bagaje cultural, pero muchas veces también son aquellos que, ante alguna ausencia, se convierten en guías morales, de quien recibimos un apapacho y hasta un “te aprecio”, “échale ganas” “tú puedes”, “vas a triunfar” o “vas por el camino equivocado”.

El profesor debe aportar sus conocimientos pedagógicos de enseñanza y debe favorecer un ambiente agradable de trabajo en las aulas; debe ser un motivador de sus alumnos para que no sólo reciban información, sino que también comprendan y razonen cada uno de los conocimientos que están recibiendo y, al mismo tiempo, no sólo evaluarlos, sino llevar un seguimiento continuo y personalizado de cada uno a fin de lograr El progreso del estudiante.

Es claro que las y los maestros deben prepararse, pero también actualizarse, y claro que lo hacen. Su preparación no se queda en los conocimientos que adquirieron y les permitieron titularse, no. Es constante su actualización en diferentes áreas que les servirán de mucho para pararse frente a sus alumnos y que éstos se les facilite el aprendizaje. Dedican muchas horas a su trabajo fuera del salón de clases.

Los docentes deben planificar cada una de sus clases, las materias que habrán de impartir durante cada semana, durante cada mes del ciclo escolar y, por lo tanto, definir objetivos no sin antes diagnosticar las necesidades individuales de cada alumno, pero al mismo tiempo los requerimientos de su grupo.

Hay quienes, en términos del educador brasileño Paulo Freire, le dan un valor agregado a su trabajo atendiendo una nueva forma de relacionarse entre educador-educando como sujetos sociales; una forma distinta de aprender y entender, donde la enseñanza sea liberadora y no opresora a partir de una pedagogía crítica.

Hoy la incursión de las nuevas tecnologías ha provocado, en buena medida, que los maestros se actualicen, pues en la red los alumnos tienen toneladas de información lo que los obliga no sólo entrar a ese mundo, porque de lo contrario quedarán rebasados. Antes los profesores, a través de los planes y programas de trabajo, eran quienes tenían toda la información, ahora prácticamente con un teclazo se encuentra todo, porque prácticamente todo está en la red.

El Internet cambió el papel de los docentes en el actual sistema de formación, pues ante la enorme cantidad de datos que tienen los alumnos, el maestro debe jugar un rol importante como es el de cubrir planes y programas, orientarlos sobre la información que van a encontrar en el ciberespacio para poder determinar cuáles son los contenidos a los que deben acceder y, desde luego, ayudarles a entender, por lo que el profesor ha replanteado su papel en las aulas.

¿Quién no tiene lindos recuerdos de sus profesoras, de sus profesores? Evoco con mucho cariño al maestro Jesús Alberto Rubio, del Cobach Plantel Reforma, quien no sólo nos motivaba a estudiar sino a imaginar cada etapa de la historia de la humanidad, casi, casi a vivirla, y que nos hacía, aparte de revisar nuestras respuestas en los exámenes, a razonarlas; o al maestro Ramiro Hernández cuando estudié mi carrera en el Cesues que, igual, son de los mentores que te dejan huella, que se vuelven indelebles en nuestras vidas.

Es cierto, hay profesores que se han conformado con los conocimientos que obtuvieron en las escuelas donde se formaron, pero son los menos; por fortuna, son mucho más los que se preparan constantemente y están en los salones de clases por vocación, esa vocación que nace del corazón.

Diputada federal de Morena

Quién no tiene un bonito recuerdo de alguna o algún maestro, ya sea en la primaria, en la secundaria, preparatoria y sí, porque no, de la universidad.

Habrá quien tenga una o muchas anécdotas de su convivencia diaria con sus maestros en las aulas, en el recreo, en los recesos; tal vez de un buen consejo o una enseñanza importante a partir de alguna de las clases diarias, que fue factor que determinó la profesión que hoy tenemos.

Las y los profesores son nuestros otros guías, de quien aprendemos los conocimientos básicos que formarán parte de nuestras vidas, de nuestra personalidad, de nuestro bagaje cultural, pero muchas veces también son aquellos que, ante alguna ausencia, se convierten en guías morales, de quien recibimos un apapacho y hasta un “te aprecio”, “échale ganas” “tú puedes”, “vas a triunfar” o “vas por el camino equivocado”.

El profesor debe aportar sus conocimientos pedagógicos de enseñanza y debe favorecer un ambiente agradable de trabajo en las aulas; debe ser un motivador de sus alumnos para que no sólo reciban información, sino que también comprendan y razonen cada uno de los conocimientos que están recibiendo y, al mismo tiempo, no sólo evaluarlos, sino llevar un seguimiento continuo y personalizado de cada uno a fin de lograr El progreso del estudiante.

Es claro que las y los maestros deben prepararse, pero también actualizarse, y claro que lo hacen. Su preparación no se queda en los conocimientos que adquirieron y les permitieron titularse, no. Es constante su actualización en diferentes áreas que les servirán de mucho para pararse frente a sus alumnos y que éstos se les facilite el aprendizaje. Dedican muchas horas a su trabajo fuera del salón de clases.

Los docentes deben planificar cada una de sus clases, las materias que habrán de impartir durante cada semana, durante cada mes del ciclo escolar y, por lo tanto, definir objetivos no sin antes diagnosticar las necesidades individuales de cada alumno, pero al mismo tiempo los requerimientos de su grupo.

Hay quienes, en términos del educador brasileño Paulo Freire, le dan un valor agregado a su trabajo atendiendo una nueva forma de relacionarse entre educador-educando como sujetos sociales; una forma distinta de aprender y entender, donde la enseñanza sea liberadora y no opresora a partir de una pedagogía crítica.

Hoy la incursión de las nuevas tecnologías ha provocado, en buena medida, que los maestros se actualicen, pues en la red los alumnos tienen toneladas de información lo que los obliga no sólo entrar a ese mundo, porque de lo contrario quedarán rebasados. Antes los profesores, a través de los planes y programas de trabajo, eran quienes tenían toda la información, ahora prácticamente con un teclazo se encuentra todo, porque prácticamente todo está en la red.

El Internet cambió el papel de los docentes en el actual sistema de formación, pues ante la enorme cantidad de datos que tienen los alumnos, el maestro debe jugar un rol importante como es el de cubrir planes y programas, orientarlos sobre la información que van a encontrar en el ciberespacio para poder determinar cuáles son los contenidos a los que deben acceder y, desde luego, ayudarles a entender, por lo que el profesor ha replanteado su papel en las aulas.

¿Quién no tiene lindos recuerdos de sus profesoras, de sus profesores? Evoco con mucho cariño al maestro Jesús Alberto Rubio, del Cobach Plantel Reforma, quien no sólo nos motivaba a estudiar sino a imaginar cada etapa de la historia de la humanidad, casi, casi a vivirla, y que nos hacía, aparte de revisar nuestras respuestas en los exámenes, a razonarlas; o al maestro Ramiro Hernández cuando estudié mi carrera en el Cesues que, igual, son de los mentores que te dejan huella, que se vuelven indelebles en nuestras vidas.

Es cierto, hay profesores que se han conformado con los conocimientos que obtuvieron en las escuelas donde se formaron, pero son los menos; por fortuna, son mucho más los que se preparan constantemente y están en los salones de clases por vocación, esa vocación que nace del corazón.

Diputada federal de Morena