/ viernes 19 de noviembre de 2021

Democracia y debate | Café con aroma de Rosario

Hace ya muchos años, escribí un texto con este mismo título, en esa ocasión Rosario Robles, estaba como ahora rodeada de polémica, entre quienes hablaban maravillas de ella y quienes la señalaban duramente por acciones esencialmente privadas, que por ser pública Rosario, se hicieron públicas sus acciones y relaciones, que además estuvieron relacionadas con el polémico caso de los videos donde se ve al empresario argentino Carlos Ahumada dando dinero a operadores políticos, recordamos al que fue conocido como el señor de las ligas, René Bejarano y Carlos Ímaz, de quien poco o nada supimos después. Hechos lamentables que persiguen todavía hoy a sus protagonistas.

La diferencia de ese entonces y ahora, es que Rosario está en la cárcel, es una prisionera política, alega ella, puede fugarse dice el juez, al negarle una y otra vez el llevar su proceso en libertad, dándole un evidente trato diferenciado ante otros presuntos culpables.

Rosario fue, es y será, polémica pura, mujer de poder, poderosa y hoy abandonada a su suerte, con coraje escucha el silencio de quienes se decían sus amigos y la abandonaron, sola y a decir de ella, sin dinero, enfrenta de forma diferenciada un proceso producto de la venganza política, dice ella.

Rosario se atrevió a mucho, se atrevió a ejercer el poder, a convivir con él y a soñar con él, confió en amigos inexistentes y al final la máxima de la novela revolucionaria, La Sombra del Caudillo, la atrapó, esa que dice que “amigos en la política no existen”, confiada al grito de “No te preocupes Rosario”, fue a entregarse.

Ahora con el paso de los años, va soltando personas que nunca fueron amigas o amigos, sólo su hija y su familia, algún periodista y pocos más la acompañan.

Pese a todo Rosario, está viva y se sostiene, “huele a hembra” decían algunas de sus admiradoras años atrás, cuando se le sumaban seguidoras por verla altiva y valiente, poderosa y firme, dispuesta a enfrentarse a lo que fuera por amar, vivir y ejercer el poder, ese poder que hoy la devora, como Saturno a su propio hijo en el cuadro de Goya.

No sabemos, si Rosario Robles es culpable o inocente, eso lo tiene que determinar un juez, pero, si la justicia le ha negado su derecho a seguir el proceso en libertad, alegando que puede escapar, si su sentencia se dicta con ese antecedente, podemos adelantar un desenlace contrario a sus sueños de libertad, sin embargo, si logra a pesar de todo sostenerse, mantenerse con esa fuerza y aroma que tantas seguidoras le trajo en su momento, sea cual sea la sentencia y en una escaramuza extraña muy a la mexicana Rosario Robles, de alguna forma ganará, porque vivió, se atrevió y desafió los usos y costumbres consagrados sólo para los hombres, se atrevió a ser, pensar y sentir, si en esto se equivocó o no, esa es otra historia y no nos toca a nosotros decirlo.

Sea pues Rosario, esa Rosario de hace años, con aroma de Rosario.

Hace ya muchos años, escribí un texto con este mismo título, en esa ocasión Rosario Robles, estaba como ahora rodeada de polémica, entre quienes hablaban maravillas de ella y quienes la señalaban duramente por acciones esencialmente privadas, que por ser pública Rosario, se hicieron públicas sus acciones y relaciones, que además estuvieron relacionadas con el polémico caso de los videos donde se ve al empresario argentino Carlos Ahumada dando dinero a operadores políticos, recordamos al que fue conocido como el señor de las ligas, René Bejarano y Carlos Ímaz, de quien poco o nada supimos después. Hechos lamentables que persiguen todavía hoy a sus protagonistas.

La diferencia de ese entonces y ahora, es que Rosario está en la cárcel, es una prisionera política, alega ella, puede fugarse dice el juez, al negarle una y otra vez el llevar su proceso en libertad, dándole un evidente trato diferenciado ante otros presuntos culpables.

Rosario fue, es y será, polémica pura, mujer de poder, poderosa y hoy abandonada a su suerte, con coraje escucha el silencio de quienes se decían sus amigos y la abandonaron, sola y a decir de ella, sin dinero, enfrenta de forma diferenciada un proceso producto de la venganza política, dice ella.

Rosario se atrevió a mucho, se atrevió a ejercer el poder, a convivir con él y a soñar con él, confió en amigos inexistentes y al final la máxima de la novela revolucionaria, La Sombra del Caudillo, la atrapó, esa que dice que “amigos en la política no existen”, confiada al grito de “No te preocupes Rosario”, fue a entregarse.

Ahora con el paso de los años, va soltando personas que nunca fueron amigas o amigos, sólo su hija y su familia, algún periodista y pocos más la acompañan.

Pese a todo Rosario, está viva y se sostiene, “huele a hembra” decían algunas de sus admiradoras años atrás, cuando se le sumaban seguidoras por verla altiva y valiente, poderosa y firme, dispuesta a enfrentarse a lo que fuera por amar, vivir y ejercer el poder, ese poder que hoy la devora, como Saturno a su propio hijo en el cuadro de Goya.

No sabemos, si Rosario Robles es culpable o inocente, eso lo tiene que determinar un juez, pero, si la justicia le ha negado su derecho a seguir el proceso en libertad, alegando que puede escapar, si su sentencia se dicta con ese antecedente, podemos adelantar un desenlace contrario a sus sueños de libertad, sin embargo, si logra a pesar de todo sostenerse, mantenerse con esa fuerza y aroma que tantas seguidoras le trajo en su momento, sea cual sea la sentencia y en una escaramuza extraña muy a la mexicana Rosario Robles, de alguna forma ganará, porque vivió, se atrevió y desafió los usos y costumbres consagrados sólo para los hombres, se atrevió a ser, pensar y sentir, si en esto se equivocó o no, esa es otra historia y no nos toca a nosotros decirlo.

Sea pues Rosario, esa Rosario de hace años, con aroma de Rosario.