/ miércoles 24 de noviembre de 2021

Democracia y debate | Frida

Mi niñez transcurrió en las calles de Coyoacán, en la CDMX, a unas pocas cuadras de la Casa Azul de Frida Kahlo, museo en el cual se puede apreciar el cómo vivían y convivían Diego y Frida en esos años, en ese barrio, hermosa casa, con grandes ventanas y un hermoso jardín, espacios los de la casa, como los del jardín que seguramente fueron estudio de grandes creaciones y lugar de encuentro con grandes personajes de la época, como León Trotski, mentor de Diego y quien como resultado de la persecución política terminó viviendo y muriendo a unas pocas cuadras de la Casa Azul.

En aquellos años, podías entrar y salir de la Casa Azul, sin mayor problema, cuando niños recorríamos las calles del barrio, corriendo, caminando, en bicicleta o patineta, en ocasiones para cambiar de ruta o hacer algo diferente entrábamos a la Casa Azul, que injustamente no era tan visitada, así que los cuidadores del museo nos dejaban entrar y nos dejaban hacer, desde niño conocí las cartas que ahí se exhiben, los estudios, la cocina, los cuartos, los cuadros y todos los elementos de vida y muerte que pueden ver. De niño no representaban mucho para mí, sólo un lugar que era agradable y familiar.

Afortunadamente con el paso del tiempo las cosas han cambiado y Frida Kahlo, ya no es la pareja, novia, compañera, amiga, enemiga de Diego, hoy Frida es Frida, su nombre es y ya será lo que siempre ha sido y debió ser, una artista entre las y los artistas, una inspiradora e inspiración para siempre, motor de pensamiento, de sentimiento y claro, necesariamente objeto del deseo y del mercado, así es y será siempre el arte.

Frida y Diego, son y serán, Diego y Frida fueron y dejaron de ser, hoy Diego es él y Frida es ella, así lo hubiera querido él y así lo quiere ella. Con la información que tenemos, con lo que conocemos sabemos que fueron libres, se amaron con tal brutalidad que lastima, sus sentimientos fueron de ellos y de otras y otros tantos, en una mentalidad que rebasaba y sigue rebasando lo común, lo cotidiano, por eso crearon y siguen creando. Dos gigantes que se encontraron, estaban destinados para hacerlo, la cultura, el arte, la política, los unió y ahora la justicia les da a cada cual su lugar.

Nos guste o no, la película producida y protagonizada por Salma Hayek, polémica y criticada por los puristas y por quienes se apropiaban de Frida, como la escritora y columnista Guadalupe Loaeza, se enfrentaron, sus visiones eran distintas y sus orientaciones también. Sin embargo, el éxito comercial de la película, sumó por millones los curiosos que de todo el mundo buscaron los lugares de Frida y Diego, de Diego y Frida y de Frida, ahora sería imposible entrar y salir de la Casa Azul como lo hacíamos de niños, hoy se tiene que hacer una fila tan larga como la espera del reconocimiento mundial, son también libros, fotografías, ropa, Frida es marca, es nombre, es imagen y las y los jóvenes la tienen vigente y presente.

Como el mundo es como es, el arte como siempre y el mercado sigue marcando pautas, nos guste o no, tenemos hoy como referente lo que ya sabíamos, que el arte de Frida es valioso, no por lo que valen, no por la cantidad que se paga cuando se compran o venden sus pinturas, su arte es valioso porque viene de ella, de su amor, de su sufrimiento, de su encanto y desencanto, de su vida y de su muerte. Vale mil veces más que los casi 35 millones de dólares que se pagaron recientemente en Nueva York por su cuadro “Diego y yo”, presente su amor e inspiración en su frente, en un hermoso auto retrato.

Frida, fue antes y seguirá siendo ahora Frida.


Mi niñez transcurrió en las calles de Coyoacán, en la CDMX, a unas pocas cuadras de la Casa Azul de Frida Kahlo, museo en el cual se puede apreciar el cómo vivían y convivían Diego y Frida en esos años, en ese barrio, hermosa casa, con grandes ventanas y un hermoso jardín, espacios los de la casa, como los del jardín que seguramente fueron estudio de grandes creaciones y lugar de encuentro con grandes personajes de la época, como León Trotski, mentor de Diego y quien como resultado de la persecución política terminó viviendo y muriendo a unas pocas cuadras de la Casa Azul.

En aquellos años, podías entrar y salir de la Casa Azul, sin mayor problema, cuando niños recorríamos las calles del barrio, corriendo, caminando, en bicicleta o patineta, en ocasiones para cambiar de ruta o hacer algo diferente entrábamos a la Casa Azul, que injustamente no era tan visitada, así que los cuidadores del museo nos dejaban entrar y nos dejaban hacer, desde niño conocí las cartas que ahí se exhiben, los estudios, la cocina, los cuartos, los cuadros y todos los elementos de vida y muerte que pueden ver. De niño no representaban mucho para mí, sólo un lugar que era agradable y familiar.

Afortunadamente con el paso del tiempo las cosas han cambiado y Frida Kahlo, ya no es la pareja, novia, compañera, amiga, enemiga de Diego, hoy Frida es Frida, su nombre es y ya será lo que siempre ha sido y debió ser, una artista entre las y los artistas, una inspiradora e inspiración para siempre, motor de pensamiento, de sentimiento y claro, necesariamente objeto del deseo y del mercado, así es y será siempre el arte.

Frida y Diego, son y serán, Diego y Frida fueron y dejaron de ser, hoy Diego es él y Frida es ella, así lo hubiera querido él y así lo quiere ella. Con la información que tenemos, con lo que conocemos sabemos que fueron libres, se amaron con tal brutalidad que lastima, sus sentimientos fueron de ellos y de otras y otros tantos, en una mentalidad que rebasaba y sigue rebasando lo común, lo cotidiano, por eso crearon y siguen creando. Dos gigantes que se encontraron, estaban destinados para hacerlo, la cultura, el arte, la política, los unió y ahora la justicia les da a cada cual su lugar.

Nos guste o no, la película producida y protagonizada por Salma Hayek, polémica y criticada por los puristas y por quienes se apropiaban de Frida, como la escritora y columnista Guadalupe Loaeza, se enfrentaron, sus visiones eran distintas y sus orientaciones también. Sin embargo, el éxito comercial de la película, sumó por millones los curiosos que de todo el mundo buscaron los lugares de Frida y Diego, de Diego y Frida y de Frida, ahora sería imposible entrar y salir de la Casa Azul como lo hacíamos de niños, hoy se tiene que hacer una fila tan larga como la espera del reconocimiento mundial, son también libros, fotografías, ropa, Frida es marca, es nombre, es imagen y las y los jóvenes la tienen vigente y presente.

Como el mundo es como es, el arte como siempre y el mercado sigue marcando pautas, nos guste o no, tenemos hoy como referente lo que ya sabíamos, que el arte de Frida es valioso, no por lo que valen, no por la cantidad que se paga cuando se compran o venden sus pinturas, su arte es valioso porque viene de ella, de su amor, de su sufrimiento, de su encanto y desencanto, de su vida y de su muerte. Vale mil veces más que los casi 35 millones de dólares que se pagaron recientemente en Nueva York por su cuadro “Diego y yo”, presente su amor e inspiración en su frente, en un hermoso auto retrato.

Frida, fue antes y seguirá siendo ahora Frida.