/ jueves 18 de noviembre de 2021

Democracia y debate | Góngora Kiña-kiña

Un muy querido amigo, en un viaje de estudios por el viejo continente, destinó casi todos sus fondos económicos para un regalo, para quien en ese momento era su jefe, el ministro en la Suprema Corte de Justicia, Genaro Góngora Pimentel, y en esos años presidente de la misma.

Como es propio de los jóvenes, nos burlamos bastante de nuestro querido amigo (a la menor provocación cantábamos “Góngora Kiña-kiña”, no tenía sentido, pero nos divertía mucho), por negarse a él mismo algunos regalos, recuerdos, ropa, libros, todo con la finalidad de comprar un reloj de pared que había considera nuestro compañero, era el regalo ideal para el ministro.

No sólo fue el gran gasto del regalo en cuestión, lo aparatoso del empaque y lo delicado del mismo, que supuso incluso que el joven estudiante dejara parte de su equipaje en el olvido para poder subir al avión de regreso a México, con el regalo. Ya en pleno vuelo, gastó sus últimas reservas económicas para desde el teléfono del avión hacernos una llamada telefónica, informarnos que el regalo estaba viajando en óptimas condiciones y que él a pesar de tantas bromas pesadas, nos agradecía las atenciones que habíamos tenido con él, en este mes que compartimos juntos por Europa.

No sé si al paso de tantos años, el portador del regalo considere que quien en su momento lo recibió sea digno del mismo y de tanto sacrificio que requirió, para que éste fuera entregado en sus manos.

Como “miserable”, calificó al ministro en retiro, el periodista Joaquín López-Dóriga, por la historia que están mostrando él y su expareja, ante la situación de salud que tienen los menores hijos de ambos. Por otro lado, Carmen Aristegui, ha dado puntual seguimiento a este tema de conflicto familiar, donde cárcel de por medio de la expareja de Góngora y acusaciones de violencia, se ha negado la posibilidad de una operación al parecer necesaria para mejorar las condiciones de vida de los dos menores hijos de ambos, (ambos menores con una situación de TDA, según informes de su propia madre).

Creo que a nadie nos debe de interesar la vida privada de nadie, sin embargo, cuando se trata de quien presidió el máximo tribunal de justicia del país, gozó de gran prestigio no sólo en su ejercicio profesional, también como académico, logrando admiración y respeto de quienes en ese momento lo conocían, siendo incluso un referente para muchos, ahora por las situaciones que sean, somos testigos de esta lamentable historia, no por los mayores de edad que la protagonizan, pero sí, por los menores que están en medio de las vanidades de los adultos, entonces sí, requiere un poco de nuestra atención y reflexión.

Soy padre y como muchos, daría lo que fuera por garantizarles condiciones favorables de desarrollo a mis pequeños hijos, mientras sean menores y más, si ellos me lo permiten con el paso de los años.

Vivimos en permanente angustia por el hecho de ser padres, como bien dijo Savater (filósofo español), lo único que tenemos garantizados los padres, es la incertidumbre, dichosa incertidumbre que nos mantiene vivos y con el amor suficiente para enfrentar lo que se venga, y en el futuro próximo dejarlos volar hacia donde ellos consideren sea su mejor destino.

Hoy estoy seguro de que quien en su momento recibió ese muy bonito reloj, no era merecedor del mismo y tampoco de la profunda admiración que mi amigo sentía hacia el que fue uno de sus mentores.

No queda más que seguir cantando “Góngora Kiña-kiña”, esperando que los dos menores logren su bienestar.

Un muy querido amigo, en un viaje de estudios por el viejo continente, destinó casi todos sus fondos económicos para un regalo, para quien en ese momento era su jefe, el ministro en la Suprema Corte de Justicia, Genaro Góngora Pimentel, y en esos años presidente de la misma.

Como es propio de los jóvenes, nos burlamos bastante de nuestro querido amigo (a la menor provocación cantábamos “Góngora Kiña-kiña”, no tenía sentido, pero nos divertía mucho), por negarse a él mismo algunos regalos, recuerdos, ropa, libros, todo con la finalidad de comprar un reloj de pared que había considera nuestro compañero, era el regalo ideal para el ministro.

No sólo fue el gran gasto del regalo en cuestión, lo aparatoso del empaque y lo delicado del mismo, que supuso incluso que el joven estudiante dejara parte de su equipaje en el olvido para poder subir al avión de regreso a México, con el regalo. Ya en pleno vuelo, gastó sus últimas reservas económicas para desde el teléfono del avión hacernos una llamada telefónica, informarnos que el regalo estaba viajando en óptimas condiciones y que él a pesar de tantas bromas pesadas, nos agradecía las atenciones que habíamos tenido con él, en este mes que compartimos juntos por Europa.

No sé si al paso de tantos años, el portador del regalo considere que quien en su momento lo recibió sea digno del mismo y de tanto sacrificio que requirió, para que éste fuera entregado en sus manos.

Como “miserable”, calificó al ministro en retiro, el periodista Joaquín López-Dóriga, por la historia que están mostrando él y su expareja, ante la situación de salud que tienen los menores hijos de ambos. Por otro lado, Carmen Aristegui, ha dado puntual seguimiento a este tema de conflicto familiar, donde cárcel de por medio de la expareja de Góngora y acusaciones de violencia, se ha negado la posibilidad de una operación al parecer necesaria para mejorar las condiciones de vida de los dos menores hijos de ambos, (ambos menores con una situación de TDA, según informes de su propia madre).

Creo que a nadie nos debe de interesar la vida privada de nadie, sin embargo, cuando se trata de quien presidió el máximo tribunal de justicia del país, gozó de gran prestigio no sólo en su ejercicio profesional, también como académico, logrando admiración y respeto de quienes en ese momento lo conocían, siendo incluso un referente para muchos, ahora por las situaciones que sean, somos testigos de esta lamentable historia, no por los mayores de edad que la protagonizan, pero sí, por los menores que están en medio de las vanidades de los adultos, entonces sí, requiere un poco de nuestra atención y reflexión.

Soy padre y como muchos, daría lo que fuera por garantizarles condiciones favorables de desarrollo a mis pequeños hijos, mientras sean menores y más, si ellos me lo permiten con el paso de los años.

Vivimos en permanente angustia por el hecho de ser padres, como bien dijo Savater (filósofo español), lo único que tenemos garantizados los padres, es la incertidumbre, dichosa incertidumbre que nos mantiene vivos y con el amor suficiente para enfrentar lo que se venga, y en el futuro próximo dejarlos volar hacia donde ellos consideren sea su mejor destino.

Hoy estoy seguro de que quien en su momento recibió ese muy bonito reloj, no era merecedor del mismo y tampoco de la profunda admiración que mi amigo sentía hacia el que fue uno de sus mentores.

No queda más que seguir cantando “Góngora Kiña-kiña”, esperando que los dos menores logren su bienestar.