/ lunes 29 de noviembre de 2021

Democracia y debate | Vencer la oscuridad para reinventar la realidad

Con Jorge Volpi, tengo en común libros, ideas y amigos, coincidimos en el inicio a la lectura con Edgar Allan Poe, como él ha declarado, el escritor tuvo su encuentro con la lectura en secundaria, yo no olvido el mío con este vicio detonado por Edgar Allan Poe, también en secundaria y de esa forma, como Volpi, me inicié en el vicio divino de la lectura. Otra cosa que nos une, es lo que él escribe y yo leo, también su seguimiento y lectura de Jesús Silva-Herzog Márquez, del cual tuve el gusto de conocer a su padre y dialogar con él. Otro punto en común es nuestra amistad con Gerardo Laveaga. Un lazo que lamentablemente se rompió por la fatalidad, fue el que tendía Nacho Padilla, a quien conocí en preparatoria, el cual ejercía un liderazgo impresionante en quien lo conocía, era Nacho, bueno para todo, para la escuela, 10 perfecto, para la escritura, para los deportes, para la música, así lo conocí y posteriormente como escritor lo seguí admirando, un lamentable accidente lo alejó de este mundo.

Leer a Volpi, leer a Silva-Herzog, leer a Laveaga, leer a Nacho, son puntos que nos van uniendo por una línea común que es el país donde vivimos y la realidad del mismo. Nacho ya no está, sin embargo, estoy seguro que sería un activo observador de lo que sucede en nuestro país.

¿A qué viene lo anterior?, parece que las sombras, el silencio, el oscurantismo, lo cubre todo, pareciera que ante la gran tragedia que vive la humanidad resultado de este maldito virus, más todas las desgracias que se le vienen sumando, como la incapacidad de los responsables de administrar los países y las naciones, nos vienen sumiendo en un profundo hoyo negro que absorbe toda la energía, todo el pensamiento y toda la luz que la ideas pudieran generar.

Afortunadamente cuanto esto parece que está pasando, cuando la gran nube negra se muestra, aparejada a una tragedia, a una masacre, a otra variante del virus, a los números trágicos de la inflación, desempleo, y más, Puedo abrir un portal, un espacio, una página y todavía están ahí, los que piensan, los que dicen, los que señalan, los que dan luz, los que declaran con valor que; criticar a los nuestros es nuestro deber, como lo hace Silva-Herzog, los que hablan de cómo tiene que cambiar la academia, como lo hace Laveaga, los que escriben de la realidad y la diseccionan como Volpi, los que estudiaban a Cervantes, como lo hacía Nacho.

Una lectura afortunada donde Volpi se vincula a Silva-Herzog, me da punto de partida para tender mis propias líneas con ellos, con Gerardo, con Nacho y con tantos más, para poder declarar que, sí, hay luces, sí hay conocimiento, sí hay esperanza en el pensamiento, en la razón, en el análisis de las cosas que nos obligan a pensar y en su momento a actuar, ¿para qué?, para saldar las deudas que tenemos con nuestra muy lastimada democracia, para equilibrar cartones, para retomar el equilibrio, para abandonar populismos extremos, para buscar y encontrar justicia, ¿qué es justicia?...

Sí hay luz, sí hay pensamiento, y claro que hay emociones, pero, sobre todo, al final de este túnel, hay luz que vencerá la oscuridad. Como Silva-Herzog, creo que podemos reinventar la realidad.

Con Jorge Volpi, tengo en común libros, ideas y amigos, coincidimos en el inicio a la lectura con Edgar Allan Poe, como él ha declarado, el escritor tuvo su encuentro con la lectura en secundaria, yo no olvido el mío con este vicio detonado por Edgar Allan Poe, también en secundaria y de esa forma, como Volpi, me inicié en el vicio divino de la lectura. Otra cosa que nos une, es lo que él escribe y yo leo, también su seguimiento y lectura de Jesús Silva-Herzog Márquez, del cual tuve el gusto de conocer a su padre y dialogar con él. Otro punto en común es nuestra amistad con Gerardo Laveaga. Un lazo que lamentablemente se rompió por la fatalidad, fue el que tendía Nacho Padilla, a quien conocí en preparatoria, el cual ejercía un liderazgo impresionante en quien lo conocía, era Nacho, bueno para todo, para la escuela, 10 perfecto, para la escritura, para los deportes, para la música, así lo conocí y posteriormente como escritor lo seguí admirando, un lamentable accidente lo alejó de este mundo.

Leer a Volpi, leer a Silva-Herzog, leer a Laveaga, leer a Nacho, son puntos que nos van uniendo por una línea común que es el país donde vivimos y la realidad del mismo. Nacho ya no está, sin embargo, estoy seguro que sería un activo observador de lo que sucede en nuestro país.

¿A qué viene lo anterior?, parece que las sombras, el silencio, el oscurantismo, lo cubre todo, pareciera que ante la gran tragedia que vive la humanidad resultado de este maldito virus, más todas las desgracias que se le vienen sumando, como la incapacidad de los responsables de administrar los países y las naciones, nos vienen sumiendo en un profundo hoyo negro que absorbe toda la energía, todo el pensamiento y toda la luz que la ideas pudieran generar.

Afortunadamente cuanto esto parece que está pasando, cuando la gran nube negra se muestra, aparejada a una tragedia, a una masacre, a otra variante del virus, a los números trágicos de la inflación, desempleo, y más, Puedo abrir un portal, un espacio, una página y todavía están ahí, los que piensan, los que dicen, los que señalan, los que dan luz, los que declaran con valor que; criticar a los nuestros es nuestro deber, como lo hace Silva-Herzog, los que hablan de cómo tiene que cambiar la academia, como lo hace Laveaga, los que escriben de la realidad y la diseccionan como Volpi, los que estudiaban a Cervantes, como lo hacía Nacho.

Una lectura afortunada donde Volpi se vincula a Silva-Herzog, me da punto de partida para tender mis propias líneas con ellos, con Gerardo, con Nacho y con tantos más, para poder declarar que, sí, hay luces, sí hay conocimiento, sí hay esperanza en el pensamiento, en la razón, en el análisis de las cosas que nos obligan a pensar y en su momento a actuar, ¿para qué?, para saldar las deudas que tenemos con nuestra muy lastimada democracia, para equilibrar cartones, para retomar el equilibrio, para abandonar populismos extremos, para buscar y encontrar justicia, ¿qué es justicia?...

Sí hay luz, sí hay pensamiento, y claro que hay emociones, pero, sobre todo, al final de este túnel, hay luz que vencerá la oscuridad. Como Silva-Herzog, creo que podemos reinventar la realidad.