/ miércoles 4 de diciembre de 2019

Diálogo | ¿Ahorrar, pagar o comprar? El dilema de los mexicanos

Entramos a la recta final del 2019 y usted ¿ya sabe qué va a hacer con su aguinaldo?

El porcentaje de mexicanos que hoy en día ahorra parte de sus ingresos se ubica en el 44% en promedio, pero según el Índice de Confianza del Consumidor los mexicanos no están optimistas sobre su capacidad o posibilidad para ahorrar el 2020; el mayor temor: quedarse sin trabajo a consecuencia de una menor actividad económica en el país.

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La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera —que elabora la Comisión Nacional Bancaria y de Valores— arrojó que, en 2018 tan sólo el 44% de los mexicanos contaba con algún mecanismo de ahorro, mientras que el 42% no ahorra formalmente, y un 14% dejó de hacerlo.

Lo revelador de esta encuesta es que; sólo el 15% tiene un mecanismo formal de ahorro mediante servicios financieros como, cuenta de ahorros, crédito, seguros y Afores.

Entre 2016 y 2018, pese a todas las complicaciones los niveles de ingreso de las familias no se modificaron, y por tanto los niveles de ahorro tampoco de manera significativa según Inegi, pero eso está cambiando.

De por sí nuestro país es de todos conocido que no se caracteriza por tener una cultura del ahorro arraigada, al menos no a largo plazo y ello se relaciona con la capacidad financiera propia de un país en desarrollo y el tipo de empleos que mayormente se generan.

De hecho, la mayoría de las personas que ahorran hoy en día, no lo hace por una cultura de previsión, sino programando algún gasto futuro a corto o mediano plazo como comprar un carro; cubrir unas vacaciones familiares; una celebración; pagar alguna deuda; e incluso un gasto médico.

Por ello al enfrentar una emergencia de salud o un accidente imprevisto terminan comprometiendo su patrimonio de toda una vida para salir del apuro. Esto nos ha hecho hábiles para resolver situaciones imprevistas, pero resulta bastante caro en términos de salud por el manejo de presión, crisis y angustia que ello genera.

Esta situación —de no ser previsores a largo plazo— se acentúa cuando las condiciones laborales no son las mejores o existe el riesgo de quedarse sin empleo, cosa que está pasando.

La principal razón expuesta para no ahorrar es porque no les alcanza, viven al día y sus ingresos son justos para cubrir servicios, vivienda, alimentación, vestido, educación, salud y algo de esparcimiento.

Pero hay factores concretos además del cultural que conducen al no ahorro como: el desempleo; los bajos salarios por jornadas completas para el grueso de la población que impiden incluso la posibilidad de un segundo ingreso; el incremento en el costo de vida y la falta de confianza tanto en el Gobierno como en las instituciones financieras.

Para darnos una idea, el ahorro voluntario, es decir que no se descuenta por ley, apenas representa el 2.2% de los recursos que maneja el sistema de ahorro para el retiro a nivel nacional. Incluso hay indicadores que reflejan que sólo el 1% de las personas que ahorran en México lo hacen pensando en su vejez.

La invitación este mes de diciembre al recibir sus aguinaldos quienes tengan esa fortuna, sin importar la cantidad que sea, es considerar que la economía del país no va bien y lo que viene para 2020 no parece ser mejor.

Recordemos que recesión es la caída generalizada de la actividad económica y significa que el país produce menos de la capacidad que tiene en recursos y tecnología; hasta ahora técnicamente hay discusiones en si llamarlo recesión o estancamiento, pero más allá de esta discusión; lo cierto es que en este año no crecimos nada.

“No hay motivos suficientes, todavía, para alarmarse” aseguran investigadores del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Expertos y académicos por ejemplo de la Universidad Lasalle y Banco Base han expresado que al menos la producción de satisfactores de necesidades básicas se mantendrá en las siguientes semanas en las que no se prevé una caída drástica del desempleo ni un incremento en los precios.

Se concluye pues, que al ciudadano de ‘a pie’ aún le queda espacio para pasar lo que resta del año.

Por ello es importante considerar el equilibrio entre los gastos —incluyendo deudas presentes y futuras—, los ingresos y el ahorro, puesto que terminamos el año e iniciamos el próximo, sin una proyección positiva para la economía de nuestro País.

Entramos a la recta final del 2019 y usted ¿ya sabe qué va a hacer con su aguinaldo?

El porcentaje de mexicanos que hoy en día ahorra parte de sus ingresos se ubica en el 44% en promedio, pero según el Índice de Confianza del Consumidor los mexicanos no están optimistas sobre su capacidad o posibilidad para ahorrar el 2020; el mayor temor: quedarse sin trabajo a consecuencia de una menor actividad económica en el país.

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La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera —que elabora la Comisión Nacional Bancaria y de Valores— arrojó que, en 2018 tan sólo el 44% de los mexicanos contaba con algún mecanismo de ahorro, mientras que el 42% no ahorra formalmente, y un 14% dejó de hacerlo.

Lo revelador de esta encuesta es que; sólo el 15% tiene un mecanismo formal de ahorro mediante servicios financieros como, cuenta de ahorros, crédito, seguros y Afores.

Entre 2016 y 2018, pese a todas las complicaciones los niveles de ingreso de las familias no se modificaron, y por tanto los niveles de ahorro tampoco de manera significativa según Inegi, pero eso está cambiando.

De por sí nuestro país es de todos conocido que no se caracteriza por tener una cultura del ahorro arraigada, al menos no a largo plazo y ello se relaciona con la capacidad financiera propia de un país en desarrollo y el tipo de empleos que mayormente se generan.

De hecho, la mayoría de las personas que ahorran hoy en día, no lo hace por una cultura de previsión, sino programando algún gasto futuro a corto o mediano plazo como comprar un carro; cubrir unas vacaciones familiares; una celebración; pagar alguna deuda; e incluso un gasto médico.

Por ello al enfrentar una emergencia de salud o un accidente imprevisto terminan comprometiendo su patrimonio de toda una vida para salir del apuro. Esto nos ha hecho hábiles para resolver situaciones imprevistas, pero resulta bastante caro en términos de salud por el manejo de presión, crisis y angustia que ello genera.

Esta situación —de no ser previsores a largo plazo— se acentúa cuando las condiciones laborales no son las mejores o existe el riesgo de quedarse sin empleo, cosa que está pasando.

La principal razón expuesta para no ahorrar es porque no les alcanza, viven al día y sus ingresos son justos para cubrir servicios, vivienda, alimentación, vestido, educación, salud y algo de esparcimiento.

Pero hay factores concretos además del cultural que conducen al no ahorro como: el desempleo; los bajos salarios por jornadas completas para el grueso de la población que impiden incluso la posibilidad de un segundo ingreso; el incremento en el costo de vida y la falta de confianza tanto en el Gobierno como en las instituciones financieras.

Para darnos una idea, el ahorro voluntario, es decir que no se descuenta por ley, apenas representa el 2.2% de los recursos que maneja el sistema de ahorro para el retiro a nivel nacional. Incluso hay indicadores que reflejan que sólo el 1% de las personas que ahorran en México lo hacen pensando en su vejez.

La invitación este mes de diciembre al recibir sus aguinaldos quienes tengan esa fortuna, sin importar la cantidad que sea, es considerar que la economía del país no va bien y lo que viene para 2020 no parece ser mejor.

Recordemos que recesión es la caída generalizada de la actividad económica y significa que el país produce menos de la capacidad que tiene en recursos y tecnología; hasta ahora técnicamente hay discusiones en si llamarlo recesión o estancamiento, pero más allá de esta discusión; lo cierto es que en este año no crecimos nada.

“No hay motivos suficientes, todavía, para alarmarse” aseguran investigadores del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Expertos y académicos por ejemplo de la Universidad Lasalle y Banco Base han expresado que al menos la producción de satisfactores de necesidades básicas se mantendrá en las siguientes semanas en las que no se prevé una caída drástica del desempleo ni un incremento en los precios.

Se concluye pues, que al ciudadano de ‘a pie’ aún le queda espacio para pasar lo que resta del año.

Por ello es importante considerar el equilibrio entre los gastos —incluyendo deudas presentes y futuras—, los ingresos y el ahorro, puesto que terminamos el año e iniciamos el próximo, sin una proyección positiva para la economía de nuestro País.

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