/ miércoles 11 de diciembre de 2019

Diálogo | Mejor con acuerdo que sin acuerdo

Siempre será mejor con acuerdo que sin acuerdo, partiendo de ahí la firma del T-MEC entre México-Estados Unidos-Canadá trae certidumbre para los tres países y el reto de afrontar una nueva realidad, con nuevas reglas y disposiciones comerciales; pero todo tiene un costo y nuestro país ha comenzado a pagar el suyo, de entrada en papel se vio obligado a hacer algunas concesiones que traerán consecuencias en mediano plazo.

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Nos referimos en especial al sector automotriz, que en adelante el 70% del acero y aluminio fundido utilizado en la producción de automóviles de exportación con arancel cero, deberá ser de origen de la región, es decir, Norteamérica.

Aunque hay un plazo de ‘transición’ de 7 años para el acero y 10 años para el aluminio, esta cláusula que endurece las reglas de origen para estos dos productos sin ninguna duda resta competitividad a México, pues la industria automotriz comenzará a moverse al o los países que le garanticen mayor rentabilidad en los costos de producción.

Estados Unidos está orillando a México a ceder uno de los más grandes beneficios que adquirió con el Tratado de Libre Comercio en sus orígenes tal y como lo advirtió en su campaña presidencial en 2016, cuando dijo que nuestro país era un socio abusivo dado que contaba con un superávit comercial y entonces se propuso pegar justo en el sector más fuerte del Tlcan para México, que es el sector automotriz.

Ahí puso su mira y a minutos de la firma del nuevo acuerdo comercial ya se leen titulares como “México el socio sometido de Donald Trump”.

¿Qué va a pasar? Hay plazos, pero es muy posible que la industria automotriz hoy asentada en México comience a moverse también a los otros países, y por supuesto que el Presidente de Estados Unidos está esperando esa oportunidad para ofrecer las mejores garantías y llevarse a su país esta producción que en la que hoy México es un importante líder.

Todavía 24 horas antes de concretarse la firma del acuerdo, el secretario Marcelo Ebrard aseguraba contundente respecto a la imposición del 70% del acero de origen norteamericano que esa obligación “nos crearía muchos problemas” y que de ninguna manera nuestro país aceptaría que entrara en vigor en forma inmediata.

“Del aluminio no vamos a aceptar ningún plazo, porque México no tiene el recurso primordial del aluminio entonces nos pondría en una desventaja muy grande; por lo tanto no es de admitirse en el tema del aluminio ningún plazo”, remató el titular de Relaciones Exteriores.

Si por las vísperas se saca el día, ya sabemos lo que estamos perdiendo como país, ya concedido en papel. Una vez más Donald Trump se sale con la suya y el costo que México ha tenido y tendrá que seguir pagando por tener en EU a su principal socio comercial se eleva cada vez más.

Las grandes concesiones que hizo Estados Unidos fue los plazos de 7 y 10 años para que sus condiciones se cumplan, y con eso tenemos que lidiar. Punto.

Y no dejemos de lado el intento de intervención extranjera en el caso de la condición de inspectores de EU en los centros laborales de México so pretexto de vigilar que en nuestro país se cumpla con la reforma laboral pactada; nada más descabellado.

Sí, tenemos un sinfín de problemas, especialmente en eso de aplicar la ley y garantizar un Estado de Derecho, pero aún con lo grave que eso es, no se puede permitir a EU venir a dictar cómo sí o cómo no se deben hacer las cosas en nuestro país.

“Dijimos que no” aseguró el presidente Andrés Manuel López Obrador en sus conocidas mañaneras hace unos días y sinceramente nunca esperamos que EU se mantuviera inamovible en su postura; fue más bien un intento más como aquél ofrecimiento espontáneo de hace unos meses para intervenir contra el crimen organizado en nuestro territorio.

Sin embargo, son momentos difíciles y aquí es donde no cabe la controversia interna, las posiciones ideológicas ni los intereses partidistas.

El T-MEC es fundamental para el desarrollo de las tres naciones, pero no a cambio de ceder soberanía. Eso es inaceptable y no es negociable, ni debe ser negociable bajo ninguna circunstancia. México debe cerrar la puerta a todo intento similar en forma clara y firme sin dejar lugar a dudas.

Hoy el T-MEC por fin es realidad y entre la pérdida de competitividad en el sector automotriz, y la tranquilidad lograda de la no intervención en asuntos laborales, hay un sinfín de letras chicas y medianas en el acuerdo firmado que deberemos desglosar poco a poco. Ya veremos y nos daremos cuentas que estos dos puntos —automotriz y laboral— no es lo único ganado o perdido.

Por lo pronto el presidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz, Eduardo Solís, anunció que permanecen a la espera de que sus proveedores de acero acuerden con sus contrapartes de EU y Canadá y puedan convivir con la nueva regla de origen del 70% de contenido regional.

Ahí el primer gran reto. Sin firmar un acuerdo es difícil, ponerlo en práctica es de lo que depende el futuro.

Agradezco sus comentarios y retroalimentación a través de:

davidfigueroao@me.com

@DavidFigueroaO

David Figueroa O.

David Figueroa Ortega es empresario, ex cónsul de México en Los Ángeles y San José, California; ex diputado federal; ex alcalde de Agua Prieta; ex dirigente del PAN en Sonora.

Siempre será mejor con acuerdo que sin acuerdo, partiendo de ahí la firma del T-MEC entre México-Estados Unidos-Canadá trae certidumbre para los tres países y el reto de afrontar una nueva realidad, con nuevas reglas y disposiciones comerciales; pero todo tiene un costo y nuestro país ha comenzado a pagar el suyo, de entrada en papel se vio obligado a hacer algunas concesiones que traerán consecuencias en mediano plazo.

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Nos referimos en especial al sector automotriz, que en adelante el 70% del acero y aluminio fundido utilizado en la producción de automóviles de exportación con arancel cero, deberá ser de origen de la región, es decir, Norteamérica.

Aunque hay un plazo de ‘transición’ de 7 años para el acero y 10 años para el aluminio, esta cláusula que endurece las reglas de origen para estos dos productos sin ninguna duda resta competitividad a México, pues la industria automotriz comenzará a moverse al o los países que le garanticen mayor rentabilidad en los costos de producción.

Estados Unidos está orillando a México a ceder uno de los más grandes beneficios que adquirió con el Tratado de Libre Comercio en sus orígenes tal y como lo advirtió en su campaña presidencial en 2016, cuando dijo que nuestro país era un socio abusivo dado que contaba con un superávit comercial y entonces se propuso pegar justo en el sector más fuerte del Tlcan para México, que es el sector automotriz.

Ahí puso su mira y a minutos de la firma del nuevo acuerdo comercial ya se leen titulares como “México el socio sometido de Donald Trump”.

¿Qué va a pasar? Hay plazos, pero es muy posible que la industria automotriz hoy asentada en México comience a moverse también a los otros países, y por supuesto que el Presidente de Estados Unidos está esperando esa oportunidad para ofrecer las mejores garantías y llevarse a su país esta producción que en la que hoy México es un importante líder.

Todavía 24 horas antes de concretarse la firma del acuerdo, el secretario Marcelo Ebrard aseguraba contundente respecto a la imposición del 70% del acero de origen norteamericano que esa obligación “nos crearía muchos problemas” y que de ninguna manera nuestro país aceptaría que entrara en vigor en forma inmediata.

“Del aluminio no vamos a aceptar ningún plazo, porque México no tiene el recurso primordial del aluminio entonces nos pondría en una desventaja muy grande; por lo tanto no es de admitirse en el tema del aluminio ningún plazo”, remató el titular de Relaciones Exteriores.

Si por las vísperas se saca el día, ya sabemos lo que estamos perdiendo como país, ya concedido en papel. Una vez más Donald Trump se sale con la suya y el costo que México ha tenido y tendrá que seguir pagando por tener en EU a su principal socio comercial se eleva cada vez más.

Las grandes concesiones que hizo Estados Unidos fue los plazos de 7 y 10 años para que sus condiciones se cumplan, y con eso tenemos que lidiar. Punto.

Y no dejemos de lado el intento de intervención extranjera en el caso de la condición de inspectores de EU en los centros laborales de México so pretexto de vigilar que en nuestro país se cumpla con la reforma laboral pactada; nada más descabellado.

Sí, tenemos un sinfín de problemas, especialmente en eso de aplicar la ley y garantizar un Estado de Derecho, pero aún con lo grave que eso es, no se puede permitir a EU venir a dictar cómo sí o cómo no se deben hacer las cosas en nuestro país.

“Dijimos que no” aseguró el presidente Andrés Manuel López Obrador en sus conocidas mañaneras hace unos días y sinceramente nunca esperamos que EU se mantuviera inamovible en su postura; fue más bien un intento más como aquél ofrecimiento espontáneo de hace unos meses para intervenir contra el crimen organizado en nuestro territorio.

Sin embargo, son momentos difíciles y aquí es donde no cabe la controversia interna, las posiciones ideológicas ni los intereses partidistas.

El T-MEC es fundamental para el desarrollo de las tres naciones, pero no a cambio de ceder soberanía. Eso es inaceptable y no es negociable, ni debe ser negociable bajo ninguna circunstancia. México debe cerrar la puerta a todo intento similar en forma clara y firme sin dejar lugar a dudas.

Hoy el T-MEC por fin es realidad y entre la pérdida de competitividad en el sector automotriz, y la tranquilidad lograda de la no intervención en asuntos laborales, hay un sinfín de letras chicas y medianas en el acuerdo firmado que deberemos desglosar poco a poco. Ya veremos y nos daremos cuentas que estos dos puntos —automotriz y laboral— no es lo único ganado o perdido.

Por lo pronto el presidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz, Eduardo Solís, anunció que permanecen a la espera de que sus proveedores de acero acuerden con sus contrapartes de EU y Canadá y puedan convivir con la nueva regla de origen del 70% de contenido regional.

Ahí el primer gran reto. Sin firmar un acuerdo es difícil, ponerlo en práctica es de lo que depende el futuro.

Agradezco sus comentarios y retroalimentación a través de:

davidfigueroao@me.com

@DavidFigueroaO

David Figueroa O.

David Figueroa Ortega es empresario, ex cónsul de México en Los Ángeles y San José, California; ex diputado federal; ex alcalde de Agua Prieta; ex dirigente del PAN en Sonora.

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