/ sábado 12 de octubre de 2019

Domingo de reflexión | Domingo 28 del tiempo ordinario

“Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ése era un samaritano”.

Este domingo, las lecturas bíblicas nos proponen para nuestra meditación cuatro temas interesantes: el poder de Dios ante la enfermedad, la oración de acción de gracias, la fe de quienes no son de nuestra religión y la predicación de la palabra de Dios.

Tanto en la primera lectura como en el evangelio se habla de enfermos de lepra. Estos enfermos experimentaban un doble sufrimiento: físico y anímico. Por una parte, soportaban la molestia misma de una enfermedad desagradable y, en parte, dolorosa. Así mismo, sufrían el rechazo social de la gente, incluso de sus mismos familiares; esto sucedía de manera especial en el pueblo de Israel; los leprosos eran impuros y nadie podía acercarse a ellos para no incurrir en impureza. ¿Qué hacen los leprosos ante su enfermedad? Ellos buscan, con cierto grado de fe, la salud proveniente de Dios. En efecto, Naamán (primera lectura) recurre al profeta Eliseo y recupera la salud. Y los diez leprosos del evangelio se acercan a Jesús y a gritos le dicen: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”; y también recuperan la salud.

Ante la enfermedad, sin desesperarnos, siguiendo los tratamientos médicos, nosotros debemos confiar en el poder de Dios, capaz de darnos la salud del alma y del cuerpo. Obviamente necesitamos ser hombres y mujeres de fe y confiar en su providencia.

Es interesante cómo los leprosos curados, Naamán y uno de los diez del evangelio, regresan para expresar su gratitud a Dios por el favor recibido. Nosotros debemos cultivar también la oración de acción de gracias, ya que el Señor sigue haciendo maravillas en nuestro tiempo. En efecto, hechos extraordinarios, milagrosos, pero también hechos ordinarios, que no por ello dejan de ser providenciales, deben mover nuestro corazón para postrarnos y, con humildad, agradecer a Dios la bondad que tiene para con nosotros, sus hijos.

Uno de los temas principales que la palabra de Dios destaca, hoy domingo, es la sensibilidad religiosa de los paganos, es decir, de quienes no formaban parte del pueblo de Dios. Naamán era sirio, fue a la tierra de Israel, encontró a Dios, hizo su profesión de fe: “Ahora sé que no hay más Dios que el de Israel”, y “regresó” feliz y agradecido a su tierra, llevando tierra sagrada…; y de los diez leprosos curados, sólo uno regresa con Jesús para darle las gracias; san Lucas nos dice: “Ése era un samaritano”. El evangelio concluye con unas maravillosas palabras que Jesús le dirige a este hombre: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”. Con frecuencia, fuera de nuestro grupo religioso, encontramos personas que nos dan ejemplo de una gran fe, acompañada de humildad y vida de oración. ¡Bendito sea Dios!

Por último, hemos de resaltar la experiencia de san Pablo quien, estando prisionero, no dejaba de predicar la palabra de Dios, así se lo hace ver a Timoteo: “Por este Evangelio sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor” (segunda lectura). Nos quedamos con esa frase contundente que Pablo dice a continuación; frase que muy bien podríamos meditar horas y horas: “pero la palabra de Dios no está encadenada”. La actitud de Pablo y sus palabras nos deben impulsar a no desfallecer en esta imperiosa tarea de llevar el Evangelio a toda creatura, especialmente a los alejados.

La eucaristía es la acción de gracias por excelencia que el ser humano le tributa a Dios; participemos siempre con fe y devoción en la misa dominical. Amén.

¡Que tengan un excelente domingo!

2 Reyes 5,14-17

2 Timoteo 2,8-13

Lucas 17,11-19

“Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ése era un samaritano”.

Este domingo, las lecturas bíblicas nos proponen para nuestra meditación cuatro temas interesantes: el poder de Dios ante la enfermedad, la oración de acción de gracias, la fe de quienes no son de nuestra religión y la predicación de la palabra de Dios.

Tanto en la primera lectura como en el evangelio se habla de enfermos de lepra. Estos enfermos experimentaban un doble sufrimiento: físico y anímico. Por una parte, soportaban la molestia misma de una enfermedad desagradable y, en parte, dolorosa. Así mismo, sufrían el rechazo social de la gente, incluso de sus mismos familiares; esto sucedía de manera especial en el pueblo de Israel; los leprosos eran impuros y nadie podía acercarse a ellos para no incurrir en impureza. ¿Qué hacen los leprosos ante su enfermedad? Ellos buscan, con cierto grado de fe, la salud proveniente de Dios. En efecto, Naamán (primera lectura) recurre al profeta Eliseo y recupera la salud. Y los diez leprosos del evangelio se acercan a Jesús y a gritos le dicen: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”; y también recuperan la salud.

Ante la enfermedad, sin desesperarnos, siguiendo los tratamientos médicos, nosotros debemos confiar en el poder de Dios, capaz de darnos la salud del alma y del cuerpo. Obviamente necesitamos ser hombres y mujeres de fe y confiar en su providencia.

Es interesante cómo los leprosos curados, Naamán y uno de los diez del evangelio, regresan para expresar su gratitud a Dios por el favor recibido. Nosotros debemos cultivar también la oración de acción de gracias, ya que el Señor sigue haciendo maravillas en nuestro tiempo. En efecto, hechos extraordinarios, milagrosos, pero también hechos ordinarios, que no por ello dejan de ser providenciales, deben mover nuestro corazón para postrarnos y, con humildad, agradecer a Dios la bondad que tiene para con nosotros, sus hijos.

Uno de los temas principales que la palabra de Dios destaca, hoy domingo, es la sensibilidad religiosa de los paganos, es decir, de quienes no formaban parte del pueblo de Dios. Naamán era sirio, fue a la tierra de Israel, encontró a Dios, hizo su profesión de fe: “Ahora sé que no hay más Dios que el de Israel”, y “regresó” feliz y agradecido a su tierra, llevando tierra sagrada…; y de los diez leprosos curados, sólo uno regresa con Jesús para darle las gracias; san Lucas nos dice: “Ése era un samaritano”. El evangelio concluye con unas maravillosas palabras que Jesús le dirige a este hombre: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”. Con frecuencia, fuera de nuestro grupo religioso, encontramos personas que nos dan ejemplo de una gran fe, acompañada de humildad y vida de oración. ¡Bendito sea Dios!

Por último, hemos de resaltar la experiencia de san Pablo quien, estando prisionero, no dejaba de predicar la palabra de Dios, así se lo hace ver a Timoteo: “Por este Evangelio sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor” (segunda lectura). Nos quedamos con esa frase contundente que Pablo dice a continuación; frase que muy bien podríamos meditar horas y horas: “pero la palabra de Dios no está encadenada”. La actitud de Pablo y sus palabras nos deben impulsar a no desfallecer en esta imperiosa tarea de llevar el Evangelio a toda creatura, especialmente a los alejados.

La eucaristía es la acción de gracias por excelencia que el ser humano le tributa a Dios; participemos siempre con fe y devoción en la misa dominical. Amén.

¡Que tengan un excelente domingo!

2 Reyes 5,14-17

2 Timoteo 2,8-13

Lucas 17,11-19