/ miércoles 2 de septiembre de 2020

Sin medias tintas | 3 a.m.

Se supone que no debemos andar a las 3 de la mañana haciendo cualquier cosa; sólo emergencias. Es una instrucción moral más que legal, ya que si queremos salir victoriosos de esta contingencia sanitaria, lo menos que podemos hacer es que cada uno de nosotros haga su parte, se cuide y así proteja a los demás.

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La solidaridad también debe presentarse ante la adversidad, porque si algo nos falta realmente a la mayoría de la sociedad hermosillense es la compasión. Una sociedad compasiva basada en la virtud de la justicia daría muchas soluciones a los problemas actuales.

Y a veces los astros se alinean para darte lecciones de vida también, dicen algunos. Como en esa ocasión en que por azares del destino no apagué mi celular para dormir y un amigo con voz entrecortada me llamó a las 2:25 de la mañana para pedirme ayuda: Se había desinflado uno de los neumáticos del auto mientras iba a recoger un medicamento para su hermana, y como estaba cerca de casa, pensó que yo era la mejor opción.

Obviamente mi respuesta fue levantarme e ir hacia por él. Conozco el historial de asma de su hermana y sé lo peligroso que es no tener un inhalador durante un ataque.

En cinco minutos lo alcancé, y nos dimos cuenta de que perderíamos demasiado tiempo arreglando el desperfecto porque el neumático extra también estaba desinflado, así que resguardamos el vehículo frente a la casa de un vecino cercano y nos aprestamos a ir por el medicamento y llevarlo a casa.

Durante todo el trayecto, las llamadas angustiantes de la mamá de mi amigo sólo hacían que se nos acelerara el corazón… ¿ya lo tienes?, ¿ya vienes?, ¿estás cerca ya?

Los minutos aparentan hacerse eternos en esas condiciones. Cruzaban por mi mente muchas preguntas y se las hice para relajarnos: ¿No tenían un inhalador de repuesto? ¿Qué le ocasionó el ataque de asma a tu hermana? ¿Y qué onda con la extra, por qué desinflada?

A la tercera pregunta me di cuenta de que realmente no nos estábamos calmando, así que los últimos 5 minutos del trayecto fueron prácticamente en silencio.

Eran las 3 a.m. cuando llegamos con el inhalador. Se bajó corriendo, y como yo no podía estacionar el auto frente a su casa, lo hice metros delante en el parque y esperé.

Cinco largos minutos después lo vi venir. En su expresión de alegría se podía ver que todo había resultado bien. Hizo de nuevo el protocolo de desinfección antes de subir al auto, se sentó, inclinó la cabeza hacia atrás y respiró profundamente.

Estaba él por hablar cuando frente a nosotros se empareja en contrasentido la unidad 038 de la Policía Municipal… Se bajaron los dos oficiales con cubrebocas y uno se dirige a mí.

—Buenas.

—Buenas.

—¿Qué andan haciendo?

—Aquí, dejando a mi amigo (ni siquiera había cerrado la puerta cuando se subió).

—¿Tendrá su licencia! Es que nos reportaron el vehículo hace 5 minutos.

Nunca llegan a mi colonia cuando les reportamos un robo y en cinco minutos llegaron por un vehículo sospechoso. Hazme el favor.

No se ría, amable lector. Ése es el método usado por los oficiales para indagar más sobre usted y lo que hace; pero cuando menos hubiese dicho 10 minutos —aunque no habíamos llegado—.

Luego te piden que abras la cajuela y lo acompañes. Puedes negarte, porque estás en tu derecho de no hacerlo; pero como no tenía nada que ocultar o esconder, accedí con gusto.

Después de las preguntas de rigor mientras revisaba la cajuela: ¿En qué trabaja?, ¿qué están haciendo?, ¿son cosas del trabajo esto que trae aquí?, etcétera, pasó a la segunda entrevista con mi amigo, que ya estaba siendo entrevistado por el otro oficial.

Mi amigo le explicó todo lo sucedido, y resultó que obviamente las dos historias coincidían.

Los oficiales se retiraron no muy contentos.

Pero lo más aleccionador fueron las palabras de mi amigo antes de darme las gracias y despedirnos: “Dos sustos en una noche”.

Me caló la frase durante todo el regreso a casa. ¿No deberíamos sentirnos seguros al ver a un policía en Hermosillo? ¿A ese nivel hemos llegado como sociedad o es que se han ganado la fama a pulso? ¿Usted qué cree?

Se supone que no debemos andar a las 3 de la mañana haciendo cualquier cosa; sólo emergencias. Es una instrucción moral más que legal, ya que si queremos salir victoriosos de esta contingencia sanitaria, lo menos que podemos hacer es que cada uno de nosotros haga su parte, se cuide y así proteja a los demás.

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La solidaridad también debe presentarse ante la adversidad, porque si algo nos falta realmente a la mayoría de la sociedad hermosillense es la compasión. Una sociedad compasiva basada en la virtud de la justicia daría muchas soluciones a los problemas actuales.

Y a veces los astros se alinean para darte lecciones de vida también, dicen algunos. Como en esa ocasión en que por azares del destino no apagué mi celular para dormir y un amigo con voz entrecortada me llamó a las 2:25 de la mañana para pedirme ayuda: Se había desinflado uno de los neumáticos del auto mientras iba a recoger un medicamento para su hermana, y como estaba cerca de casa, pensó que yo era la mejor opción.

Obviamente mi respuesta fue levantarme e ir hacia por él. Conozco el historial de asma de su hermana y sé lo peligroso que es no tener un inhalador durante un ataque.

En cinco minutos lo alcancé, y nos dimos cuenta de que perderíamos demasiado tiempo arreglando el desperfecto porque el neumático extra también estaba desinflado, así que resguardamos el vehículo frente a la casa de un vecino cercano y nos aprestamos a ir por el medicamento y llevarlo a casa.

Durante todo el trayecto, las llamadas angustiantes de la mamá de mi amigo sólo hacían que se nos acelerara el corazón… ¿ya lo tienes?, ¿ya vienes?, ¿estás cerca ya?

Los minutos aparentan hacerse eternos en esas condiciones. Cruzaban por mi mente muchas preguntas y se las hice para relajarnos: ¿No tenían un inhalador de repuesto? ¿Qué le ocasionó el ataque de asma a tu hermana? ¿Y qué onda con la extra, por qué desinflada?

A la tercera pregunta me di cuenta de que realmente no nos estábamos calmando, así que los últimos 5 minutos del trayecto fueron prácticamente en silencio.

Eran las 3 a.m. cuando llegamos con el inhalador. Se bajó corriendo, y como yo no podía estacionar el auto frente a su casa, lo hice metros delante en el parque y esperé.

Cinco largos minutos después lo vi venir. En su expresión de alegría se podía ver que todo había resultado bien. Hizo de nuevo el protocolo de desinfección antes de subir al auto, se sentó, inclinó la cabeza hacia atrás y respiró profundamente.

Estaba él por hablar cuando frente a nosotros se empareja en contrasentido la unidad 038 de la Policía Municipal… Se bajaron los dos oficiales con cubrebocas y uno se dirige a mí.

—Buenas.

—Buenas.

—¿Qué andan haciendo?

—Aquí, dejando a mi amigo (ni siquiera había cerrado la puerta cuando se subió).

—¿Tendrá su licencia! Es que nos reportaron el vehículo hace 5 minutos.

Nunca llegan a mi colonia cuando les reportamos un robo y en cinco minutos llegaron por un vehículo sospechoso. Hazme el favor.

No se ría, amable lector. Ése es el método usado por los oficiales para indagar más sobre usted y lo que hace; pero cuando menos hubiese dicho 10 minutos —aunque no habíamos llegado—.

Luego te piden que abras la cajuela y lo acompañes. Puedes negarte, porque estás en tu derecho de no hacerlo; pero como no tenía nada que ocultar o esconder, accedí con gusto.

Después de las preguntas de rigor mientras revisaba la cajuela: ¿En qué trabaja?, ¿qué están haciendo?, ¿son cosas del trabajo esto que trae aquí?, etcétera, pasó a la segunda entrevista con mi amigo, que ya estaba siendo entrevistado por el otro oficial.

Mi amigo le explicó todo lo sucedido, y resultó que obviamente las dos historias coincidían.

Los oficiales se retiraron no muy contentos.

Pero lo más aleccionador fueron las palabras de mi amigo antes de darme las gracias y despedirnos: “Dos sustos en una noche”.

Me caló la frase durante todo el regreso a casa. ¿No deberíamos sentirnos seguros al ver a un policía en Hermosillo? ¿A ese nivel hemos llegado como sociedad o es que se han ganado la fama a pulso? ¿Usted qué cree?

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