/ miércoles 16 de septiembre de 2020

Sin medias tintas | ¿De cuáles es usted?

Cualquier colonia de Hermosillo es un reflejo de la ciudad en su conjunto. No me refiero tanto a la imagen de la misma, sino más bien a las formas de convivencia. Es harto difícil lograr unanimidad en las acciones que se emprenden a favor de una colonia, así como a favor de la ciudad en su conjunto.

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Con la experiencia de ser representante de colonia, le puedo asegurar que existen tres clases de vecinos en el trabajo comunitario: «Los que sí», «los que no» y «los que les da igual».

«Los que sí» por lo general participan en todas las acciones en beneficio de la colonia, «los que no» critican a «los que sí» y buscan cambiarlos de bando, y «los que les da igual», sólo viven ahí.

Por supuesto todos reciben los beneficios de lo que se haga a favor de la colonia, porque la filosofía es que si le va bien a la colonia, les irá bien a todos.

Pero cuando algo falla, «los que no» son los primeros en señalarlo pese a que no contribuyeron con nada, y hacen propuestas pero nada concretan; «Los que sí» aprenden del error y buscan evitarlo en futuras ocasiones; y «los que les da igual» ni se enteran de lo que sucedió o se enteran un mes después, sin tomar partido o postura.

«Los que les da igual» son mayoría, mientras que «los que sí» y «los que no» tienen casi igual número que devotos.

«Los que sí» promueven la organización y la unidad, «los que no» buscan la desestabilización y «los que les da igual» son indiferentes.

¿Por qué es esto así? Sin duda desde que nacemos no se nos inculca la cultura de la unidad. La familia, como célula básica de las sociedades, es la responsable de generar ese sentido de pertenencia tan importante para todos los integrantes de una nación. Mientras que las generaciones anteriores promovían la educación basada en el amor a México, el trabajo y la virtud, las modernas han creado ciudadanos atenidos —decía mi abuela—, indiferentes y desapegados.

Las generaciones de hoy son de cristal y no soportan la crítica o el consejo. Se desentienden de su entorno y rayan en la indolencia.

Y para colmo de males, «los que sí» deben luchar no sólo contra «los que no», sino también contra las autoridades que los protegen, ya que al parecer las leyes están hechas para tal fin; las leyes protegen a los corruptos, a los invasores de casas, a los ladrones, etcétera.

Es muy serio lo que sucede, porque nuestro Sonora y nuestro México no merecen esa clase de generaciones, y la sana convivencia las merece menos.

Cualquier colonia de Hermosillo es un reflejo de la ciudad en su conjunto. No me refiero tanto a la imagen de la misma, sino más bien a las formas de convivencia. Es harto difícil lograr unanimidad en las acciones que se emprenden a favor de una colonia, así como a favor de la ciudad en su conjunto.

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Con la experiencia de ser representante de colonia, le puedo asegurar que existen tres clases de vecinos en el trabajo comunitario: «Los que sí», «los que no» y «los que les da igual».

«Los que sí» por lo general participan en todas las acciones en beneficio de la colonia, «los que no» critican a «los que sí» y buscan cambiarlos de bando, y «los que les da igual», sólo viven ahí.

Por supuesto todos reciben los beneficios de lo que se haga a favor de la colonia, porque la filosofía es que si le va bien a la colonia, les irá bien a todos.

Pero cuando algo falla, «los que no» son los primeros en señalarlo pese a que no contribuyeron con nada, y hacen propuestas pero nada concretan; «Los que sí» aprenden del error y buscan evitarlo en futuras ocasiones; y «los que les da igual» ni se enteran de lo que sucedió o se enteran un mes después, sin tomar partido o postura.

«Los que les da igual» son mayoría, mientras que «los que sí» y «los que no» tienen casi igual número que devotos.

«Los que sí» promueven la organización y la unidad, «los que no» buscan la desestabilización y «los que les da igual» son indiferentes.

¿Por qué es esto así? Sin duda desde que nacemos no se nos inculca la cultura de la unidad. La familia, como célula básica de las sociedades, es la responsable de generar ese sentido de pertenencia tan importante para todos los integrantes de una nación. Mientras que las generaciones anteriores promovían la educación basada en el amor a México, el trabajo y la virtud, las modernas han creado ciudadanos atenidos —decía mi abuela—, indiferentes y desapegados.

Las generaciones de hoy son de cristal y no soportan la crítica o el consejo. Se desentienden de su entorno y rayan en la indolencia.

Y para colmo de males, «los que sí» deben luchar no sólo contra «los que no», sino también contra las autoridades que los protegen, ya que al parecer las leyes están hechas para tal fin; las leyes protegen a los corruptos, a los invasores de casas, a los ladrones, etcétera.

Es muy serio lo que sucede, porque nuestro Sonora y nuestro México no merecen esa clase de generaciones, y la sana convivencia las merece menos.

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