/ lunes 16 de diciembre de 2019

Sin medias tintas | El Hermosillo del siglo XXI

¿De quién se acuerda cuando su auto cae en un bache? ¿De las autoridades de antes o de las de ahora o simplemente de las autoridades?

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La verdad es que las calles de nuestra ciudad están llena de hoyos y remiendos, y no importa mucho de quién sea la culpa, porque al final los ciudadanos no tenemos otra opción —por el momento— más que aguantarnos.

¿Aún no está cansado de que siempre sea la misma historia de que los actuales culpen a los anteriores, o de que quienes se fueron nunca dejen dinero en las arcas para atender prontamente las múltiples necesidades de la ciudad?

Despotricábamos en contra de las autoridades porque no veíamos reflejado el pago de los impuestos en las calles, parques o jardines, o en la prestación eficiente de servicios públicos o de seguridad… ¿y qué ha cambiado?

¿Nos saldrá caro el hacer llegar a gente improvisada al gobierno municipal?

Como no me gusta hablar de lo que no sé y es difícil preguntarle al oráculo de Delfos, lo mejor que podemos hacer para contestar lo anterior es basarnos en la realidad misma.

¿Observa usted un cambio favorable en las condiciones sociales de la ciudad de Hermosillo? ¿Observa más seguridad o se siente más seguro? ¿Ve ahora los parques en mejores condiciones que antes? ¿Las calles de la ciudad reflejan el trabajo de las autoridades gubernamentales? ¿Los arroyos de la ciudad se notan más limpios de maleza que antes? ¿Estas autoridades municipales son más eficientes y eficaces que otras?

Si contestó “sí” a dos o más preguntas, lo felicito… aunque algunas personas seguramente creerán que necesita usted algún examen; pero no importa. Lo realmente fundamental es cómo lo vea usted.

En mi caso y el de mi colonia, yo sólo podría hablar bien del servicio público de recolección de basura. Se ve que ahí no hay alguien improvisado, sino una persona que le entiende a eso de la administración y del servicio público.

Se suponía que los demás funcionarios, incluyendo aquellos que fueron elegidos por un comité ciudadano (¿lo recuerda?) se seleccionarían por su amplísimas capacidades; pero no. Al final resultó que fueron designados por la máxima autoridad.

¿Que no le entienden a esto del servicio público? No importa.

¿Que tienen investigaciones por presuntos malos manejos? No importa.

¿Que no tienen el visto bueno de quien debe de tenerlos? No importa.

Ahora vemos que sí importaba; y es que siempre lo hemos sabido, la verdad. Sólo que teníamos esperanza de que fueran las cosas distintas.

Hoy tenemos un ayuntamiento endeudado —más—, con pleitos legales, con serios atrasos en cuestiones de desarrollo urbano, con despachos creados al vapor para gestionar cobranzas (porcentaje asegurado de por medio… ¡Faltaba más!).

Las autoridades deberían ser empáticas con sus gobernados. Se les olvida que son ciudadanos antes que autoridades. No cabe duda de que el poder cambia a las personas.

El beneficio personal que obtendrán no les quitará nunca los señalamientos de malos servidores. En caso contrario, el buen servidor público que hace bien su trabajo, puede dormir tranquilo y dar la cara ante cualquiera.

¿No me cree? Hay muchas personas a las que puede preguntarle, no se quede con mi versión. Los que acaban de salir de la cárcel acusados de corruptos pueden ayudarle a formarse una mejor opinión.

¿De quién se acuerda cuando su auto cae en un bache? ¿De las autoridades de antes o de las de ahora o simplemente de las autoridades?

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La verdad es que las calles de nuestra ciudad están llena de hoyos y remiendos, y no importa mucho de quién sea la culpa, porque al final los ciudadanos no tenemos otra opción —por el momento— más que aguantarnos.

¿Aún no está cansado de que siempre sea la misma historia de que los actuales culpen a los anteriores, o de que quienes se fueron nunca dejen dinero en las arcas para atender prontamente las múltiples necesidades de la ciudad?

Despotricábamos en contra de las autoridades porque no veíamos reflejado el pago de los impuestos en las calles, parques o jardines, o en la prestación eficiente de servicios públicos o de seguridad… ¿y qué ha cambiado?

¿Nos saldrá caro el hacer llegar a gente improvisada al gobierno municipal?

Como no me gusta hablar de lo que no sé y es difícil preguntarle al oráculo de Delfos, lo mejor que podemos hacer para contestar lo anterior es basarnos en la realidad misma.

¿Observa usted un cambio favorable en las condiciones sociales de la ciudad de Hermosillo? ¿Observa más seguridad o se siente más seguro? ¿Ve ahora los parques en mejores condiciones que antes? ¿Las calles de la ciudad reflejan el trabajo de las autoridades gubernamentales? ¿Los arroyos de la ciudad se notan más limpios de maleza que antes? ¿Estas autoridades municipales son más eficientes y eficaces que otras?

Si contestó “sí” a dos o más preguntas, lo felicito… aunque algunas personas seguramente creerán que necesita usted algún examen; pero no importa. Lo realmente fundamental es cómo lo vea usted.

En mi caso y el de mi colonia, yo sólo podría hablar bien del servicio público de recolección de basura. Se ve que ahí no hay alguien improvisado, sino una persona que le entiende a eso de la administración y del servicio público.

Se suponía que los demás funcionarios, incluyendo aquellos que fueron elegidos por un comité ciudadano (¿lo recuerda?) se seleccionarían por su amplísimas capacidades; pero no. Al final resultó que fueron designados por la máxima autoridad.

¿Que no le entienden a esto del servicio público? No importa.

¿Que tienen investigaciones por presuntos malos manejos? No importa.

¿Que no tienen el visto bueno de quien debe de tenerlos? No importa.

Ahora vemos que sí importaba; y es que siempre lo hemos sabido, la verdad. Sólo que teníamos esperanza de que fueran las cosas distintas.

Hoy tenemos un ayuntamiento endeudado —más—, con pleitos legales, con serios atrasos en cuestiones de desarrollo urbano, con despachos creados al vapor para gestionar cobranzas (porcentaje asegurado de por medio… ¡Faltaba más!).

Las autoridades deberían ser empáticas con sus gobernados. Se les olvida que son ciudadanos antes que autoridades. No cabe duda de que el poder cambia a las personas.

El beneficio personal que obtendrán no les quitará nunca los señalamientos de malos servidores. En caso contrario, el buen servidor público que hace bien su trabajo, puede dormir tranquilo y dar la cara ante cualquiera.

¿No me cree? Hay muchas personas a las que puede preguntarle, no se quede con mi versión. Los que acaban de salir de la cárcel acusados de corruptos pueden ayudarle a formarse una mejor opinión.

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