/ lunes 17 de febrero de 2020

Sin medias tintas | La esperanza en Morena

Antes de que el titán Prometeo sufriera por orden de Zeus su castigo eterno por haber robado el fuego del Olimpo y entregárselo a los hombres, le dijo a su hermano Epimeteo que jamás aceptara ningún obsequio del padre de los dioses, porque seguramente lo engañaría.

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Hefesto fue el encomendado de sujetar con cadenas irrompibles a Prometeo en los montes del Cáucaso. Un águila voraz enviada por Zeus se encargaría de comerle por siempre el hígado que le renacía todos los días.

El mismo Hefesto, por encargo de Zeus, moldeó en arcilla a la primera mujer, única y perfecta: Pandora. Zeus le dio vida, Atenea la llenó de belleza y las mejores gracias, y Hermes le otorgó la capacidad de mentir.

Pandora le fue ofrecida a Epimeteo, pero él la rechazó al recordar la sugerencia de su hermano. Sin embargo, ante la insistencia de Zeus y temeroso de su furia, accedió a casarse. Como regalo de bodas, Pandora recibió una hermosa vasija decorada, que siempre podría admirar pero no abrir. La prohibición resultó como un imán para ella, y no pudo resistir la tentación.

Pandora movió levemente la tapa de la vasija para tratar de ver en su interior, y salieron de ella todos los espíritus de las desgracias (plagas, dolor, pobreza, crimen) que afectarían a la humanidad. Rápidamente tapó de nuevo la vasija, pero el daño ya estaba hecho. En el fondo de la vasija solo quedó Elpis, el espíritu de la esperanza.

Una historia similar se nos está presentando a los mexicanos desde julio de 2018; aunque con algunos cambios en personajes y sucesos.

A nosotros nos dijeron que el espíritu de la esperanza no estaba en la vasija, sino que andaba libre y flotando en el aire de todo el país, hasta se podía respirar. Todo era cuestión de votar por ella para que el país cambiara.

Todo sería diferente después del 1 de diciembre de 2018. La corrupción terminaría. La mafia del poder ya no haría de las suyas. Los responsables de conducir al país serían personas de probada honestidad y mucha capacidad, puesto que eso era precisamente lo que había fallado y tenía hundido al país.

Pero así como Prometeo, se nos acaba el hígado con las sorpresas que nos está dando esta supuesta esperanza votada. Cada día es algo nuevo y durante 24 horas o más batallamos para procesar lo que está sucediendo, y cuando creíamos regenerado nuestro hígado, ¡zas!, se aparece una nueva ocurrencia en forma de águila —muy ad hoc a nuestra bandera— y nos lo vuelve a devorar.

Las desgracias se están manifestando en forma de muertes de niños mexicanos por falta de medicamentos; en la creación de una clientela electoral de adultos mayores, y de aquellos que no estudian ni trabajan, que no aportan nada al país y no precisamente por falta de oportunidades; en la parafernalia alrededor de un avión que no puede venderse ni rifarse y que terminaremos pagando por segunda ocasión; en cambios radicales al sistema de justicia que derrumban los cimientos construidos hasta hoy; en una opacidad rampante en las adquisiciones del Gobierno; en el encubrimiento y falta de transparencia en los asuntos más álgidos de la administración.

También se han desatado los espíritus del nepotismo, el amiguismo, la improvisación y el garrote, que creíamos haber regresado a la vasija años atrás.

Ante los nuevos espíritus que puedan salir ahora diciendo ser la esperanza, mucha gente se muestra desconfiada y el malestar social es cada vez más notorio. Antes de que sea tarde, debemos romper esa vasija para que la verdadera esperanza nos cubra.

Antes de que el titán Prometeo sufriera por orden de Zeus su castigo eterno por haber robado el fuego del Olimpo y entregárselo a los hombres, le dijo a su hermano Epimeteo que jamás aceptara ningún obsequio del padre de los dioses, porque seguramente lo engañaría.

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Hefesto fue el encomendado de sujetar con cadenas irrompibles a Prometeo en los montes del Cáucaso. Un águila voraz enviada por Zeus se encargaría de comerle por siempre el hígado que le renacía todos los días.

El mismo Hefesto, por encargo de Zeus, moldeó en arcilla a la primera mujer, única y perfecta: Pandora. Zeus le dio vida, Atenea la llenó de belleza y las mejores gracias, y Hermes le otorgó la capacidad de mentir.

Pandora le fue ofrecida a Epimeteo, pero él la rechazó al recordar la sugerencia de su hermano. Sin embargo, ante la insistencia de Zeus y temeroso de su furia, accedió a casarse. Como regalo de bodas, Pandora recibió una hermosa vasija decorada, que siempre podría admirar pero no abrir. La prohibición resultó como un imán para ella, y no pudo resistir la tentación.

Pandora movió levemente la tapa de la vasija para tratar de ver en su interior, y salieron de ella todos los espíritus de las desgracias (plagas, dolor, pobreza, crimen) que afectarían a la humanidad. Rápidamente tapó de nuevo la vasija, pero el daño ya estaba hecho. En el fondo de la vasija solo quedó Elpis, el espíritu de la esperanza.

Una historia similar se nos está presentando a los mexicanos desde julio de 2018; aunque con algunos cambios en personajes y sucesos.

A nosotros nos dijeron que el espíritu de la esperanza no estaba en la vasija, sino que andaba libre y flotando en el aire de todo el país, hasta se podía respirar. Todo era cuestión de votar por ella para que el país cambiara.

Todo sería diferente después del 1 de diciembre de 2018. La corrupción terminaría. La mafia del poder ya no haría de las suyas. Los responsables de conducir al país serían personas de probada honestidad y mucha capacidad, puesto que eso era precisamente lo que había fallado y tenía hundido al país.

Pero así como Prometeo, se nos acaba el hígado con las sorpresas que nos está dando esta supuesta esperanza votada. Cada día es algo nuevo y durante 24 horas o más batallamos para procesar lo que está sucediendo, y cuando creíamos regenerado nuestro hígado, ¡zas!, se aparece una nueva ocurrencia en forma de águila —muy ad hoc a nuestra bandera— y nos lo vuelve a devorar.

Las desgracias se están manifestando en forma de muertes de niños mexicanos por falta de medicamentos; en la creación de una clientela electoral de adultos mayores, y de aquellos que no estudian ni trabajan, que no aportan nada al país y no precisamente por falta de oportunidades; en la parafernalia alrededor de un avión que no puede venderse ni rifarse y que terminaremos pagando por segunda ocasión; en cambios radicales al sistema de justicia que derrumban los cimientos construidos hasta hoy; en una opacidad rampante en las adquisiciones del Gobierno; en el encubrimiento y falta de transparencia en los asuntos más álgidos de la administración.

También se han desatado los espíritus del nepotismo, el amiguismo, la improvisación y el garrote, que creíamos haber regresado a la vasija años atrás.

Ante los nuevos espíritus que puedan salir ahora diciendo ser la esperanza, mucha gente se muestra desconfiada y el malestar social es cada vez más notorio. Antes de que sea tarde, debemos romper esa vasija para que la verdadera esperanza nos cubra.

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