/ viernes 5 de junio de 2020

Sin medias tintas | Lo que viene

La incertidumbre que se vive hoy en el mundo está plenamente justificada. Esta generación jamás había enfrentado una situación similar ni le había dado batalla a un enemigo microscópico tan poderoso que paralizara al planeta.

Las recetas para el regreso de las actividades varían dependiendo del país, pero fundamentalmente de su cultura y, por supuesto, del nivel de educación.

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Hasta el momento no hay respuestas claras del futuro, y no es de extrañarse puesto que nunca han existido; lo que sí hay son hipótesis de expertos y de personas como usted o como yo.

El panorama no se ve tan halagüeño como quisiéramos. La mayoría de los expertos coincide en que no será nada sencilla la nueva realidad. No sólo deberemos convivir con el coronavirus, sino que además nuestras vidas se supeditarán a protegernos de él. Cambiará nuestra manera de trabajar, estudiar, proteger, socializar, festejar o protestar.

El llamado será a la corresponsabilidad ciudadana para enfrentar esta realidad.

Y aquí surge la pregunta, ¿y estaremos los mexicanos preparados para esto?

La respuesta es un rotundo no. Creo que como sociedad lamentablemente aprenderemos por las malas. Es decir, sólo seremos conscientes de la realidad cuando vivamos en carne propia la enfermedad o las implicaciones sociales de lo que ésta acarrea.

En Sonora se han presentado ya varios casos “sociales” por consecuencia de la pandemia. Desde personal médico atacado físicamente hasta lo sucedido en Hermosillo cuando un cliente noqueó de un golpe a un empleado cuando éste le pidió utilizar el cubrebocas dentro del comercio. Pero lo ocurridos en Ciudad Obregón deben preocuparnos en especial, porque en dos situaciones distintas dos ladrones fueron linchados por vecinos, hartos de los robos en sus colonias, y uno de ellos murió a consecuencia de los golpes recibidos.

Esta forma de violencia y de descargar frustraciones nos pone en la orilla de la barbarie. El ya maltrecho civismo de los sonorenses se verá más afectado, y todos, literalmente, sufriremos las consecuencias.

Lo que viene deberemos enfrentarlo con unidad. No es momento —ni es recomendable— para el individualismo, porque si deseamos realmente el beneficio de todos, cada uno de nosotros en esta sociedad deberemos participar. Ése es el principio del bien común y que por desgracia olvidan quienes se ostentan como representantes de la mayoría.

Preparémonos entonces para lo que viene y hagamos labor con nuestros hijos y con cada integrante de la familia. Eduquemos ahora para no sufrir las consecuencias después. ¿O acaso no hemos aprendido que es precisamente la educación la que nos tiene como estamos?

Las consecuencias de una mala educación las vivimos hoy, ¿eso queremos para los que vienen?


La incertidumbre que se vive hoy en el mundo está plenamente justificada. Esta generación jamás había enfrentado una situación similar ni le había dado batalla a un enemigo microscópico tan poderoso que paralizara al planeta.

Las recetas para el regreso de las actividades varían dependiendo del país, pero fundamentalmente de su cultura y, por supuesto, del nivel de educación.

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Hasta el momento no hay respuestas claras del futuro, y no es de extrañarse puesto que nunca han existido; lo que sí hay son hipótesis de expertos y de personas como usted o como yo.

El panorama no se ve tan halagüeño como quisiéramos. La mayoría de los expertos coincide en que no será nada sencilla la nueva realidad. No sólo deberemos convivir con el coronavirus, sino que además nuestras vidas se supeditarán a protegernos de él. Cambiará nuestra manera de trabajar, estudiar, proteger, socializar, festejar o protestar.

El llamado será a la corresponsabilidad ciudadana para enfrentar esta realidad.

Y aquí surge la pregunta, ¿y estaremos los mexicanos preparados para esto?

La respuesta es un rotundo no. Creo que como sociedad lamentablemente aprenderemos por las malas. Es decir, sólo seremos conscientes de la realidad cuando vivamos en carne propia la enfermedad o las implicaciones sociales de lo que ésta acarrea.

En Sonora se han presentado ya varios casos “sociales” por consecuencia de la pandemia. Desde personal médico atacado físicamente hasta lo sucedido en Hermosillo cuando un cliente noqueó de un golpe a un empleado cuando éste le pidió utilizar el cubrebocas dentro del comercio. Pero lo ocurridos en Ciudad Obregón deben preocuparnos en especial, porque en dos situaciones distintas dos ladrones fueron linchados por vecinos, hartos de los robos en sus colonias, y uno de ellos murió a consecuencia de los golpes recibidos.

Esta forma de violencia y de descargar frustraciones nos pone en la orilla de la barbarie. El ya maltrecho civismo de los sonorenses se verá más afectado, y todos, literalmente, sufriremos las consecuencias.

Lo que viene deberemos enfrentarlo con unidad. No es momento —ni es recomendable— para el individualismo, porque si deseamos realmente el beneficio de todos, cada uno de nosotros en esta sociedad deberemos participar. Ése es el principio del bien común y que por desgracia olvidan quienes se ostentan como representantes de la mayoría.

Preparémonos entonces para lo que viene y hagamos labor con nuestros hijos y con cada integrante de la familia. Eduquemos ahora para no sufrir las consecuencias después. ¿O acaso no hemos aprendido que es precisamente la educación la que nos tiene como estamos?

Las consecuencias de una mala educación las vivimos hoy, ¿eso queremos para los que vienen?


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