/ jueves 30 de abril de 2020

Sin medias tintas | Los inmortales

Caminan libremente por ahí atendiendo a diario y sin preocupación todos sus asuntos, como si ningún pensamiento les afectara o si el mundo no existiera. Son los inmortales. Se sienten inmunes a las mortíferas enfermedades porque no sufren de diabetes, hipertensión o alguna otra que comprometa el sistema inmunológico.

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Su seguridad es mucho mayor a cualquier incomodidad que pudiera sentir un anfitrión por negarles una visita, y ellos lo saben. Los inmortales visitan las casas de sus amigos y recorren todas las habitaciones dejando su humor por doquier; en la taza de café, en la mesa de servicio, en la manija de las puertas.

Ellos siguen con sus vidas porque el coronavirus es un invento de los iluminati para controlar la población del mundo, o porque es una creación de China para cambiar el equilibrio de poder en el planeta, o porque los gobiernos están dirigidos por personas incapaces, malvadas y sin consciencia alguna, capaces de provocar cientos de muertos. Además, nunca han visto con sus propios ojos a ningún familiar o amigo cercano enfermo por el Covid-19.

Los inmortales no experimentan en cabeza ajena… de hecho nadie. Para ellos los videos que muestran a pacientes sufriendo los estragos de la enfermedad están editados, de seguro. Y los videos de las personas encerradas en sus casas o de las calles vacías en las grandes ciudades seguramente fueron grabados en otros momentos.

Se sienten seguros de pertenecer al 80% de la población que no sufrirá síntoma alguno al estar infectado por coronavirus y, como su sangre es inmortal, también tienen la certeza de haberles heredado la inmunidad a los hijos… ¿y a sus parejas? También a ellas, qué caray.

Su mundo no es como el de los demás, porque ellos son valientes, son menores de 60 años y salen a correr por las calles en las mañanas, o a visitar cualquier restaurante abierto; los cobardes somos los que respetamos las instrucciones del gobierno mentiroso.

Los inmortales llevan siempre una Constitución bajo el brazo, con un separador en el capítulo de las garantías individuales, para anteponerla a cualquier eventualidad o molestia que sufran por parte de las autoridades al quererlos regresar a casa. El manto protector de la Constitución los hace invisibles también ante cualquier pandemia.

Ellos se sienten personas con educación, incrédulos, pero bien informados, porque al discernir los datos de la enfermedad global concluyeron que no era tan grave o les representaba peligro alguno.

Sin embargo, la única verdad de los inmortales es esa demostración de insensibilidad y de falta de empatía para con sus semejantes, en donde la naturaleza les pondrá a prueba sus poderes.

Caminan libremente por ahí atendiendo a diario y sin preocupación todos sus asuntos, como si ningún pensamiento les afectara o si el mundo no existiera. Son los inmortales. Se sienten inmunes a las mortíferas enfermedades porque no sufren de diabetes, hipertensión o alguna otra que comprometa el sistema inmunológico.

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Su seguridad es mucho mayor a cualquier incomodidad que pudiera sentir un anfitrión por negarles una visita, y ellos lo saben. Los inmortales visitan las casas de sus amigos y recorren todas las habitaciones dejando su humor por doquier; en la taza de café, en la mesa de servicio, en la manija de las puertas.

Ellos siguen con sus vidas porque el coronavirus es un invento de los iluminati para controlar la población del mundo, o porque es una creación de China para cambiar el equilibrio de poder en el planeta, o porque los gobiernos están dirigidos por personas incapaces, malvadas y sin consciencia alguna, capaces de provocar cientos de muertos. Además, nunca han visto con sus propios ojos a ningún familiar o amigo cercano enfermo por el Covid-19.

Los inmortales no experimentan en cabeza ajena… de hecho nadie. Para ellos los videos que muestran a pacientes sufriendo los estragos de la enfermedad están editados, de seguro. Y los videos de las personas encerradas en sus casas o de las calles vacías en las grandes ciudades seguramente fueron grabados en otros momentos.

Se sienten seguros de pertenecer al 80% de la población que no sufrirá síntoma alguno al estar infectado por coronavirus y, como su sangre es inmortal, también tienen la certeza de haberles heredado la inmunidad a los hijos… ¿y a sus parejas? También a ellas, qué caray.

Su mundo no es como el de los demás, porque ellos son valientes, son menores de 60 años y salen a correr por las calles en las mañanas, o a visitar cualquier restaurante abierto; los cobardes somos los que respetamos las instrucciones del gobierno mentiroso.

Los inmortales llevan siempre una Constitución bajo el brazo, con un separador en el capítulo de las garantías individuales, para anteponerla a cualquier eventualidad o molestia que sufran por parte de las autoridades al quererlos regresar a casa. El manto protector de la Constitución los hace invisibles también ante cualquier pandemia.

Ellos se sienten personas con educación, incrédulos, pero bien informados, porque al discernir los datos de la enfermedad global concluyeron que no era tan grave o les representaba peligro alguno.

Sin embargo, la única verdad de los inmortales es esa demostración de insensibilidad y de falta de empatía para con sus semejantes, en donde la naturaleza les pondrá a prueba sus poderes.

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