/ domingo 14 de febrero de 2021

Visión económica | Crecimiento y desarrollo sin dogmas

En previsión al crecimiento negativo o decrecimiento estimado en un -10%% que sufrirá la economía mexicana durante este año, y que será el peor resultado de los últimos 80 años, medido por el parámetro mundialmente avalado y reconocido como Producto Interno Bruto, o PIB; hoy, de nuevo se presenta una vana discusión originada esta semana por el presidente Andrés Manuel López Obrador, AMLO, en torno a estos conceptos de la Ciencia Económica. Ahora la querella generada por las contradicciones e incongruencias de AMLO con respecto a los términos macroeconómicos más significativos tales como crecimiento, riqueza, PIB, desarrollo, ingreso, bienestar, progreso, desarrollo humano, pobreza, subdesarrollo y calidad de vida, está en la mesa de discusión de economistas, quienes seguido polarizan esta temática por sus dogmas y sesgos ideológicos.

RECIBE LAS NOTICIAS MÁS IMPORTANTES, ALERTAS, REPORTAJES E HISTORIAS DIRECTO EN TU CELULAR, ¡CON UN SOLO CLICK!

De manera clara, ecuánime y objetiva, el Foro Económico Mundial, el Banco Mundial, el FMI, la OCDE y la ONU periódicamente evalúan el desempeño de todas las naciones del mundo y publican, en base al Crecimiento Económico, el Índice de Desarrollo Humano, la Competitividad, Libertad Económica, la Felicidad y el Índice de Calidad de Vida, entre otros parámetros que son las mejores medidas del Bienestar y Desarrollo para todos los países, mismos que son indicadores reconocidos y aceptados objetivamente en todo el mundo. Aquí también los estiman las universidades, los bancos, las calificadoras de inversión, los centros de Investigación Socioeconómica, Banxico y el Inegi, entre otras instituciones públicas y privadas.

Pero hace días, cuando AMLO, con una cínica sonrisa burlona titubea al ignorar e interpretar erróneamente la significancia de estos importantes conocimientos, parámetros y procesos socioeconómicos del crecimiento económico, pues preocupa a los agentes económicos y a los sectores productivos de la economía nacional, cuando el Presidente desconoce y menosprecia la extrema importancia y trascendencia del crecimiento. Fuera de foco, afirma que para crecer, lo espiritual es más importante que lo material. Equivocadamente asegura que en México se está generando bienestar aún sin crecimiento, lo cual es una falacia porque no es posible generar bienestar socioeconómico, si antes no se producen, o no crece la producción de más bienes, productos y servicios que necesita toda la población.

Aquí es necesario puntualizar que aparte de las complejas definiciones de los economistas, el crecimiento económico que en todo el mundo y desde hace muchos años se mide a través de la variación porcentual del PIB, durante un año o un trimestre, es producir más. Se utiliza en todas las naciones desde 1934, y cada día se perfecciona.

Y sí, el crecimiento sólo es eso: producir más bienes. Más bienes muy necesarios para el pobre pueblo pobre como alimentos, vestido, viviendas y medicinas; así como más servicios como turísticos, bancarios, médicos, comerciales y educativos, entre otros bienes básicos que el pobre pueblo requiere con suma urgencia. De tal manera que, si no se produce más de lo que la población requiere, se sigue padeciendo más pobreza, enfermedades, ignorancia, desnutrición, inseguridad, desempleo miseria, violencia y todos los males que origina el círculo vicioso de la pobreza. En consecuencia, no es posible que la gente viva mejor que antes, si ahora no se producen más satisfactores que compensen sus necesidades.

Debido a ello, en toda la literatura económica mundial se afirma que sin crecimiento no hay desarrollo, concepto de desarrollo que se define como progreso, calidad de vida y bienestar; así que el presidente AMLO no puede ni debe menospreciar la gran relevancia que el crecimiento económico tiene en todo el mundo; y, que la mayor producción de bienes y servicios, o crecimiento, es lo único que genera productos, empleos, riquezas y bienestar. Es lo que lleva a vivir bien, a vivir mejor.

Ahora bien, si queremos correlacionar el bienestar del pobre pueblo, con la distribución de la riqueza, pues resulta obvio, es elemental, reconocer que, para repartir la riqueza, antes hay que generarla o producirla, que es precisamente el crecimiento económico: producir más, generar más producción, más trabajos, más empleos mejor remunerados, en fin, crear más riqueza; y, después, posteriormente repartir entre los ciudadanos la riqueza generada en el país. No obstante, si la riqueza generada con mayor crecimiento no se distribuye más equitativamente hacia las clases sociales más pobres, el Estado, o el Gobierno y la Sociedad, deben intervenir decisiva y estratégicamente para corregir esta grave falla de las economías de mercado. He aquí la importancia de la política fiscal distributiva.

Sigue a El Sol de Hermosillo en Google News y mantente informado con las noticias más recientes

Aunque para analizar y razonar la mejor estrategia de intervención gubernamental para la distribución del ingreso nacional, es muy recomendable considerar el conocido y ejemplar proverbio chino que establece: “si queremos alimentar al hambriento, no le regalemos pescado porque así comerá una sola vez…mejor enseñémosle a pescar y así comerá toda su vida”. Por cierto, en otra más de sus contradicciones AMLO ya había rectificado al corregirse él mismo y admitir y reconocer la gran importancia que el crecimiento tiene para el desarrollo y bienestar del pobre pueblo; y en tal virtud, hasta había creado un nuevo gabinete gubernamental específico para acelerar e impulsar el crecimiento económico del país. Crecer es la orden que había dado AMLO. El propósito fundamental del nuevo Gabinete de Crecimiento, entre otros, es alcanzar una mayor proporción de la inversión en el total del PIB cercana al 20% de inversiones nacionales y extranjeras, así como públicas y privadas, en el presente y en los próximos años. Ojalá y así entonces podamos crecer más, para superar las mediocres y muy insuficientes tasas del 2% en promedio de crecimiento anual del PIB que hemos padecido desde hace cuatro décadas.

En previsión al crecimiento negativo o decrecimiento estimado en un -10%% que sufrirá la economía mexicana durante este año, y que será el peor resultado de los últimos 80 años, medido por el parámetro mundialmente avalado y reconocido como Producto Interno Bruto, o PIB; hoy, de nuevo se presenta una vana discusión originada esta semana por el presidente Andrés Manuel López Obrador, AMLO, en torno a estos conceptos de la Ciencia Económica. Ahora la querella generada por las contradicciones e incongruencias de AMLO con respecto a los términos macroeconómicos más significativos tales como crecimiento, riqueza, PIB, desarrollo, ingreso, bienestar, progreso, desarrollo humano, pobreza, subdesarrollo y calidad de vida, está en la mesa de discusión de economistas, quienes seguido polarizan esta temática por sus dogmas y sesgos ideológicos.

RECIBE LAS NOTICIAS MÁS IMPORTANTES, ALERTAS, REPORTAJES E HISTORIAS DIRECTO EN TU CELULAR, ¡CON UN SOLO CLICK!

De manera clara, ecuánime y objetiva, el Foro Económico Mundial, el Banco Mundial, el FMI, la OCDE y la ONU periódicamente evalúan el desempeño de todas las naciones del mundo y publican, en base al Crecimiento Económico, el Índice de Desarrollo Humano, la Competitividad, Libertad Económica, la Felicidad y el Índice de Calidad de Vida, entre otros parámetros que son las mejores medidas del Bienestar y Desarrollo para todos los países, mismos que son indicadores reconocidos y aceptados objetivamente en todo el mundo. Aquí también los estiman las universidades, los bancos, las calificadoras de inversión, los centros de Investigación Socioeconómica, Banxico y el Inegi, entre otras instituciones públicas y privadas.

Pero hace días, cuando AMLO, con una cínica sonrisa burlona titubea al ignorar e interpretar erróneamente la significancia de estos importantes conocimientos, parámetros y procesos socioeconómicos del crecimiento económico, pues preocupa a los agentes económicos y a los sectores productivos de la economía nacional, cuando el Presidente desconoce y menosprecia la extrema importancia y trascendencia del crecimiento. Fuera de foco, afirma que para crecer, lo espiritual es más importante que lo material. Equivocadamente asegura que en México se está generando bienestar aún sin crecimiento, lo cual es una falacia porque no es posible generar bienestar socioeconómico, si antes no se producen, o no crece la producción de más bienes, productos y servicios que necesita toda la población.

Aquí es necesario puntualizar que aparte de las complejas definiciones de los economistas, el crecimiento económico que en todo el mundo y desde hace muchos años se mide a través de la variación porcentual del PIB, durante un año o un trimestre, es producir más. Se utiliza en todas las naciones desde 1934, y cada día se perfecciona.

Y sí, el crecimiento sólo es eso: producir más bienes. Más bienes muy necesarios para el pobre pueblo pobre como alimentos, vestido, viviendas y medicinas; así como más servicios como turísticos, bancarios, médicos, comerciales y educativos, entre otros bienes básicos que el pobre pueblo requiere con suma urgencia. De tal manera que, si no se produce más de lo que la población requiere, se sigue padeciendo más pobreza, enfermedades, ignorancia, desnutrición, inseguridad, desempleo miseria, violencia y todos los males que origina el círculo vicioso de la pobreza. En consecuencia, no es posible que la gente viva mejor que antes, si ahora no se producen más satisfactores que compensen sus necesidades.

Debido a ello, en toda la literatura económica mundial se afirma que sin crecimiento no hay desarrollo, concepto de desarrollo que se define como progreso, calidad de vida y bienestar; así que el presidente AMLO no puede ni debe menospreciar la gran relevancia que el crecimiento económico tiene en todo el mundo; y, que la mayor producción de bienes y servicios, o crecimiento, es lo único que genera productos, empleos, riquezas y bienestar. Es lo que lleva a vivir bien, a vivir mejor.

Ahora bien, si queremos correlacionar el bienestar del pobre pueblo, con la distribución de la riqueza, pues resulta obvio, es elemental, reconocer que, para repartir la riqueza, antes hay que generarla o producirla, que es precisamente el crecimiento económico: producir más, generar más producción, más trabajos, más empleos mejor remunerados, en fin, crear más riqueza; y, después, posteriormente repartir entre los ciudadanos la riqueza generada en el país. No obstante, si la riqueza generada con mayor crecimiento no se distribuye más equitativamente hacia las clases sociales más pobres, el Estado, o el Gobierno y la Sociedad, deben intervenir decisiva y estratégicamente para corregir esta grave falla de las economías de mercado. He aquí la importancia de la política fiscal distributiva.

Sigue a El Sol de Hermosillo en Google News y mantente informado con las noticias más recientes

Aunque para analizar y razonar la mejor estrategia de intervención gubernamental para la distribución del ingreso nacional, es muy recomendable considerar el conocido y ejemplar proverbio chino que establece: “si queremos alimentar al hambriento, no le regalemos pescado porque así comerá una sola vez…mejor enseñémosle a pescar y así comerá toda su vida”. Por cierto, en otra más de sus contradicciones AMLO ya había rectificado al corregirse él mismo y admitir y reconocer la gran importancia que el crecimiento tiene para el desarrollo y bienestar del pobre pueblo; y en tal virtud, hasta había creado un nuevo gabinete gubernamental específico para acelerar e impulsar el crecimiento económico del país. Crecer es la orden que había dado AMLO. El propósito fundamental del nuevo Gabinete de Crecimiento, entre otros, es alcanzar una mayor proporción de la inversión en el total del PIB cercana al 20% de inversiones nacionales y extranjeras, así como públicas y privadas, en el presente y en los próximos años. Ojalá y así entonces podamos crecer más, para superar las mediocres y muy insuficientes tasas del 2% en promedio de crecimiento anual del PIB que hemos padecido desde hace cuatro décadas.