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“Acoger la semilla en lo más profundo”

  • Padre Yaco

MENSAJE DEL PÁRROCO

Este domingo la Palabra de Dios nos propone, para la reflexión, la Parábola del Sembrador (Mateo 13, 1-23). Esta Parábola nos enseña que el sembrador echa la semilla y algunas no dan fruto, pero otras sí.

El problema no es que la semilla no llegue a todos (Dios la siembra en todos: no hay selectividad ni favoritismos). Esta es la primera buena noticia de este pasaje: Dios ofrece su semilla, su Palabra, a todos, sin distinciones, sin búsqueda de eficacia o rendimiento. La ofrece a todos, porque a todos nos ama.

El problema no es tampoco que la semilla no tenga vitalidad para dar fruto. Ni es tampoco que dependa de lo que nosotros hagamos, como si el fruto lo diéramos nosotros (la tierra): no, el fruto nace de la semilla. Nos dice hoy la primera lectura (Isaías 55,10-11): “Así es la palabra que sale de mi boca, no volverá a mí sin resultados”. Dios siempre es eficaz, siempre produce fruto.

¿Dónde radica el problema? EN EL MODO COMO la semilla penetra y fecunda en la tierra. La cuestión está, por tanto, en la ACOGIDA que recibe la semilla. La cuestión está en la primacía, en el valor de cosa absoluta, de radical incondicionalidad con la que nos ABRIMOS a la semilla. La semilla ya hará su trabajo; el nuestro es sobre todo el de dejar que esta semilla entre en lo más profundo, en lo más hondo de nuestra vida.

Y esto que PARECE TAN SENCILLO es lo que más cuesta. Dejamos la semilla en la superficie de nuestra vida; o no le damos su valor (como si fuera un aspecto más de nuestra vida, junto a tantos otros temas que nos preocupan más); o aunque algo en nosotros nos diga que es lo más importante, queda ahogado porque no somos suficientemente valientes, suficientemente sinceros, para arrancar de nosotros aquello que ahogará la semilla. Otras preocupaciones, otros intereses, el descuido, la falta de interés, y otras muchas cosas van haciendo que LA SEMILLA sembrada no ARRAIGUE, no ENRAICE, y no DE FRUTO.

Pero vale la pena preguntarse: ¿Qué es la semilla? Evidentemente, es la Palabra de Dios, la Palabra de Jesús, el Evangelio. Pero no reduzcamos esta Palabra de Dios -este Evangelio de Dios- a un libro, a unas palabras que decimos en la misa. Este es el criterio, la luz, la guía. Pero la Palabra de Dios es más.

Porque si no fuera más, Dios sería algo lejano, perdido en tiempos antiguos, no sembraría en cada uno de nosotros. Y en realidad Dios siembra siempre, porque semilla suya es TODO LO QUE HAY DE DIOS EN NUESTRA VIDA. Quizá sea una palabra de un amigo, es ciertamente el amor de quien nos quiere, es el ejemplo de tantos hermanos, es todo lo que hay de bueno, de justo, de amor, de verdad… TODO. Un todo que se ha manifestado máximamente en la palabra de Jesús y más aún en el mismo Jesús, pero que llega a nosotros de mil modos. Esta es la omnipotencia de Dios: que siempre siembra en nosotros su semilla para que dé fruto.

La gran cuestión para nosotros es cómo acogemos esta semilla. Porque sólo acogiendo sinceramente, en lo más hondo de nuestra vida, esta semilla, el REINO DE DIOS crecerá en nosotros y en la humanidad. Y esa SEMILLA la ACOGEMOS no sólo cuando VAMOS A MISA, sino en CADA COSA QUE HACEMOS, en cada PERSONA QUE TRATAMOS, en cada DECISIÓN, en cada EXPERIENCIA que vivimos…ahí DIOS  va SEMBRANDO.

Nuestra tarea es, pues, estar atentos a recibir SU SEMILLA, SU PALABRA, SU ENSEÑANZA, siempre como tierra buena… y dar fruto abundante.

Que tengan muy buena semana. Que Dios los bendiga a todos.

Con todo mi cariño

P. Yaco