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Atentos con los más pequeños

  • Elizabeth Flores Vargas

Con tinta rosa

“Cuanto de levantes por la mañana, piensa en el precioso privilegio de estar vivo, respirar, pensar, disfrutar y amar”- Marco Aurelio

Como docente conviviendo con los niños creemos que por el hecho de ser pequeños son felices, pero ojo hay que estar atentos, en ocasiones no lo sabemos y no comprendemos sus emociones y mucho menos ellos, pues se sale de su control.

La depresión, un fantasma que cada vez está más presente en nuestra sociedad, es un trastorno del estado de ánimo que afecta tanto a niños como a adultos; resulta altamente incapacitante y cursa con un elevado nivel de malestar en ambos casos.

Sin embargo, si tenemos en cuenta la falta de madurez emocional y la falta de recursos para manejar sus propias emociones, comprenderemos que en el caso de los más pequeños este trastorno puede ser altamente interferente en su desarrollo.

La prevalencia de la depresión infantil es similar a la de la depresión en los adultos. En este sentido, la Organización Mundial de la Salud estima que un 3% de la población infantil sufre depresión. Para detectar la depresión infantil debemos de tomar en cuenta que presenta los mismos criterios que la población adulta.

En la mayoría de los casos para tener un diagnóstico de la depresión infantil según expertos nos mencionan lo siguiente para que tomen nota: La duración del episodio depresivo debe ser como mínimo de dos semanas y no estar relacionado con el consumo de ninguna sustancia, puede haber presencia de dos de los siguientes síntomas: como el humor depresivo, en este caso los niños pueden presentar un estado de ánimo deprimido o irritable.

Los más pequeños además, a menudo no son capaces de describir cómo se sienten y suelen quejarse de molestias físicas imprecisas, y mostrar una triste expresión en su carita o una escasa comunicación visual.

El ánimo irritable se puede manifestar con una conducta agresiva o acciones que demuestren hostilidad o cólera, de ahí cuando inician los “encontronazos” con los padres por no saber cómo ayudar.

También existe pérdida de interés hacia el entorno, o incapacidad para disfrutar con el juego o con las actividades escolares; demuestran poca o nula energía: no socializan, rechazan asistir a la escuela, presenta desanimo en casa. Existe una pérdida de confianza y autoestima, se muestran muy marcadas así como sentimientos de inferioridad.

Y lo más difícil una alerta por más devastadora son las ideas o intentos (autodestructivos): en los niños se observan signos no verbales de conducta suicida como realizar acciones en las que corren riesgos de forma reiterada, en ocasiones como si se tratase de un juego, o terriblemente adoptan comportamientos autolesivos.

Cuando nosotros como docentes notamos que hay nula incapacidad para concentrarse o tomar decisiones, que en el caso de los niños se traduce en problemas de conducta o un bajo rendimiento académico, realizamos la canalización al grupo de apoyo y hacemos el consentimiento a los padres; de ahí que partan a realizar lo propio de manera que lleven un seguimiento.

Otro de los síntomas, son las alteraciones del sueño, dormir bastante de día y no dormir por la noche, en cuanto a su físico se ven cansados y es muy común que haya variaciones de peso, en la mayoría aumentan.

Si bien sabemos que no existe un manual para ser padres perfectos, si debemos de estar atentos y no dejar que nuestra indiferencia o el miedo de que nuestros niños “estén enfermos”; que el resultado sea ignorarlos, o pensar que es una etapa; hay que saber pedir ayuda, y que ellos sepan que no están solos que pueden superar y controlar su sufrimiento. Para ayudarlos se recomienda hablar con su hijo sobre sus sentimientos, sobre las cosas que suceden en el hogar y en la escuela que le puede estar molestando. También deben comuníqueselo al médico de su hijo. Algunos problemas médicos pueden causar la depresión.

Nunca deben de pasar por alto cualquier pensamiento de suicidio, eso es una emergencia. Que más que estar con ellos promoviendo la buena salud con una dieta saludable, dormir lo suficiente, ejercicio y relaciones positivas con otras personas en el hogar y en la escuela.

Ya hemos hablado de poner límites, un horario en el cual especifiquen el tiempo que pasan frente una pantalla y fomente la actividad física para ayudar a que establezca relaciones positivas con los demás.

Querido lector si viera qué efecto tan positivo tiene el ser elogiado por su buen comportamiento, brinda una seguridad increíble.

Ojo, una vez que te das cuenta que tu niño o niña no se está inventando los síntomas, o no es un chantaje para lograr que compren un objeto o llevar a algún lugar; ayude a que su niño fomente técnicas de entendimiento y adaptación acompañe a que sus hijo se relaje con actividades físicas y creativas enfocándose en las cosas positivas del niño.

La comunicación es importante siempre hable y escuche al niño con amor y comprensión esto ayuda a que su hijo aprenda a describir sus sentimientos, se sienta seguro, a que olvide sentimientos negativos a resolver problemas y ver lo maravilloso de la vida, que no coarten su vida, que recorran su camino y logren sus sueños, son el presente y el futuro; para eso estamos los adultos a ayudarlos a ser felices. Chio kore, (Gracias en lengua Yaqui)

Elizabeth Noelia Flores Vargas es maestra con 10 años de servicio docente tiene Maestría en Docencia por el Instituto del Desierto de Santa Ana.

Twitter: @elynoeliaFV