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¿Por qué?

  • Roberto Fleisher

Sociedad segura

Lamentable que el comisario mayor Fernando Beltrán responsable de la Seguridad Pública Municipal no cuenta con las facultades que le da la Ley de apoyarse en subalternos de su confianza para cambiarlos de adscripción al área donde le den mejores resultados, está supeditado al ordenamiento del secretario del Ayuntamiento lo que no prevé la Ley, desde ese punto de vista ya la seguridad está politizada.

El jefe es el jefe y responsable de la seguridad e integridad física de los ciudadanos. Apoyémoslo y dejémoslo trabajar para que nos dé resultados, la seguridad es responsabilidad de todos no podemos exigir más de lo que os pueden dar, las corporaciones policiacas no van a mejorar cambiándoles constantemente el nombre recordemos que el hábito no hace al Monge, imposible cambiar de golpe el estado de fuerza pública ya que siguen los mismos vicios.

El buen funcionamiento es el reflejo de una buena administración pública. Se debe considerar la administración policíaca con el interés de ver dónde está la falla no ensañarse con el personal de línea, no se pueden generalizar ni considerar como enemigos públicos, pero como en toda empresa la policía no está exenta de malos elementos.

Con facilidad, gradualmente estamos perdiendo la imagen del Estado más seguro de la República en todos sus aspectos dado a la proliferación de delitos competencia del fuero común y violaciones al Bando de Policía y Gobierno.

Pareciera que está de más repetirlo, pero no es así, ya que van en aumento los delitos, como homicidios, heridos de balas perdidas, transportación, compraventa y consumo de drogas (narcomenudeo), corrupción de menores, proliferación de armas blancas y de fuego, personas que constantemente hacen disparos en la vía pública, cleptómanos por doquier, prostitución, homosexualidad, violaciones, asaltos, el robo hormiga en los establecimientos en todas sus modalidades, daños, boqueteros, levantones, secuestros, deambulan ebrios consuetudinarios en parques y jardines y lotes baldíos de la ciudad,  violencia intrafamiliar, vandalismo, grafiteros, alteración al orden público y no se diga de las personas adultas y jóvenes alcoholizados que conducen vehículos de tracción mecánica en estado de ebriedad.

Además una anarquía vial que nunca habíamos padecido, con sus constantes accidentes que son el pan de cada día, vehículos estacionados como nos viene en gana, sobre las banquetas, en sentido contrario, atropellamientos, los ciudadanos caminamos por el arroyo de la calle, camiones pesados causando daños en el casco urbano de la ciudad, exceso de velocidad por falta de indicadores y donde existen preventivas o restrictivas, no son respetadas.

Lamentables accidentes con pérdidas humanas de jóvenes, ocasionadas por el exceso de velocidad y el consumo de alcohol etc., etc.

No se puede culpar a delincuentes de otros estados que vienen a hacer sus prácticas delictivas, la solución es trabajar y aplicar la Ley como a derecho corresponde caiga quien caiga, alguien está fallando.

Recuerdo un jefe policiaco Francisco Luken Aguilar que decía, que la vigilancia y prevención era la reina de la Seguridad Pública.

Podemos hacernos estas preguntas: ¿Y los delincuentes de cuello blanco?

El delincuente de cuello blanco es aquel que viste siempre apropiado, tiene buena presencia y que sus delitos son difícilmente investigados o encontrados.

Con este tipo de delincuentes no se garantiza la efectividad de la ley, por la influencia que este tipo de delincuente tiene.

¿Por qué cuando relacionamos los delitos económicos con los “poderosos” no se garantiza la automática efectividad de la ley? ¿Por qué la prensa recoge la información sobre delitos económicos en las secciones de economía o política y no en la crónica diaria o lo aleja del concepto de “criminalidad peligrosa”? ¿Por qué “delincuente” no puede ser un empresario brillante? ¿Por qué el tema se considera benevolente y son mejor tratados los ricos de “cuello blanco# (tanto en el enjuiciamiento como en la persecución o la excepcionalidad)? ¿Por qué la ley se muestra fuerte con el débil y débil con el fuerte? ¿Por qué tanto el número de procesos y de sentencias condenatorias como la sanción o la pena son mínimos? ¿Por qué, aunque lentamente se incremente la sensibilización de la opinión pública, todavía hay una débil conciencia de su gravedad real? ¿Dónde queda la igualdad que defiende esta “democracia”…?

¿Qué ocurre con los escándalos financieros, las insolvencias fraudulentas o las quiebras punibles? ¿No son ellos mismos los que son engullidos por su propia criatura, por su propia ambición? Creo sinceramente que estos delitos van más allá de una simple “irregularidad”. Es posible que no haya un ataque al disfrute de la propiedad, que no haya violencia directa, es posible que no sean fácilmente perceptibles tanto el hecho como el daño, pero el perjuicio económico derivado es demasiado alto, así como la desconfianza de un pueblo, la pérdida de credibilidad en los dirigentes o la amenaza a la estabilidad del sistema económico del país.

Corrupción, malversación del dinero público, ganancia ilícita, impago fraudulento… son conceptos definidos y defendidos interesadamente.

Los juicios de los delincuentes de cuello blanco, terminan siempre dejando libre al propio delincuente pues por su influencia, la ley no se aplica como se debiera de aplicar, ya que por su dinero, puede quedar libre de cualquier delito que se le inculpe.

La frontera entre lo lícito y lo ilícito se nubla y su visibilidad disminuye, máxime cuando la investigación es difícil de llevar a cabo debido a la escasez de denuncias, al apoyo o corporativismo de otros colegas profesionales, a la posibilidad de costearse defensores de prestigio, a una Policía no preparada, la dificultad para recoger pruebas, a la posibilidad de atajar estos problemas mediante acuerdos amistosos, a la lentitud burocrática de la justicia (es bastante improbable que los delitos “menores” prescriban)… y todo para que el delincuente de cuello blanco pase por la cárcel un par de horas y luego salga libre de toda culpa.

Podemos ver cómo entre nosotros tenemos muchos delincuentes de cuello blanco, personas que por su apariencia física y su forma de comportarse engañan a cualquier persona y así se ponen más cerca de su blanco, que es el robo de dinero.

Los delincuentes de cuello blanco, pueden ser banqueros, comerciantes, políticos y cualquier persona de fama y dinero.

Pero lamentablemente, para éstos la justicia, no es igual, en estos casos de los delincuentes de cuello blanco, no pagan su culpa, es decir, que la ley no es igual para todos y podemos ver una discriminación.

Los delincuentes de cuello blanco, son personas que desde sus escritorios, sentados, pueden hacer todo tipo de fechorías e incluso, ser narcotraficantes o  lavadores de dinero. Estos delincuentes son los que usan su apariencia física y sus conocimientos, para robar dinero, extraer dinero de forma fraudulenta de cualquier empresa en la que se encuentren.

Con este pequeño estudio podemos darnos cuenta que entre nosotros, en nuestro país existen muchos delincuentes de cuello blanco, los cuales están beneficiados, ya sea por el dinero o por las influencias que tienen, pero la justicia no se cumple.

Ilusos quienes creemos que la inseguridad pública bajó un 50%. ¿Y lo que manifiestan los medios qué?

Roberto Fleischer Haro. Miembro de la cuarta generación de egresados de la Escuela de Policía del Estado de Sonora.

Registro Nacional de Seguridad Pública FEHR440205H26223583

Correo: robertf.haro@hotmail.com