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Sin Medias Tintas | Lo más fácil…

  • Omar Alí

Lo más fácil es lo más práctico.

Esta sentencia es aplicable a todas las situaciones, y tiene más certeza si consideramos la definición de que lo práctico es pensar o actuar ajustándose a la realidad y persiguiendo siempre un fin útil.

Otra cosa será que la decisión de tomar el camino fácil sea calificada como buena o mala (moral) o correcta o incorrecta (ético).

La sociedad se encargará de juzgar lo moral mientras que la parte ética le corresponderá a cada quien.

Y precisamente es en esa parte de lo moral en donde tenemos problemas. No nos ponemos de acuerdo como sociedad acerca de lo moral.

Es como si nos quisiéramos poner de acuerdo acerca de las religiones. Es prácticamente imposible.

Pero mientras nos esperanzamos en un acuerdo que es imposible, debemos ser tolerantes ante quienes tienen opiniones diferentes a las nuestras; pero partiendo siempre de una serie de axiomas que son verdades, como que es más fácil odiar que amar y es más fácil destruir que construir.

Tanto amar como construir son difíciles porque implican un esfuerzo, comenzando con una determinación personal o voluntad para hacerlo.

El detalle está en que si no se cruza por un camino difícil, el resultado no se valorará.

O bien, dicho de otra manera, mientras nos cueste conseguir las cosas, más las valoraremos.

Quizá sea por eso que los jóvenes de hoy batallan más para construir o amar, o forjan opiniones basadas en cosas superficiales y no profundizan en los temas importantes: No quieren esforzarse o no quieren salir lastimados.

Pero la cuestión es que la sociedad se conforma considerando esas opiniones y construcciones, incluso se construye del amor que nos damos unos a otros, así que ante estas ausencias no debe sorprendernos que se recurra a prácticas que están por encima de cualquier valoración, como la violencia, por ejemplo.

La sociedad ha cambiado, de eso no hay duda; pero los valores no, ahí siguen, a la espera de cualquiera que desee apropiarse de ellos.

Criticar los problemas también es más fácil; es mucho más sencillo que participar en la solución de los mismos.

Y junto con la crítica también viene la repartición de culpas como práctica más fácil que asumir responsabilidades.

Esto me recuerda un momento incómodo que vivimos algunos vecinos durante nuestras jornadas comunitarias de limpieza en nuestra colonia, cuando una señora sacó recogedor y escoba de su casa cuando vio un excremento de perro en el frente.

Con tranquilidad lo barrió, lo recogió y después, murmurando “yo no tengo perro” se dirigió a una casa cercana y sin más arrojó el excremento dentro del porche.

Me quedé petrificado, impactado por lo que estaba viendo.

Mientras mi cerebro intentaba reaccionar, la vecina hizo el mismo procedimiento otra vez, pero ahora sí sin murmurar dijo con voz alta: “como yo no tengo perro”.

A la fecha, todavía trato de entender ese momento.

Como ve, la cuestión es difícil y esperemos que cuando hayamos superado esos inconvenientes, la sociedad pueda valorar en su justa dimensión los logros alcanzados, porque si nos quedamos así y decimos “yo no tengo por qué hacerlo”, quién sabe si tendremos remedio como comunidad.