/ sábado 29 de agosto de 2020

Rómulo Sans, una mirada para sobrevivir a un mundo de pandemias hipermodernas 

El arte visual de Rómulo nos predijo este nuevo mundo amenazador que ahora estamos viendo cotidianamente en las noticias, pero no lo hizo para llenarnos de miedo

El pasado 7 de mayo la foto de una mujer besando un cartón de Tecate light aparece en el portal de El País. A pie de la imagen dice: “Una mujer besa un paquete de cervezas en el Estado mexicano de Sonora”. La foto es para retratar la inverosímil, triste y dolorosa realidad de las compras de pánico de cerveza en medio de la pandemia del coronavirus, un fenómeno social que produce una risa loca y puede parecer grotescamente surrealista, pero lo suficientemente real para ser capturado en una foto como las que tomaba Rómulo Sans.

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A Rómulo Sans, lo conocí como Rómulo Bosch, con su nombre no artístico, el de su familia. Me lo presentó su hermana, la escritora y activista por la paz, Lolita Bosch, cuando estábamos en su casa de Maresme preparando unos monigotes que colgaríamos de un puente para visibilizar la nefasta guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón. Los dos habíamos donado ropa para un performance que se promovía realizar en varias ciudades del mundo para visibilizar la escalada de violencia en México por la equivocada estrategia de combate al narcotráfico.

Esa tarde a Rómulo lo acompañaba una modelo y un amigo de él, ex guerrillero colombiano de las FARC. En un picnic en la campiña catalana, después de preparar los monigotes que utilizaríamos en un tétrico performance, la conversación giró en torno a temas que iban de la necropolítica latinoamericana, la moda y el arte urbano, pasando por la obligada crítica al consumismo neoliberal.

La imagen de dos monigotes colgando en un puente de Barcelona la captó Rómulo Sans, ahora sí el artista y fotógrafo, y salió en las principales noticias de España, así como de otros países donde también se hicieron réplicas de este performance internacional. Después de esa ocasión no tuve la suerte de volver a coincidir con él, pero seguí su trabajo a través de las redes sociales y de lo que compartía su hermana.

El 20 de diciembre del 2019 recibí la noticia: Rómulo había muerto. En aquel momento, aparte de sentir un gran pesar, me vi obligado revisar su trabajo como artista visual. Así me topé con la profecía que nos dejó en unas de sus fotos tomadas el 9 de junio del 2019 en Bangkok. Unos retratos de nínfulas saliendo de algo parecido a una choza en la selva del Sureste asiático, llevan cubrebocas y los ojos tapados con una máscara negra como la noche y cargan una figura parecida a un felino con rostro de murciélago.

La lente rebelde

Según el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky, la posmodernidad se ha desvanecido frente el hiperconsumo, el reinado de la moda, las metamorfosis de la ética, la levedad de la sexualidad, la explosión del lujo y las constantes mutaciones de la sociedad de consumo; en una nueva faceta de la modernidad que difícilmente ha podido ser capturada en el arte contemporáneo por todas las contradicciones que esta era carga consigo misma. Sin embargo, las fotos de Rómulo Sans, logran captar todas las contradicciones del mundo actual, llevando al espectador a reflexionar a través de imágenes sugerentes, a veces disparatadas, otras brutalmente crudas, pero siempre reveladoras.

La fotografía llevó a Rómulo Sans a ser un trotamundos. A vivir en diferentes continentes, países y ciudades, captando las contradicciones de cada cultura desde la mirada del outsider, siempre underground y al mismo tiempo guiñándole el ojo al marketing y a la moda más delirante. El trabajo de Sans viajó de Barcelona a La Habana, de la isla caribeña a Brooklyn, así como de Nueva York a Bangkok, siempre cuestionando con una profunda y ácida reflexión sobre el mundo en el que vivimos.

Para Mauricio Vicent, el corresponsal de El País en Cuba, Rómulo se convirtió en fotógrafo en la isla caribeña. Estudiando en el Instituto Superior de Arte de La Habana, Sans renació como artista visual, y en el proceso transgredió las clásicas imágenes de una ciudad detenida en el tiempo con carros antiguos por las calles de paredes desgastadas. En su lugar, capturó la Cuba Pop que desentonaba y chocaba con la grisura del régimen castrista.

En la isla, Rómulo fundó The H Magazine, financiada desde fuera de Cuba. Esta revista se convirtió en el laboratorio donde fue creando ese mundo provocador que se ve en sus fotografías y que lo llevó a seguir explorando los límites de la contradicción en la hipermodernidad. En esta aparecieron imágenes provocadoras que cuestionaban el hiperconsumo y los valores del status quo llevando a la estética a sus límites más desconcertantes.


Cuando el arte se impone

Lolita recuerda a su hermano en un artículo de opinión que escribe en medio del confinamiento por la pandemia del coronavirus. En Cataluña el virus ha contagiado a 55,921 personas y la cifra de fallecidos asciende a los 5,900, al momento de escribir estas líneas. Las imágenes del mundo en esta pandemia no le parecen extrañas a Lolita, todo lo contrario, le traen recuerdos familiares porque parecen captadas por su hermano Rómulo.

De este lado del mundo, un día antes a la publicación del artículo de Lolita, fue captada la foto de una mujer besando un cartón de Tecate Light en las ventas de pánico que se dieron en Hermosillo en medio de la jornada de sana distancia, esa imagen de la que les hablé al inicio de este artículo. La disparatada instantánea que deja en evidencia una triste contradicción, producto de una cruda realidad que antes de esta pandemia nos negábamos a ver, y tal vez todavía muchos se seguirán negando a ver, me recordó las fotos de Rómulo Sans; sus vírgenes de Guadalupe con rifles kalashnikov o las nínfulas con cubrebocas que retrató en junio del 2019 emergiendo en una aldea de Tailandia.

El arte visual de Rómulo nos predijo este nuevo mundo amenazador que ahora estamos viendo cotidianamente en las noticias, pero no lo hizo para llenarnos de miedo. Su advertencia también nos muestra belleza, nos sonríe como cómplices de un acto de resiliencia, de valentía, de estar convencidos de que el arte nos prepara para ver al vacío a la cara y disfrutarlo sin miedos.

Convencido de que el arte es una forma de entender al mundo, el legado de Rómulo Sans nos da claves para sobrellevar esta nueva normalidad, más parecida al mundo de sus fotos, que a lo que los anuncios de celebridades prometen con el regreso a cómo eran las cosas antes de la pandemia. Contemplar el arte visual de Rómulo Sans, ahora es un entrenamiento para adaptarnos a los desechos de la hipermodernidad que el coronavirus está dejando.


Hermes D. Ceniceros

Egresado de la Escuela de Literaturas Hispánicas de la Universidad de Sonora con doctorado en Didáctica de la Lengua y la Literatura, por la Universidad de Barcelona. Colaborador del portal de construcción de paz Nuestra Aparente Rendición, Proyecto Puente, entre otros sitios web de México y Sonora. Responsable del proyecto del Reto Lector Sonorense 2020, beneficiado de Eficas. Ganador de FotoSonora 2019 con la serie Tapies Colectivos; participó en la Ruta del Arte de esa edición, con la exposición fotográfica, Basquiats y Pollocks Colectivos.

El pasado 7 de mayo la foto de una mujer besando un cartón de Tecate light aparece en el portal de El País. A pie de la imagen dice: “Una mujer besa un paquete de cervezas en el Estado mexicano de Sonora”. La foto es para retratar la inverosímil, triste y dolorosa realidad de las compras de pánico de cerveza en medio de la pandemia del coronavirus, un fenómeno social que produce una risa loca y puede parecer grotescamente surrealista, pero lo suficientemente real para ser capturado en una foto como las que tomaba Rómulo Sans.

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A Rómulo Sans, lo conocí como Rómulo Bosch, con su nombre no artístico, el de su familia. Me lo presentó su hermana, la escritora y activista por la paz, Lolita Bosch, cuando estábamos en su casa de Maresme preparando unos monigotes que colgaríamos de un puente para visibilizar la nefasta guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón. Los dos habíamos donado ropa para un performance que se promovía realizar en varias ciudades del mundo para visibilizar la escalada de violencia en México por la equivocada estrategia de combate al narcotráfico.

Esa tarde a Rómulo lo acompañaba una modelo y un amigo de él, ex guerrillero colombiano de las FARC. En un picnic en la campiña catalana, después de preparar los monigotes que utilizaríamos en un tétrico performance, la conversación giró en torno a temas que iban de la necropolítica latinoamericana, la moda y el arte urbano, pasando por la obligada crítica al consumismo neoliberal.

La imagen de dos monigotes colgando en un puente de Barcelona la captó Rómulo Sans, ahora sí el artista y fotógrafo, y salió en las principales noticias de España, así como de otros países donde también se hicieron réplicas de este performance internacional. Después de esa ocasión no tuve la suerte de volver a coincidir con él, pero seguí su trabajo a través de las redes sociales y de lo que compartía su hermana.

El 20 de diciembre del 2019 recibí la noticia: Rómulo había muerto. En aquel momento, aparte de sentir un gran pesar, me vi obligado revisar su trabajo como artista visual. Así me topé con la profecía que nos dejó en unas de sus fotos tomadas el 9 de junio del 2019 en Bangkok. Unos retratos de nínfulas saliendo de algo parecido a una choza en la selva del Sureste asiático, llevan cubrebocas y los ojos tapados con una máscara negra como la noche y cargan una figura parecida a un felino con rostro de murciélago.

La lente rebelde

Según el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky, la posmodernidad se ha desvanecido frente el hiperconsumo, el reinado de la moda, las metamorfosis de la ética, la levedad de la sexualidad, la explosión del lujo y las constantes mutaciones de la sociedad de consumo; en una nueva faceta de la modernidad que difícilmente ha podido ser capturada en el arte contemporáneo por todas las contradicciones que esta era carga consigo misma. Sin embargo, las fotos de Rómulo Sans, logran captar todas las contradicciones del mundo actual, llevando al espectador a reflexionar a través de imágenes sugerentes, a veces disparatadas, otras brutalmente crudas, pero siempre reveladoras.

La fotografía llevó a Rómulo Sans a ser un trotamundos. A vivir en diferentes continentes, países y ciudades, captando las contradicciones de cada cultura desde la mirada del outsider, siempre underground y al mismo tiempo guiñándole el ojo al marketing y a la moda más delirante. El trabajo de Sans viajó de Barcelona a La Habana, de la isla caribeña a Brooklyn, así como de Nueva York a Bangkok, siempre cuestionando con una profunda y ácida reflexión sobre el mundo en el que vivimos.

Para Mauricio Vicent, el corresponsal de El País en Cuba, Rómulo se convirtió en fotógrafo en la isla caribeña. Estudiando en el Instituto Superior de Arte de La Habana, Sans renació como artista visual, y en el proceso transgredió las clásicas imágenes de una ciudad detenida en el tiempo con carros antiguos por las calles de paredes desgastadas. En su lugar, capturó la Cuba Pop que desentonaba y chocaba con la grisura del régimen castrista.

En la isla, Rómulo fundó The H Magazine, financiada desde fuera de Cuba. Esta revista se convirtió en el laboratorio donde fue creando ese mundo provocador que se ve en sus fotografías y que lo llevó a seguir explorando los límites de la contradicción en la hipermodernidad. En esta aparecieron imágenes provocadoras que cuestionaban el hiperconsumo y los valores del status quo llevando a la estética a sus límites más desconcertantes.


Cuando el arte se impone

Lolita recuerda a su hermano en un artículo de opinión que escribe en medio del confinamiento por la pandemia del coronavirus. En Cataluña el virus ha contagiado a 55,921 personas y la cifra de fallecidos asciende a los 5,900, al momento de escribir estas líneas. Las imágenes del mundo en esta pandemia no le parecen extrañas a Lolita, todo lo contrario, le traen recuerdos familiares porque parecen captadas por su hermano Rómulo.

De este lado del mundo, un día antes a la publicación del artículo de Lolita, fue captada la foto de una mujer besando un cartón de Tecate Light en las ventas de pánico que se dieron en Hermosillo en medio de la jornada de sana distancia, esa imagen de la que les hablé al inicio de este artículo. La disparatada instantánea que deja en evidencia una triste contradicción, producto de una cruda realidad que antes de esta pandemia nos negábamos a ver, y tal vez todavía muchos se seguirán negando a ver, me recordó las fotos de Rómulo Sans; sus vírgenes de Guadalupe con rifles kalashnikov o las nínfulas con cubrebocas que retrató en junio del 2019 emergiendo en una aldea de Tailandia.

El arte visual de Rómulo nos predijo este nuevo mundo amenazador que ahora estamos viendo cotidianamente en las noticias, pero no lo hizo para llenarnos de miedo. Su advertencia también nos muestra belleza, nos sonríe como cómplices de un acto de resiliencia, de valentía, de estar convencidos de que el arte nos prepara para ver al vacío a la cara y disfrutarlo sin miedos.

Convencido de que el arte es una forma de entender al mundo, el legado de Rómulo Sans nos da claves para sobrellevar esta nueva normalidad, más parecida al mundo de sus fotos, que a lo que los anuncios de celebridades prometen con el regreso a cómo eran las cosas antes de la pandemia. Contemplar el arte visual de Rómulo Sans, ahora es un entrenamiento para adaptarnos a los desechos de la hipermodernidad que el coronavirus está dejando.


Hermes D. Ceniceros

Egresado de la Escuela de Literaturas Hispánicas de la Universidad de Sonora con doctorado en Didáctica de la Lengua y la Literatura, por la Universidad de Barcelona. Colaborador del portal de construcción de paz Nuestra Aparente Rendición, Proyecto Puente, entre otros sitios web de México y Sonora. Responsable del proyecto del Reto Lector Sonorense 2020, beneficiado de Eficas. Ganador de FotoSonora 2019 con la serie Tapies Colectivos; participó en la Ruta del Arte de esa edición, con la exposición fotográfica, Basquiats y Pollocks Colectivos.

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