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A Pep Guardiola se le acabó el futbol

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Hace cinco años que Pep Guardiola se fue del Barcelona y seis de su última Copa de Europa. Entonces, era posiblemente el mejor entrenador del mundo, admirado por todos los niveles del futbol. Era un inventor, un adelantado a su tiempo. Tenía piropos cada día. Era tan idolatrado que se emborrachó de elogios sin saber seguramente que aquello era pasajero.

En 2017, y tras tres años en los que no fue capaz de llevar al Bayern a una final cuando el equipo alemán lleva tres finales en los cuatro años anteriores a Guardiola, el técnico catalán completó el peor de sus días como entrenador, seguramente por encima de las ya varias goleadas que ha encajado. Ha sido incapaz de clasificar al Manchester City, un equipo que venía de jugar semifinales, para los cuartos, y se queda en el camino no cayendo ante un grande de Europa (Madrid, Bayern, Barça o Atlético). Cayó ante el Mónaco, un muy buen Mónaco, pero que no deja de ser un equipo de segunda fila europea.

A Pep Guardiola se le acabó el futbol de tanto usarlo. Tanta filosofía, tanto querer innovar, tanto discurso, a veces, victimista y engañoso acabó con un fracaso, el mayor en su carrera como entrenador. Un City que regaló 50 minutos en el Luis II se estrelló en el Principado y lo hizo con una imagen muy mediocre, de equipo pequeño. No olviden que el Manchester City se gastó este verano 213 millones de euros y que venía de jugar una semifinal de Champions, perdida ante el posterior campeón, el Madrid, con un solo gol en una jugada aislada.

Guardiola fue contratado para dar un salto de calidad al City, para hacerle más grande, para darle ese toque que un gran entrenador tiene que tener. Y lo que ha acabado haciendo es empeorar al equipo. Tiempo tendrá para mejorar, es indudable que todo no se podrá hacer en un año, pero distinto es no ganar la Champions pero caer con honor, que perder en octavos ante el Mónaco sin dar sensación de gran equipo en ningún momento. Y lo peor de todo es que Pep ya no tiene a Messi. Ni a Iniesta. Ni a Xavi. Y sin ellos le costó mucho ganar. Pasan los años y su grandeza baja. Ya no es el mejor entrenador del mundo. Ni se acerca. Es un técnico que cae en octavos de Champions. Como Wenger. O como los Schuster, Capello, García Remón y Pellegrini que tuvo el Madrid hace ahora una década.