/ sábado 30 de enero de 2021

Pedro Alonso López: Asesinos seriales que impactaron al mundo

Aunque un 70% de los asesinos en serie se han dado en Estados Unidos, muchos de los casos más impactes provienen de varios países de habla hispana

Como cada fin de semana, hoy traemos un poco de esa parte de la realidad que muchas veces no queremos ver o simplemente pasamos por alto.

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Aunque un 70% de los asesinos en serie se han dado en Estados Unidos, tal cual como lo hemos venido presentando en varias ocasiones en esta sección, muchos de los casos más impactes provienen de varios países de habla hispana.

El Monstruo de los Andes

Pedro Alonso López nació en un municipio de Tolima, Colombia, en 1948, durante un periodo complicado en dicho país, el cual fue llamado “la violencia”, el cual duro diez años en una guerra civil que dejó más de 200 mil víctimas.

Su madre se dedicaba a la prostitución, siendo el séptimo de trece hermanos que dejó este tipo de actos. De hecho, debido a la pobreza que sufrían, dormían todos en el mismo cuarto en el que su madre tenía relaciones sexuales y sólo era separado por una cortina, algo que lo marcaría por el resto de su vida.

La violencia, las dificultades, su pobreza y los maltratos de su madre hacía él y sus hermanos, eran el pan de cada día del pequeño Pedro Alonso.

Pedro sería corrido de su casa a los 9 años de edad, esto tras intentar violar a su propia hermana, su madre lo descubrió, le quemó los pies con una vela y lo echo a la calle.

Entre el frío y la crueldad en medio de unas calles de una Colombia sumamente peligrosa, el joven se topó con la horrible realidad.

Tras unos días en las calles, se encontró con un amable anciano que le ofreció pasar unos días en su casa, darle abrigo y comida, algo que el pequeño acepto, sin embargo, tan sólo al llegar, lo golpeó, desvistió y violó, además de obligarlo a quedarse en ese lugar, siendo amarrado en una habitación en la que era sodomizado cada cierto tiempo.

Después de varios días en cautiverio y al ver que el joven no podría seguir soportando el abuso, fue dejado en libertad, situación que volvió a marcarlo, aumentando su resentimiento, sobreviviendo como vagabundo en peleas callejeras a muerte por alimento y droga.

Tiempo después y ya viviendo en las calles de Bogotá, fue recogido por un estadounidense que se apiadó de su situación, viviendo con aquella familia durante varios años, posiblemente sus únicos años felices.

Pero como si de una mala comedia se tratara, fue abusado sexualmente por un profesor de la escuela a la cual asistía. Lleno de miedo, robó dinero y huyó nuevamente a las calles.

Por aquellos años, Colombia vivía una restructuración, se abrieron más empleos, dando un espacio y oportunidades a mucha gente de escasos recursos, por lo que Pedro buscó su primer trabajo, pero fue rechazado por su falta de experiencia.

Debido a esto, Pedro se dedicó al robo de autos durante varios años, siendo este su único sustento real en su dura vida, hasta que fue detenido y encarcelado en 1969 con 18 años, condenado durante siete años.

Foto: Cortesía | @jurta6

Ya en prisión, el joven rápidamente fue objeto de abusos sexuales por parte de los otros reclusos, hasta que un día, algo estalló en Pedro Alonso, algo que lo cambió para siempre. Tomó un cuchillo y degolló uno a uno a todos los que abusaron de él.

Pedro cruzó esa oscura línea y sintió placer por asesinar, por primera vez en toda su vida, él era el agresor, era quien tenía el poder.

Ola de muerte

Salió de prisión en 1978 como un hombre totalmente nuevo, pero no precisamente por el buen camino. Pedro, tenía en mente aún el odio hacía su madre, su idealización errónea hacía las mujeres debido a su excesivo consumo de pornografía y el placer que le había causado asesinar.

Se fue de Colombia y pasó los siguientes años de su vida viajando por todo Perú, donde comenzó a acechar, raptar, violar y asesinar a niñas de comunidades étnicas de la zona Sur del país. Enterraba los cadáveres en fosas que él mismo cavaba.

Un dato que él mismo confesó tras su captura, fue su obsesión por los ojos, asegurando que siempre buscaba a las niñas con los ojos más inocentes. Para Pedro, no había mejor placer que verlos directamente mientras ellas morían.

Foto: Cortesía | @jurta6

“Las obligaba a tener relaciones conmigo mientras colocaba mis manos en su garganta, cuando el sol salía, las estrangulaba, siempre era mejor al ver sus ojos, nunca maté a nadie de noche, habría sido un total desperdicio en la oscuridad, tenía que verlas a la luz del día, había un momento divino cuando ponía mis manos alrededor de su cuello y observaba cómo se iba apagando la luz de sus ojos, sólo aquellos que matan, saben a qué me refiero”, confesaría años después.

El ahora apodado “Monstruo de los Andes”, violó y asesinó a más de 100 niñas durante estos años, algo que tenía sumamente molesta a los ayacuchanos, quienes al ver el poco accionar de las autoridades, comenzaron a vigilar las zonas.

Un día descubrieron a Pedro tratando de raptar a una pequeña de nueve años, lo detuvieron, le despojaron de sus ropas y lo torturaron, cuando tenían pensado lincharlo, un misionero norteamericano los convenció de que aquello era un acto impuro y fue entregado a las autoridades.

Sin embargo, éstas hicieron caso omiso pues les interesaba bastante poco las quejas por parte de un grupo étnico pequeño y querían evitar las investigaciones, por lo que fue liberado y extraditado a Ecuador, lugar que también se había convertido en su lugar de casa.

Foto: Cortesía | @m1ss_0range

Ya residiendo en este país, mantuvo su modus operandi, cazando a niñas de entre 9 y 11 años de edad, siempre bajo la sombra de los cárteles del crimen organizado de la zona, por lo que actuó a espaldas de la Policía que no tenía conocimiento alguno durante muchos años.

Captura y polémica

La suerte de Pedro Alonso se acabó en 1980 cuando unas fuertes lluvias causaron inundaciones en Ecuador, mismas que desenterraron cuatro cadáveres de niñas. Estos fueron encontrados por las autoridades, quienes en un principio fueron tomadas como víctimas del desastre natural, pero después de investigaciones, se dictaminó que era obra de uno o más agresores.

Por su lado, Pedro sería detenido en un intento de raptar a una pequeña de 12 años en un mercado de la zona y entregado a las autoridades.

El detenido no cooperó en ningún momento con las autoridades, incluso cuando comenzaron a pensar que podría ser el principal sospechoso de los cuatro asesinatos.

Buscando obtener una confesión, pidieron la ayuda de un padre, pero saldría horrorizado y sorprendería a todos los actos de los que hablaría, convirtiendo a Pedro de la noche a la mañana en uno de los asesinos seriales más letales de toda la historia de la humanidad.

Llegó incluso a confesar los asesinatos de al menos 110 víctimas en Ecuador, 100 en Colombia y más de 100 en Perú, hablando de ellas como si fueran mujeres y no simplemente niñas.

Foto: Cortesía | @yo_betito

También aseguró que tenía un gusto predilecto por las ecuatorianas porque “eran más fáciles de engañar” y que las niñas colombianas “eran las más hermosas”.

La polémica llegaría tras su juicio y sentencia, pues en aquellos años, la pena máxima para un recluso era de 14 años en Colombia y 16 en Ecuador, donde estuvo preso en un hospital psiquiátrico hasta 1994 y ante la negativa de todo el país, salió en libertad.

Hasta la fecha y desde 1998, se desconoce su paradero, es buscado por la Interpol desde 2002 y se dice que la última vez que se le vio, fue en 2010.

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Un dato perturbador, es que en 2012 ocurrió un asesinato de una niña en Tunja, Boyacá y un año más tarde en el programa de televisión Crónicas RCN, se declaró que el “Monstruo de los Andes”, podría ser un posible sospechoso.

Como cada fin de semana, hoy traemos un poco de esa parte de la realidad que muchas veces no queremos ver o simplemente pasamos por alto.

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Aunque un 70% de los asesinos en serie se han dado en Estados Unidos, tal cual como lo hemos venido presentando en varias ocasiones en esta sección, muchos de los casos más impactes provienen de varios países de habla hispana.

El Monstruo de los Andes

Pedro Alonso López nació en un municipio de Tolima, Colombia, en 1948, durante un periodo complicado en dicho país, el cual fue llamado “la violencia”, el cual duro diez años en una guerra civil que dejó más de 200 mil víctimas.

Su madre se dedicaba a la prostitución, siendo el séptimo de trece hermanos que dejó este tipo de actos. De hecho, debido a la pobreza que sufrían, dormían todos en el mismo cuarto en el que su madre tenía relaciones sexuales y sólo era separado por una cortina, algo que lo marcaría por el resto de su vida.

La violencia, las dificultades, su pobreza y los maltratos de su madre hacía él y sus hermanos, eran el pan de cada día del pequeño Pedro Alonso.

Pedro sería corrido de su casa a los 9 años de edad, esto tras intentar violar a su propia hermana, su madre lo descubrió, le quemó los pies con una vela y lo echo a la calle.

Entre el frío y la crueldad en medio de unas calles de una Colombia sumamente peligrosa, el joven se topó con la horrible realidad.

Tras unos días en las calles, se encontró con un amable anciano que le ofreció pasar unos días en su casa, darle abrigo y comida, algo que el pequeño acepto, sin embargo, tan sólo al llegar, lo golpeó, desvistió y violó, además de obligarlo a quedarse en ese lugar, siendo amarrado en una habitación en la que era sodomizado cada cierto tiempo.

Después de varios días en cautiverio y al ver que el joven no podría seguir soportando el abuso, fue dejado en libertad, situación que volvió a marcarlo, aumentando su resentimiento, sobreviviendo como vagabundo en peleas callejeras a muerte por alimento y droga.

Tiempo después y ya viviendo en las calles de Bogotá, fue recogido por un estadounidense que se apiadó de su situación, viviendo con aquella familia durante varios años, posiblemente sus únicos años felices.

Pero como si de una mala comedia se tratara, fue abusado sexualmente por un profesor de la escuela a la cual asistía. Lleno de miedo, robó dinero y huyó nuevamente a las calles.

Por aquellos años, Colombia vivía una restructuración, se abrieron más empleos, dando un espacio y oportunidades a mucha gente de escasos recursos, por lo que Pedro buscó su primer trabajo, pero fue rechazado por su falta de experiencia.

Debido a esto, Pedro se dedicó al robo de autos durante varios años, siendo este su único sustento real en su dura vida, hasta que fue detenido y encarcelado en 1969 con 18 años, condenado durante siete años.

Foto: Cortesía | @jurta6

Ya en prisión, el joven rápidamente fue objeto de abusos sexuales por parte de los otros reclusos, hasta que un día, algo estalló en Pedro Alonso, algo que lo cambió para siempre. Tomó un cuchillo y degolló uno a uno a todos los que abusaron de él.

Pedro cruzó esa oscura línea y sintió placer por asesinar, por primera vez en toda su vida, él era el agresor, era quien tenía el poder.

Ola de muerte

Salió de prisión en 1978 como un hombre totalmente nuevo, pero no precisamente por el buen camino. Pedro, tenía en mente aún el odio hacía su madre, su idealización errónea hacía las mujeres debido a su excesivo consumo de pornografía y el placer que le había causado asesinar.

Se fue de Colombia y pasó los siguientes años de su vida viajando por todo Perú, donde comenzó a acechar, raptar, violar y asesinar a niñas de comunidades étnicas de la zona Sur del país. Enterraba los cadáveres en fosas que él mismo cavaba.

Un dato que él mismo confesó tras su captura, fue su obsesión por los ojos, asegurando que siempre buscaba a las niñas con los ojos más inocentes. Para Pedro, no había mejor placer que verlos directamente mientras ellas morían.

Foto: Cortesía | @jurta6

“Las obligaba a tener relaciones conmigo mientras colocaba mis manos en su garganta, cuando el sol salía, las estrangulaba, siempre era mejor al ver sus ojos, nunca maté a nadie de noche, habría sido un total desperdicio en la oscuridad, tenía que verlas a la luz del día, había un momento divino cuando ponía mis manos alrededor de su cuello y observaba cómo se iba apagando la luz de sus ojos, sólo aquellos que matan, saben a qué me refiero”, confesaría años después.

El ahora apodado “Monstruo de los Andes”, violó y asesinó a más de 100 niñas durante estos años, algo que tenía sumamente molesta a los ayacuchanos, quienes al ver el poco accionar de las autoridades, comenzaron a vigilar las zonas.

Un día descubrieron a Pedro tratando de raptar a una pequeña de nueve años, lo detuvieron, le despojaron de sus ropas y lo torturaron, cuando tenían pensado lincharlo, un misionero norteamericano los convenció de que aquello era un acto impuro y fue entregado a las autoridades.

Sin embargo, éstas hicieron caso omiso pues les interesaba bastante poco las quejas por parte de un grupo étnico pequeño y querían evitar las investigaciones, por lo que fue liberado y extraditado a Ecuador, lugar que también se había convertido en su lugar de casa.

Foto: Cortesía | @m1ss_0range

Ya residiendo en este país, mantuvo su modus operandi, cazando a niñas de entre 9 y 11 años de edad, siempre bajo la sombra de los cárteles del crimen organizado de la zona, por lo que actuó a espaldas de la Policía que no tenía conocimiento alguno durante muchos años.

Captura y polémica

La suerte de Pedro Alonso se acabó en 1980 cuando unas fuertes lluvias causaron inundaciones en Ecuador, mismas que desenterraron cuatro cadáveres de niñas. Estos fueron encontrados por las autoridades, quienes en un principio fueron tomadas como víctimas del desastre natural, pero después de investigaciones, se dictaminó que era obra de uno o más agresores.

Por su lado, Pedro sería detenido en un intento de raptar a una pequeña de 12 años en un mercado de la zona y entregado a las autoridades.

El detenido no cooperó en ningún momento con las autoridades, incluso cuando comenzaron a pensar que podría ser el principal sospechoso de los cuatro asesinatos.

Buscando obtener una confesión, pidieron la ayuda de un padre, pero saldría horrorizado y sorprendería a todos los actos de los que hablaría, convirtiendo a Pedro de la noche a la mañana en uno de los asesinos seriales más letales de toda la historia de la humanidad.

Llegó incluso a confesar los asesinatos de al menos 110 víctimas en Ecuador, 100 en Colombia y más de 100 en Perú, hablando de ellas como si fueran mujeres y no simplemente niñas.

Foto: Cortesía | @yo_betito

También aseguró que tenía un gusto predilecto por las ecuatorianas porque “eran más fáciles de engañar” y que las niñas colombianas “eran las más hermosas”.

La polémica llegaría tras su juicio y sentencia, pues en aquellos años, la pena máxima para un recluso era de 14 años en Colombia y 16 en Ecuador, donde estuvo preso en un hospital psiquiátrico hasta 1994 y ante la negativa de todo el país, salió en libertad.

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