/ viernes 26 de junio de 2020

Kult | Mick Jones: la sonrisa más socarrona del rock

El ícono punk se mantiene alejado de los escenarios, pero su música marcó el rock para la Generación X, a través de bandas como The Clash o BAD


Ultimamente no se sabe muy bien dónde anda o en qué está metido ese personaje flacucho y cándido al que conocemos como Mick Jones; esa leyenda viviente de la música que nunca se toma demasiado en serio y que cualquier día sale y nos alegra el día con sus comentarios francos y su sonrisa imperfecta que deja ver la prominencia de sus dientes incisivos.

En este verano que recién comienza, el músico cumple ya 65. Lo cual significa que hace poco más de cuatro décadas, ya se había ganado un lugar en la historia de la música, tras haber coescrito y tocado la guitarra en los primeros tres discos de The Clash –apodada en algún momento como “la única banda que importa” –, entre ellos el emblemático London Calling.

Eran tiempos en los que medio mundo estaba vuelto loco con el furor de la nueva movida punk, aunque él mismo Jones no le daba mayor importancia al asunto cuando decía: “No es punk ni nueva ola, todas esas denominaciones son una basura… Se llama rock and roll y punto”.

Luego de grabar otros dos discos con la agrupación, en 1984 le ocurrió a nuestro personaje algo que para muchos artistas puede ser una desgracia, pero que a él, simplemente fue lo mejor que le pudo pasar: ser despedido de su propia banda, por sus compañeros Joe Strummer y Paul Simonon, aparentemente debido a su obsesión con la experimentación musical y a su recurrente impuntualidad.

Pero Mick Jones, lejos de tomárselo a pecho, rápidamente se concentra en la formación de otras dos bandas. La primera fue General Public, con quienes tuvo una participación fugaz, que se recuerda por sencillos como Tenderness. Y la otra, que llevaría el nombre de Big Audio Dynamite, que le daría la oportunidad de recordarle al mundo de qué estaba hecho.

Nadia lo sabía en ese momento, pero su expulsión de The Clash fue una buena oportunidad de saltar de un bote que estaba por hundirse, ya que la banda, cuyo discurso no tardaría en comenzar a desgastarse, solo haría un disco más –el más intrascendente de su carrera– antes de desintegrarse en 1986... mientras que Jones tenía todo el futuro por delante.

Foto: Reuters

EL PROCESO DE TRANSFORMACIÓN

Eran tiempos de muchos cambios, en los que algunos miembros notables de bandas setenteras estaban dejando atrás las cenizas de su legado, y se concentraban en nuevos proyectos que refrescaran la música de los ochentas, entre ellos: New Order, Tones On Tail y John Lydon, aka Johnny Rotten, con su Public Image Ltd.

En ese contexto, Mick Jones tampoco se iba a conformar con ser el exfundador y exguitarrista de The Clash, así que se lanzó , junto con el director de cine Don Letts a trabajar en el primer álbum debut (1985) de Big Audio Dynamite, que inmediatamente sorprendió a propios y extraños por la distancia tan grande que marcó con respecto a sus trabajos previos.

Con BAD, Mick Jones haría una de las jugadas más punk de su carrera, al desafiar nuestros oídos con sencillos más bien enfocados a la pista de baile, como E = MC2 y Medicine Show. En ese momento, la mitad del mundo aún no terminaba de asimilar la oleada del punk y su transición hacia el new wave, pero Mick Jones y compañía ya se estaban adelantando a la movida dance de los ochentas/noventas.

Muchos años después el propio Mick Jones, recordaría con la revista estadounidense Guitar World, lo valiente que fue cambiar su estilo tan drásticamente:

“No quería hacer lo mismo, porque sabía que no tendría oportunidad... ¿Cuántas personas hacen algo después de salir de un gran grupo? Muy pocos, porque todos sólo quieren escuchar el mismo tipo de cosas. Así que intenté hacer algo lo más lejos posible de The Clash... Terminé yendo demasiado lejos después de ese primer disco. Durante un tiempo, olvidé en qué era bueno: acordes de guitarra y melodías (…) En cierto modo, maté aquello en lo que era bueno para hacer algo totalmente diferente”.

Durante más de una década, BAD cosechó una fusión de pop alternativo que metía en la licuadora estilos que van desde el ambient hasta el acid house, y cuyo sonido fue con frecuencia refrescante para su época, sobre todo en canciones como Beyond the Pale, V. Thirteen y Rush, que reafirmaban las inquietudes artísticas de Mick Jones, quien por cierto, limó asperezas con sus excompañeros de The Clash, quienes volverían a colaborar con él, tanto en algunas grabaciones de BAD, como en una reunión de The Clash que no llegó a concretarse.

A finales de los noventas, cuando el combustible del proyecto BAD comenzaba a agotarse, nuestro enfant terrible ya estaba listo para su siguiente y último asalto personal, uno que estaría más acorde con los nuevos tiempos.

Con su primera banda, The Clash, Jones grabó tres discos como guitarrista / Foto: Cortesía Pennie Smith 1982

TERCER ¿Y ÚLTIMO? ASALTO

En 2002 Mick Jones se reúne con Tony James, su viejo colega de una banda setentera llamada The London SS, y quien había seguido su propio camino en proyectos notables como Generation X y Sigue Sigue Sputnik. Juntos dan vida a la banda Carbon/Silicon, que de alguna manera daba continuidad al objetivo de Big Audio Dynamite de romper el enfoque tradicional del rock and roll.

En su momento, Alan McGee, el fundador de Creation Records y manager de algunas de las bandas más importantes del brit-pop, describió a Carbon/Silicon como una especie de “Rolling Stones interfiriendo con una computadora portátil”, y es que la agrupación hacía uso de sampleos en sus conciertos, los cuales permitían que fueran grabados en audio y video por sus seguidores.

La primera canción de la banda se llamó MPFree y era una declaración de principios en la que expresaban su voluntad de adoptar la tecnología de internet y el intercambio de archivos, en aras de difundir la música del dúo por encima de las ganancias económicas.

Durante el periodo de mayor actividad de Carbon/Silicon, que duró poco más de una década, la banda llamó la atención por sus conciertos benéficos antifascistas y por la distribución gratuita de sus tres discos A.T.O.M (A Twist of Modern), Western Front y The Crackup Suite.

Foto: Cortesía theclash.com

SUBIR LA APUESTA DEL ROCK

Desde hace más una década, Mick ha disminuido considerablemente su producción musical. Luego de que en 2003 lanzara su última canción, el músico se ha dejado ver en pocas ocasiones, destacando especialmente dos: la ceremonia en la que The Clash fue incluido en el Salón de la Fama del Rock and Roll, en el mismo año, y la exposición The Rock and Roll Public Library, en la que se muestra buena parte de la colección personal de memorabilia del propio Jones, en 2015.

Eso sí, cuando se le ve, se muestra generalmente cómodo con todo lo que ha hecho, incluido su pasado con el grupo The Clash, con el cual se reconcilió desde que mencionó:

“The Clash entregó mucho más de lo que el punk jamás prometió: cinco álbumes de canciones pop exquisitamente escritas tocadas con fuego y saliva incomparables. Que las canciones hablaran del gobierno, la alienación urbana y la solidaridad comunitaria no fue tan importante como el hecho que trataron de subir la apuesta del rock, para hacer que contara para algo más que entretenimiento”.

En las últimas décadas también ha retomado su faceta de productor, llevando a buen puerto grabaciones de bandas como The Libertines, Babyshambles o Kitty, Daisy & Lewis, además de colaborar con decenas de artistas, entre ellos: Gorillaz, The Wallflowers, The Justice Tonight Band, Rachid Taha o The Flaming Lips.

Poco se sabe de Mick Jones a últimas fechas. Como buen hombre sabio, es totalmente ajeno a las redes sociales.

Eso sí, con frecuencia surgen foros donde sus fans preguntan y comparten lo poco que saben de él. No es relevante en realidad, ahí están las decenas de grabaciones, referencias y apariciones de la sonrisa más socarrona del rock. No hay delito que perseguir.

En la misma entrevista de mediados de los noventas con Guitar World, también le preguntaban cómo es que ha logrado sonar tan cómodamente en tantos estilos musicales diferentes (punk, power pop, reggae, hard rock), a lo que Jones contestaba con la franqueza que lo caracteriza:

“Bueno, siempre me ha gustado el pop art. Mucha de la música que me gustaba era de los años sesenta, y el pop art fue el lado visual de ese periodo... Creo que si te relacionas con la música en un sentido visual, es más fácil cruzar los límites”.



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Ultimamente no se sabe muy bien dónde anda o en qué está metido ese personaje flacucho y cándido al que conocemos como Mick Jones; esa leyenda viviente de la música que nunca se toma demasiado en serio y que cualquier día sale y nos alegra el día con sus comentarios francos y su sonrisa imperfecta que deja ver la prominencia de sus dientes incisivos.

En este verano que recién comienza, el músico cumple ya 65. Lo cual significa que hace poco más de cuatro décadas, ya se había ganado un lugar en la historia de la música, tras haber coescrito y tocado la guitarra en los primeros tres discos de The Clash –apodada en algún momento como “la única banda que importa” –, entre ellos el emblemático London Calling.

Eran tiempos en los que medio mundo estaba vuelto loco con el furor de la nueva movida punk, aunque él mismo Jones no le daba mayor importancia al asunto cuando decía: “No es punk ni nueva ola, todas esas denominaciones son una basura… Se llama rock and roll y punto”.

Luego de grabar otros dos discos con la agrupación, en 1984 le ocurrió a nuestro personaje algo que para muchos artistas puede ser una desgracia, pero que a él, simplemente fue lo mejor que le pudo pasar: ser despedido de su propia banda, por sus compañeros Joe Strummer y Paul Simonon, aparentemente debido a su obsesión con la experimentación musical y a su recurrente impuntualidad.

Pero Mick Jones, lejos de tomárselo a pecho, rápidamente se concentra en la formación de otras dos bandas. La primera fue General Public, con quienes tuvo una participación fugaz, que se recuerda por sencillos como Tenderness. Y la otra, que llevaría el nombre de Big Audio Dynamite, que le daría la oportunidad de recordarle al mundo de qué estaba hecho.

Nadia lo sabía en ese momento, pero su expulsión de The Clash fue una buena oportunidad de saltar de un bote que estaba por hundirse, ya que la banda, cuyo discurso no tardaría en comenzar a desgastarse, solo haría un disco más –el más intrascendente de su carrera– antes de desintegrarse en 1986... mientras que Jones tenía todo el futuro por delante.

Foto: Reuters

EL PROCESO DE TRANSFORMACIÓN

Eran tiempos de muchos cambios, en los que algunos miembros notables de bandas setenteras estaban dejando atrás las cenizas de su legado, y se concentraban en nuevos proyectos que refrescaran la música de los ochentas, entre ellos: New Order, Tones On Tail y John Lydon, aka Johnny Rotten, con su Public Image Ltd.

En ese contexto, Mick Jones tampoco se iba a conformar con ser el exfundador y exguitarrista de The Clash, así que se lanzó , junto con el director de cine Don Letts a trabajar en el primer álbum debut (1985) de Big Audio Dynamite, que inmediatamente sorprendió a propios y extraños por la distancia tan grande que marcó con respecto a sus trabajos previos.

Con BAD, Mick Jones haría una de las jugadas más punk de su carrera, al desafiar nuestros oídos con sencillos más bien enfocados a la pista de baile, como E = MC2 y Medicine Show. En ese momento, la mitad del mundo aún no terminaba de asimilar la oleada del punk y su transición hacia el new wave, pero Mick Jones y compañía ya se estaban adelantando a la movida dance de los ochentas/noventas.

Muchos años después el propio Mick Jones, recordaría con la revista estadounidense Guitar World, lo valiente que fue cambiar su estilo tan drásticamente:

“No quería hacer lo mismo, porque sabía que no tendría oportunidad... ¿Cuántas personas hacen algo después de salir de un gran grupo? Muy pocos, porque todos sólo quieren escuchar el mismo tipo de cosas. Así que intenté hacer algo lo más lejos posible de The Clash... Terminé yendo demasiado lejos después de ese primer disco. Durante un tiempo, olvidé en qué era bueno: acordes de guitarra y melodías (…) En cierto modo, maté aquello en lo que era bueno para hacer algo totalmente diferente”.

Durante más de una década, BAD cosechó una fusión de pop alternativo que metía en la licuadora estilos que van desde el ambient hasta el acid house, y cuyo sonido fue con frecuencia refrescante para su época, sobre todo en canciones como Beyond the Pale, V. Thirteen y Rush, que reafirmaban las inquietudes artísticas de Mick Jones, quien por cierto, limó asperezas con sus excompañeros de The Clash, quienes volverían a colaborar con él, tanto en algunas grabaciones de BAD, como en una reunión de The Clash que no llegó a concretarse.

A finales de los noventas, cuando el combustible del proyecto BAD comenzaba a agotarse, nuestro enfant terrible ya estaba listo para su siguiente y último asalto personal, uno que estaría más acorde con los nuevos tiempos.

Con su primera banda, The Clash, Jones grabó tres discos como guitarrista / Foto: Cortesía Pennie Smith 1982

TERCER ¿Y ÚLTIMO? ASALTO

En 2002 Mick Jones se reúne con Tony James, su viejo colega de una banda setentera llamada The London SS, y quien había seguido su propio camino en proyectos notables como Generation X y Sigue Sigue Sputnik. Juntos dan vida a la banda Carbon/Silicon, que de alguna manera daba continuidad al objetivo de Big Audio Dynamite de romper el enfoque tradicional del rock and roll.

En su momento, Alan McGee, el fundador de Creation Records y manager de algunas de las bandas más importantes del brit-pop, describió a Carbon/Silicon como una especie de “Rolling Stones interfiriendo con una computadora portátil”, y es que la agrupación hacía uso de sampleos en sus conciertos, los cuales permitían que fueran grabados en audio y video por sus seguidores.

La primera canción de la banda se llamó MPFree y era una declaración de principios en la que expresaban su voluntad de adoptar la tecnología de internet y el intercambio de archivos, en aras de difundir la música del dúo por encima de las ganancias económicas.

Durante el periodo de mayor actividad de Carbon/Silicon, que duró poco más de una década, la banda llamó la atención por sus conciertos benéficos antifascistas y por la distribución gratuita de sus tres discos A.T.O.M (A Twist of Modern), Western Front y The Crackup Suite.

Foto: Cortesía theclash.com

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Desde hace más una década, Mick ha disminuido considerablemente su producción musical. Luego de que en 2003 lanzara su última canción, el músico se ha dejado ver en pocas ocasiones, destacando especialmente dos: la ceremonia en la que The Clash fue incluido en el Salón de la Fama del Rock and Roll, en el mismo año, y la exposición The Rock and Roll Public Library, en la que se muestra buena parte de la colección personal de memorabilia del propio Jones, en 2015.

Eso sí, cuando se le ve, se muestra generalmente cómodo con todo lo que ha hecho, incluido su pasado con el grupo The Clash, con el cual se reconcilió desde que mencionó:

“The Clash entregó mucho más de lo que el punk jamás prometió: cinco álbumes de canciones pop exquisitamente escritas tocadas con fuego y saliva incomparables. Que las canciones hablaran del gobierno, la alienación urbana y la solidaridad comunitaria no fue tan importante como el hecho que trataron de subir la apuesta del rock, para hacer que contara para algo más que entretenimiento”.

En las últimas décadas también ha retomado su faceta de productor, llevando a buen puerto grabaciones de bandas como The Libertines, Babyshambles o Kitty, Daisy & Lewis, además de colaborar con decenas de artistas, entre ellos: Gorillaz, The Wallflowers, The Justice Tonight Band, Rachid Taha o The Flaming Lips.

Poco se sabe de Mick Jones a últimas fechas. Como buen hombre sabio, es totalmente ajeno a las redes sociales.

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