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¿Fin de la prostitución en Tailandia? Estos son los cambios que prometen

“Me gano bien la vida y eso beneficia también a mi familia”, explica May una prostituta transgénero a la AFP mientras espera a un cliente en “Walking Street”, una larga calle llena de bares de prostitutas y discotecas en la ciudad de Pattaya.

Para los habitantes de la ciudad, la campaña de las autoridades sigue un esquema conocido. Las redadas suelen ir precedidas de titulares negativos en la prensa internacional. Pero, esta represión siempre es limitada porque no se ataca así como así a un sector tan lucrativo.

Varios casos criminales recientes (incluidos asesinatos de extranjeros) obligaron a las autoridades a salir de su reserva debido al eco que tuvieron en la prensa internacional.

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La prostitución es ilegal en Tailandia. Pero los propietarios de bares sortean la ley al no emplear oficialmente a las chicas más que para ocuparse de los clientes y hablar con ellos.

Cobran, sin embargo, una comisión del orden de 500 bahts (13 euros) cada vez que un cliente quiere abandonar el bar con esa “empleada”. Y lo que ocurre después en “privado”, oficialmente, solo les incumbe a ellos.

Las autoridades anunciaron el próximo fin de este comercio sin decir cómo vivirían luego los trabajadores y trabajadoras del sexo y sus familias.
Un informe de Onusida evaluaba en 2014 en 140.000 el número de prostitutas en Tailandia. Solo en Pattaya habría decenas de miles.

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Para Suladda Sarutilavan, directora de la oficina de turismo local, Pattaya ya ha empezado su transformación buscando atraer a un público familiar deseoso de practicar, por ejemplo, actividades náuticas o golf.

En 2016, 12 millones de turistas -el 70% extranjeros- visitaron esta ciudad que ofrece más de 100.000 habitaciones de hotel.

Esta transformación, reconoce Sarutilavan, se ve complicada por la reputación sulfurosa de Pattaya. Los occidentales que viven allí sostienen, que la ciudad es segura.

“Cada vez que salía en Coventry había una o dos peleas”, recuerda el británico Bryan Flowers, instalado desde hace alrededor de una década en Pattaya, donde tiene varios bares, “Aquí me siento completamente seguro”, agregó.

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/caf