El árbol de guayacán, belleza sonorense de la que todos hablan

La llegada de la primavera ha llamado la atención sobre una especie endémica del desierto de Sonora que pasa desapercibida el resto del año, hasta que se viste de morado

Daniel Johnson | El Sol de Hermosillo

  · miércoles 21 de abril de 2021

El árbol de guayacán resalta entre los colores del desierto sonorense con sus tonos morados / Foto: Cortesía | Facebook Jéssica Pérez Fuentes

La Ciudad de México es famosa por sus árboles de jacaranda, los cuales en algunos puntos de la metrópolis son tan prominentes que adornan calles completas con sus tonos rosas y morados, diferentes a otras especies que se pueden encontrar en el país.

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Aunque podría decirse que la jacaranda es la envidia de todo el territorio nacional, lo cierto es que en Sonora tenemos nuestra propia respuesta, o nuestra versión, que se encuentra entre lo más vistoso que proporcionan las especies endémicas de nuestro estado; se trata del guayacán.

Nativo de las regiones áridas de México, durante la mayor parte del año puede pasar desapercibido, pero este árbol se convierte en un espectáculo durante los meses de primavera cuando sus flores en colores azul y morado cubren su follaje verde, volviéndolo una vista única entre la vegetación del desierto.

Aunque es lo llamativo de sus colores lo primero que salta a la vista, el árbol del que todo el mundo está hablando no es solamente una cara bonita, también es conocido por sus usos dentro de la medicina tradicional sonorense. A partir del tronco, particularmente de la resina o “chúcata” que produce, se pueden derivar productos utilizados para el tratamiento de una gran variedad de padecimientos como aquellos del sistema respiratorio o de la sangre.

Especialmente durante su floración, que ocurre por dos meses del año, un árbol de guayacán se convierte en un pequeño santuario para la naturaleza alrededor, sirviendo como parada de abejas y otros polinizadores que se ven atraídos por sus flores, como es el caso de las abejas. Una especie que está cercanamente relacionada con este árbol es la “mariposa del guayacán” (Kricogonia lyside), que pone sus huevos en las hojas para que al nacer sus larvas se alimenten del polen al nacer.

Se encuentra en peligro

A pesar de ser una de las vistas más peculiares del desierto sonorense, el árbol de guayacán también se está convirtiendo en una cada vez menos común. Según estiman organizaciones ambientalistas en la entidad, los números de esta especie se han reducido de forma importante.

Aunque no se sabe con seguridad el estado en el que se encuentran, podrían estar amenazados por la tala excesiva para fines ornamentales y los recientes incendios que han ocurrido en el Estado, donde también han sido alcanzados por el fuego junto a otras especies locales más populares, como el mezquite y el palo fierro, que son reproducidos en viveros de la zona con mucha mayor frecuencia.

Afortunadamente este árbol es fácil de reproducir tanto para productores como en nuestra propia casa, pues sus semillas pueden ser plantadas en suelos áridos y adaptarse a las pocas lluvias de la región. A través de la nueva demanda y mayor difusión sobre el guayacán se espera que más personas busquen tener uno en su casa y sus números se recuperen, optando por esta especie en proyectos de reforestación.

El palo fierro no se queda atrás

Otra especie que resalta entre la vegetación desértica durante ciertos periodos del año es el conocido palo fierro, que tiene su propia faceta colorida entre los meses de mayo y junio, cuando se cubre de flores rosadas. Esta especie se encuentra protegida actualmente. La flora y fauna de Sonora pueden ofrecer una variedad de formas y colores que pocos esperarían encontrar en terrenos desérticos, especialmente durante la primavera y las temporadas de lluvias.