/ viernes 13 de marzo de 2020

HMO Cuéntame tu historia | El auge del Baile Blanco y Negro

El cronista de Hermosillo narra que el evento que se realizaba en Sonora tenía su inspiración en el de la Ciudad de México; aquí estuvo Linda Carter

Una joven Linda Carter estuvo en Sonora para celebrar este tradicional evento. Esa tradición, de algún modo fue una copia del “Blanco y Negro” de la Ciudad de México, que desde 1927 se efectuaba en los salones del Country Club, que recordaban sin duda los grandes bailes de la época porfirista.

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Reseñados por Salvador Diego Fernández en una crónica de las fiestas del dictador oaxaqueño, año con año decorado con diferentes motivos, desde el arreglo plata, negro y blanco de la fiesta de 1939, hasta el “hawaiano”, de 1937, el Baile Blanco y Negro nació durante la administración del gobernador Anselmo Macías Valenzuela (1939-1943), en el Palacio de Gobierno, que se arraigó años después en los gobiernos de Álvaro Obregón Luken y Luis Encinas Johnson, y llegaría a convertirse en toda una tradición social.

Teniendo como objetivo principal la recaudación de fondos de tipo económico para la atención de familias con escasos recursos económicos, al sarao se invitaban a embajadoras de diferentes municipios, así como de otros estados de la República Mexicana e inclusive de Estados Unidos, para enmarcar el momento de la coronación de la reina que año con año se elegía, como fuel caso de Margarita Gándara Loaiza quien, en 1939, fuera electa como la primera reina del Blanco y Negro.

Quienes disfrutaron de tan relevante evento en Palacio de Gobierno o son descendientes de algunas ex reinas recuerdan en su visita al recinto oficial haber escuchado dentro de la variedad musical a importantes artistas como Pedro Vargas, Angélica María, Hugo Avendaño, Jorge Vargas, Pedro Vargas e Irma Dorantes, entre otros, así como a grandes grupos musicales como la Orquesta Bobadilla; la de los Hermanos Ureña, y la inolvidable Orquesta de Manuelito García, que tocó ni más ni menos en el primer baile de 1939, y que invariablemente alternaban con otras contratadas en el centro del país para tal evento.

En 1944, la reina del Baile Blanco y Negro fue María del Carmen Gándara, la de 1946 fue Emma Esther Holkamp Palomares y la de 1947 fue Rosita Montalvo, de Nogales, Sonora.

El comité organizador del XI baile Blanco y Negro, realizado el 18 de noviembre de 1950 en el Palacio de Gobierno, quedó integrado así: presidente honorario general de Brigada don Miguel Orrico de los Llanos, comandante de la IV Zona Militar; señor don Hilario Olea Jr., presidente municipal de Hermosillo y el señor don Luis González Cacero, presidente del Casino de Hermosillo; presidente ejecutivo, señor Adolfo Seldner; vicepresidente señor Matías Cázares; secretario profesor Horacio Soria; tesorero señor Alberto A. Morales; director de Propaganda señor José Alberto Healy; director de Recepción señor Genaro Gómez Jr.; comisionados de Recepciones señor Humberto Soto, Francisco Rogel, Alberto González, Enrique Ruibal y Gastón González.

El Baile Blanco y Negro se siguió celebrando los siguientes períodos de gobierno hasta 1975, cuando fue suspendido por el gobernador sustituto Alejandro Carrillo Marcor, siendo su última reina Lucía Woodell en 1974.

Al baile de 1970 asistió una jovencita de 19 años, de padre estadounidense con ascendencia irlandesa y madre mexicana, representando al estado de Arizona, su nombre Linda Jean Córdova Carter, quien dos años después sería Miss Mundo USA y entre 1975 a 1979 sería conocida por su interpretación de la Mujer Maravilla en la televisión con el nombre artístico de Linda Carter.

La Revista Oficial del Blanco y Negro, siempre dirigida por la señora María Cristina León de Aldrete, reseñó los momentos más trascendentes de los bailes, desde 1939. En la revista aparecieron todas las reinas del baile, entre ellas María Luisa Obregón, María del Carmen Aldrete Gándara, Emma Esther Holt Kamp, Teresita Quiroga Mazón, Emma Duarte, María Gándara, Diana Laird, Alice Smith, Albita Hoeffer Obregón, Lucina Rosette, Zulema Rashid, Patricia Schroeder Verdugo.

Durante el sexenio del gobernador Samuel Ocaña García (1979-1985) tampoco se llevó a cabo, siendo a la llegada de su sucesor, Rodolfo Félix Valdés, cuando por iniciativa de su señora esposa, Gloria Flores de Félix Valdés, se reanuda en 1986, solo que se realiza en el Casino de Hermosillo.

Gilberto Escobosa Gámez, cronista de Hermosillo en 1986, quien alguna vez rió y bailó en ese baile, se emocionó al pensar en volver a vestir su traje azul marino que llevó, en compañía de su esposa, Julieta Serrano de Escobosa, recordó que la mejor época de los bailes “Blanco y Negro”, fue en el sexenio del gobernador Luis Encinas Johnson.

Escobosa Gámez afirmó:

“Recuerdo que al “Blanco y Negro”, venía gente de todo el Estado, de todo el país y aún de Estados Unidos; se elegían reinas de California, Arizona, Sonora y Baja California y de diferentes partes de la República.

Era un evento de mucha alcurnia, de la época posrevolucionaria. Se le ha señalado como una fiesta primordialmente aristocrática, que no va con las ideas de la Revolución, pero yo no lo veo así. Yo veo bien el baile, porque está destinado a fines benéficos, su producto es bueno.

Antes, lo obtenido en el baile se destinaba a los desayunos públicos; ahora será para el DIF ¿Qué hay de malo en ello?”. “No creo que sea un escaparate para la ostentación, si hay maestros orfebres, que hacen plata y joyas, es porque son un medio de trabajo. Creo que hay que sacarle algo a la gente rica y tampoco pienso que sea un escaparate. La idea del baile es buena claro que hay otras formas de obtener dinero de la gente rica, ¿pero dígame cuál? Me parece buena idea que se haya reiniciado no soy partidario de la vanidad y de la ostentación, pero el producto, la finalidad, es el adecuado”.

Un personaje que, sin duda alguna, no podemos dejar de mencionar tanto por haber sido asiduo asistente al baile, como por su vestimenta discordante con la temática del mismo, al presentarse con atuendos de colores vivos y llamativos, fue el médico ortopedista Federico Sotelo, ex rector de la Universidad de Sonora quien asistía desde 1950.

“¿Escaparate? no lo creo yo no soy rico y voy con mi familia a los bailes. Es más escaparate un banquete servido a un primer ministro en la Secretaría de Relaciones Exteriores, en la Ciudad de México, y nadie dice nada. Aunque no hay que olvidar que el derroche se da precisamente en los períodos de crisis; es algo típico de la depresión, pero aquí, en Sonora, el baile es un incentivo para allegar fondos para la gente pobre. Es una forma indirecta de ayudar a la gente”.

El “Blanco y Negro” fue de nuevo suspendido en 2008, y en 2016 se realizó una vez más. La reina de la noche fue Marta Arteaga, quien fue coronada por la directora general del DIF Sonora, Karina Zárate Félix y la organizadora del evento Analy Loera.

Lo recaudado en el baile fue para la construcción de la Fundación Misericordia y Verdad A.c, la cual tiene estimado albergar a 80 jóvenes estudiantes universitarios que deseen culminar sus estudios, además de la gestión de becas y programas estudiantiles para el desarrollo íntegro y profesional de los estudiantes sonorenses de bajos recursos.

Una joven Linda Carter estuvo en Sonora para celebrar este tradicional evento. Esa tradición, de algún modo fue una copia del “Blanco y Negro” de la Ciudad de México, que desde 1927 se efectuaba en los salones del Country Club, que recordaban sin duda los grandes bailes de la época porfirista.

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Reseñados por Salvador Diego Fernández en una crónica de las fiestas del dictador oaxaqueño, año con año decorado con diferentes motivos, desde el arreglo plata, negro y blanco de la fiesta de 1939, hasta el “hawaiano”, de 1937, el Baile Blanco y Negro nació durante la administración del gobernador Anselmo Macías Valenzuela (1939-1943), en el Palacio de Gobierno, que se arraigó años después en los gobiernos de Álvaro Obregón Luken y Luis Encinas Johnson, y llegaría a convertirse en toda una tradición social.

Teniendo como objetivo principal la recaudación de fondos de tipo económico para la atención de familias con escasos recursos económicos, al sarao se invitaban a embajadoras de diferentes municipios, así como de otros estados de la República Mexicana e inclusive de Estados Unidos, para enmarcar el momento de la coronación de la reina que año con año se elegía, como fuel caso de Margarita Gándara Loaiza quien, en 1939, fuera electa como la primera reina del Blanco y Negro.

Quienes disfrutaron de tan relevante evento en Palacio de Gobierno o son descendientes de algunas ex reinas recuerdan en su visita al recinto oficial haber escuchado dentro de la variedad musical a importantes artistas como Pedro Vargas, Angélica María, Hugo Avendaño, Jorge Vargas, Pedro Vargas e Irma Dorantes, entre otros, así como a grandes grupos musicales como la Orquesta Bobadilla; la de los Hermanos Ureña, y la inolvidable Orquesta de Manuelito García, que tocó ni más ni menos en el primer baile de 1939, y que invariablemente alternaban con otras contratadas en el centro del país para tal evento.

En 1944, la reina del Baile Blanco y Negro fue María del Carmen Gándara, la de 1946 fue Emma Esther Holkamp Palomares y la de 1947 fue Rosita Montalvo, de Nogales, Sonora.

El comité organizador del XI baile Blanco y Negro, realizado el 18 de noviembre de 1950 en el Palacio de Gobierno, quedó integrado así: presidente honorario general de Brigada don Miguel Orrico de los Llanos, comandante de la IV Zona Militar; señor don Hilario Olea Jr., presidente municipal de Hermosillo y el señor don Luis González Cacero, presidente del Casino de Hermosillo; presidente ejecutivo, señor Adolfo Seldner; vicepresidente señor Matías Cázares; secretario profesor Horacio Soria; tesorero señor Alberto A. Morales; director de Propaganda señor José Alberto Healy; director de Recepción señor Genaro Gómez Jr.; comisionados de Recepciones señor Humberto Soto, Francisco Rogel, Alberto González, Enrique Ruibal y Gastón González.

El Baile Blanco y Negro se siguió celebrando los siguientes períodos de gobierno hasta 1975, cuando fue suspendido por el gobernador sustituto Alejandro Carrillo Marcor, siendo su última reina Lucía Woodell en 1974.

Al baile de 1970 asistió una jovencita de 19 años, de padre estadounidense con ascendencia irlandesa y madre mexicana, representando al estado de Arizona, su nombre Linda Jean Córdova Carter, quien dos años después sería Miss Mundo USA y entre 1975 a 1979 sería conocida por su interpretación de la Mujer Maravilla en la televisión con el nombre artístico de Linda Carter.

La Revista Oficial del Blanco y Negro, siempre dirigida por la señora María Cristina León de Aldrete, reseñó los momentos más trascendentes de los bailes, desde 1939. En la revista aparecieron todas las reinas del baile, entre ellas María Luisa Obregón, María del Carmen Aldrete Gándara, Emma Esther Holt Kamp, Teresita Quiroga Mazón, Emma Duarte, María Gándara, Diana Laird, Alice Smith, Albita Hoeffer Obregón, Lucina Rosette, Zulema Rashid, Patricia Schroeder Verdugo.

Durante el sexenio del gobernador Samuel Ocaña García (1979-1985) tampoco se llevó a cabo, siendo a la llegada de su sucesor, Rodolfo Félix Valdés, cuando por iniciativa de su señora esposa, Gloria Flores de Félix Valdés, se reanuda en 1986, solo que se realiza en el Casino de Hermosillo.

Gilberto Escobosa Gámez, cronista de Hermosillo en 1986, quien alguna vez rió y bailó en ese baile, se emocionó al pensar en volver a vestir su traje azul marino que llevó, en compañía de su esposa, Julieta Serrano de Escobosa, recordó que la mejor época de los bailes “Blanco y Negro”, fue en el sexenio del gobernador Luis Encinas Johnson.

Escobosa Gámez afirmó:

“Recuerdo que al “Blanco y Negro”, venía gente de todo el Estado, de todo el país y aún de Estados Unidos; se elegían reinas de California, Arizona, Sonora y Baja California y de diferentes partes de la República.

Era un evento de mucha alcurnia, de la época posrevolucionaria. Se le ha señalado como una fiesta primordialmente aristocrática, que no va con las ideas de la Revolución, pero yo no lo veo así. Yo veo bien el baile, porque está destinado a fines benéficos, su producto es bueno.

Antes, lo obtenido en el baile se destinaba a los desayunos públicos; ahora será para el DIF ¿Qué hay de malo en ello?”. “No creo que sea un escaparate para la ostentación, si hay maestros orfebres, que hacen plata y joyas, es porque son un medio de trabajo. Creo que hay que sacarle algo a la gente rica y tampoco pienso que sea un escaparate. La idea del baile es buena claro que hay otras formas de obtener dinero de la gente rica, ¿pero dígame cuál? Me parece buena idea que se haya reiniciado no soy partidario de la vanidad y de la ostentación, pero el producto, la finalidad, es el adecuado”.

Un personaje que, sin duda alguna, no podemos dejar de mencionar tanto por haber sido asiduo asistente al baile, como por su vestimenta discordante con la temática del mismo, al presentarse con atuendos de colores vivos y llamativos, fue el médico ortopedista Federico Sotelo, ex rector de la Universidad de Sonora quien asistía desde 1950.

“¿Escaparate? no lo creo yo no soy rico y voy con mi familia a los bailes. Es más escaparate un banquete servido a un primer ministro en la Secretaría de Relaciones Exteriores, en la Ciudad de México, y nadie dice nada. Aunque no hay que olvidar que el derroche se da precisamente en los períodos de crisis; es algo típico de la depresión, pero aquí, en Sonora, el baile es un incentivo para allegar fondos para la gente pobre. Es una forma indirecta de ayudar a la gente”.

El “Blanco y Negro” fue de nuevo suspendido en 2008, y en 2016 se realizó una vez más. La reina de la noche fue Marta Arteaga, quien fue coronada por la directora general del DIF Sonora, Karina Zárate Félix y la organizadora del evento Analy Loera.

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