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Tras ser defraudados por Duarte empresa poblana busca iluminar muro

  • El Sol de Puebla
  • en México

Por Carolina Vega

La ambición de la empresa poblana EcoVelocity de participar en la construcción del muro fronterizo ha terminado casi antes de empezar. Su propietario, Theodore Nicholas Atalla, recibió ya la negativa por parte del gobierno estadounidense, que permitiría sólo a sus firmas nacionales la intervención en el mayor proyecto de Donald Trump.

“Era una oportunidad… Y luego ¡moles! Me dieron en la torre”. Con marcado acento de Estados Unidos, país al que se mudó desde Egipto con sólo seis años, Atalla lamenta su sueño frustrado: iluminar el muro que separará esa nación de México con luces LED fabricadas en Puebla.

Desde el umbral de su casa, que le sirve también de oficina, ubicada en un fraccionamiento residencial de la ciudad de Puebla, Atalla explica con voz cansada cómo hace dos semanas se decidió a participar en la convocatoria lanzada por el gobierno estadounidense, a través de su Departamento de Seguridad Interior, para la edificación de la obra impulsada por el presidente Trump.

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EcoVelocity era entonces una pequeña compañía dedicada a la iluminación comercial e industrial pero dispuesta, como recalca su página web, a ejecutar cualquier proyecto “relacionado con la industria mexicana ayudando así a fortalecer nuestro país”. Sólo 14 días después se ha convertido, según medios internacionales, en la única empresa mexicana, de más de 600 aspirantes, que quiso contribuir a la ejecución de la polémica cimentación.

El egipcio no se siente traidor a la patria de su esposa, nacida en Puebla, ni ha recibido comentarios despectivos por su decisión. Aprovecha para subrayar, además, que su intención era iluminar el muro desde México, para los mexicanos. “Todos –los periodistas- me hablaron, ustedes me hablaron, incluso mi esposa me felicitó”, comenta.

Lo defraudó gobierno de Duarte

Sus motivos para querer participar son, explica, económicos. La firma nació en 2013, poco después de que Atalla se mudara a Puebla. Después de jubilarse en Estados Unidos de una carrera fructífera en la ingeniería civil, quiso iniciar su propia sociedad, que se desarrolló con notables ventas hasta que se topó con el gobierno de Veracruz, encabezado por el ahora prófugo de la justicia Javier Duarte.

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“Hemos tenido unas ventas chiquitas aquí en Puebla, luego nos metimos con el gobierno –de Veracruz- y nos quemó bien feo”, protesta. “Nos salieron debiendo un montón de dinero, después de que nos apuramos, les dimos los LED y todo, y nos dijeron que nos iban a pagar, que nos iban a pagar… y se fueron todos”.

Tras el tropiezo con el gobierno veracruzano, otra empresa poblana les prometió la instalación eléctrica de un salón social. Dos meses después Atalla aún no ha visto los planos. “Hay mucha corrupción (…) Tengo una larga historia con México, me gusta la gente de México”, justifica.

El hartazgo de Atalla con las autoridades mexicanas contrasta con la esperanza depositada en Trump. Las medidas proteccionistas al comercio bilateral, como la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), favorecerán, confía, al país donde actualmente reside.
“¿A quién benefició –el tratado-? Los mexicanos tienen chamba pero es miserable”, sentencia. “A lo mejor un pobre que no tenga nada de dinero llega a los 200 pesos al día para ayudar a su familia y cree que es lo máximo. Pero ¿realmente qué le dieron? Eso es lo que me molesta, hay mucha gente sufriendo, tengo muchos amigos aquí y no los tratan justamente”.

Precisamente, una medida comercial proteccionista – “Dicen que tiene que ser producto americano a fuerza”, rememora- le impedirá recibir parte de las ganancias de la megaobra de Trump. Aun así, Atalla promete no rendirse. “Voy a solicitar a las empresas constructoras –estadounidense- a ver si me dan trabajo porque no tengo nada de trabajo”, afirma. “Quería presupuestar algo de México, no me dieron chance”.