/ jueves 10 de diciembre de 2020

Hoteles de París abren sus puertas a indigentes y migrantes

Ante la falta de huéspedes, algunos alojamientos abrieron sus puertas para apoyar a migrantes y personas sin hogar

PARÍS. En tiempos normales, el Hotel Avenir Montmartre es un imán turístico con sus vistas a la Torre Eiffel y la basílica del Sacré Coeur, pero el Covid-19 ha asustado a los huéspedes habituales. En cambio, el hotel ha abierto sus puertas a las personas sin hogar.

La dirección del hotel parisino ha cedido sus habitaciones durante un año a la organización benéfica para personas sin hogar Emmaüs Solidarité, que las usa ahora para alojar a personas que de otro modo estarían en la calle.

Si no fuera por su habitación en el hotel, Ibrahim, un solicitante de asilo de Mali, estaría durmiendo en las cocinas de los restaurantes donde realiza trabajos ocasionales o, en su defecto, al aire libre.

“Cuando acababa de llegar (a París), no conocía a nadie. Me movía por viviendas temporales, a veces dormía en la cocina, o al lado del cubo de la basura”, dijo.

“Algunos días encuentro un trabajo pequeño, y gano unos 40 euros, 30 euros, 50 euros y salgo. Cuando encuentro estos trabajos, pago un hotel, que cuesta 30 euros, para pasar la noche. Pero no puedo hacer esto toda mi vida”, señaló.

Bruno Morel, director general de la Organización No Gubernamental Emmaus Solidarite / Foto: Reuters

En el Hotel Avenir Montmartre, el costo de su habitación lo cubre la organización benéfica. Los residentes reciben tres comidas al día en la sala de desayunos del hotel, y cada habitación tiene un televisor y un baño con ducha.

Para la organización benéfica, el hotel ofrece una base segura desde la que pueden intentar ayudar a reconstruir las vidas de los residentes. La organización cubre los costos con ayuda del gobierno.

Muchos residentes tienen enfermedades físicas o mentales por vivir en la calle y el trauma que han experimentado, dijo el director general de Emmaüs, Bruno Morel. La organización benéfica tiene como objetivo ayudarles a romper el ciclo de la falta de vivienda, dijo.

“El día que llegué, dije, ¡genial!”, afirmó Ibrahim respecto al hotel. “Veo el futuro. Llegará el día en que mi vida cambiará”.

RESISTENCIA

La pandemia aprieta, pero no ahoga al legendario hotel Sacher, de Viena, que, sin apenas huéspedes debido al coronavirus, intenta sobrevivir gracias su larga historia de resiliencia e iniciativas innovadoras, como proponer para llevar su famosísimo pastel de chocolate.

Desde la llegada de la pandemia a Austria, el hotel, ubicado frente a la Ópera, atraviesa la crisis amparado en su vieja tradición imperial.

“Muchas pruebas hemos superado desde la creación de la marca, y nuestra familia sigue pensando en el largo plazo” explica a la AFP su director general, Matthias Winkler. Los buenos resultados de los años precedentes y las ayudas publicas permiten compensar en parte la ausencia de su habitual rica clientela de corte internacional.

En tiempos normales, esta clientela garantiza el 92 por ciento de las 23 mil pernoctaciones anuales en las 152 habitaciones y refinadas 'suites' del Sacher, cuyo precio en baja temporada oscila entre 400 y dos mil 300 euros.

Como ocurre con todos los hoteles del país, el Sacher solamente está ahora abierto para los rarísimos viajes de negocios autorizados.

El Hotel Avenir Montmartre cuenta con 42 habitaciones para indigentes, que estarán disponibles por 12 meses / Foto: Reuters

EPOPEYA

El origen de la epopeya del Sacher remonta a 1832, con mucho cacao y lo necesario de crema chantilly. Un joven repostera, Franz Sacher, recibe el pedido de un pastel, que causará furor en la corte, y 44 años más tarde, su hijo abre el actual hotel, pero es a su visionaria esposa a quien el establecimiento le debe su fama.

Jefes de orquesta, banqueros, escritores, políticos, condes o empresarios, impecablemente vestidos, se precian todos de ir a bailar, a festejar o alojarse en el hotel “de Anna”

Dos guerras mundiales y la caída de los Habsburgo no interrumpen esas mundanas celebraciones. Romy Schneider, Nureyev, el príncipe Carlos, Jessye Norman... El lobby se sigue llenando de fotos dedicadas de personajes legendarios.

Al cabo de las décadas, el hotel crece. Ahora, ocupa seis edificios en Viena.

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PARÍS. En tiempos normales, el Hotel Avenir Montmartre es un imán turístico con sus vistas a la Torre Eiffel y la basílica del Sacré Coeur, pero el Covid-19 ha asustado a los huéspedes habituales. En cambio, el hotel ha abierto sus puertas a las personas sin hogar.

La dirección del hotel parisino ha cedido sus habitaciones durante un año a la organización benéfica para personas sin hogar Emmaüs Solidarité, que las usa ahora para alojar a personas que de otro modo estarían en la calle.

Si no fuera por su habitación en el hotel, Ibrahim, un solicitante de asilo de Mali, estaría durmiendo en las cocinas de los restaurantes donde realiza trabajos ocasionales o, en su defecto, al aire libre.

“Cuando acababa de llegar (a París), no conocía a nadie. Me movía por viviendas temporales, a veces dormía en la cocina, o al lado del cubo de la basura”, dijo.

“Algunos días encuentro un trabajo pequeño, y gano unos 40 euros, 30 euros, 50 euros y salgo. Cuando encuentro estos trabajos, pago un hotel, que cuesta 30 euros, para pasar la noche. Pero no puedo hacer esto toda mi vida”, señaló.

Bruno Morel, director general de la Organización No Gubernamental Emmaus Solidarite / Foto: Reuters

En el Hotel Avenir Montmartre, el costo de su habitación lo cubre la organización benéfica. Los residentes reciben tres comidas al día en la sala de desayunos del hotel, y cada habitación tiene un televisor y un baño con ducha.

Para la organización benéfica, el hotel ofrece una base segura desde la que pueden intentar ayudar a reconstruir las vidas de los residentes. La organización cubre los costos con ayuda del gobierno.

Muchos residentes tienen enfermedades físicas o mentales por vivir en la calle y el trauma que han experimentado, dijo el director general de Emmaüs, Bruno Morel. La organización benéfica tiene como objetivo ayudarles a romper el ciclo de la falta de vivienda, dijo.

“El día que llegué, dije, ¡genial!”, afirmó Ibrahim respecto al hotel. “Veo el futuro. Llegará el día en que mi vida cambiará”.

RESISTENCIA

La pandemia aprieta, pero no ahoga al legendario hotel Sacher, de Viena, que, sin apenas huéspedes debido al coronavirus, intenta sobrevivir gracias su larga historia de resiliencia e iniciativas innovadoras, como proponer para llevar su famosísimo pastel de chocolate.

Desde la llegada de la pandemia a Austria, el hotel, ubicado frente a la Ópera, atraviesa la crisis amparado en su vieja tradición imperial.

“Muchas pruebas hemos superado desde la creación de la marca, y nuestra familia sigue pensando en el largo plazo” explica a la AFP su director general, Matthias Winkler. Los buenos resultados de los años precedentes y las ayudas publicas permiten compensar en parte la ausencia de su habitual rica clientela de corte internacional.

En tiempos normales, esta clientela garantiza el 92 por ciento de las 23 mil pernoctaciones anuales en las 152 habitaciones y refinadas 'suites' del Sacher, cuyo precio en baja temporada oscila entre 400 y dos mil 300 euros.

Como ocurre con todos los hoteles del país, el Sacher solamente está ahora abierto para los rarísimos viajes de negocios autorizados.

El Hotel Avenir Montmartre cuenta con 42 habitaciones para indigentes, que estarán disponibles por 12 meses / Foto: Reuters

EPOPEYA

El origen de la epopeya del Sacher remonta a 1832, con mucho cacao y lo necesario de crema chantilly. Un joven repostera, Franz Sacher, recibe el pedido de un pastel, que causará furor en la corte, y 44 años más tarde, su hijo abre el actual hotel, pero es a su visionaria esposa a quien el establecimiento le debe su fama.

Jefes de orquesta, banqueros, escritores, políticos, condes o empresarios, impecablemente vestidos, se precian todos de ir a bailar, a festejar o alojarse en el hotel “de Anna”

Dos guerras mundiales y la caída de los Habsburgo no interrumpen esas mundanas celebraciones. Romy Schneider, Nureyev, el príncipe Carlos, Jessye Norman... El lobby se sigue llenando de fotos dedicadas de personajes legendarios.

Al cabo de las décadas, el hotel crece. Ahora, ocupa seis edificios en Viena.

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