/ domingo 17 de marzo de 2019

Al bat | Quién fue Celerino Sánchez

— Con Naranjeros de Hermosillo lució en su franela el No. 14; con los Yanquis de Nueva York, el 10.


La nueva generación de aficionados al beisbol, e incluso gran cantidad de peloteros de esta época no tuvieron el privilegio de ver jugar al gran “Comanche”, como fue conocido Celerino Sánchez cuando se instaló en Ligas Mayores con los Yanquis de Nueva York.

Su presencia como tercera base, brazo de cañón y bateo por demás efectivo, le hizo trascender en la historia de este deporte como un jugador top en cualquier circuito donde vio acción.

En nuestra pelota invernal, con Naranjeros especialmente, fue algo por demás especial y siempre se la ha recordado luciendo su No. 14 en su jersey.

Celerino se convirtió en su tiempo en un sensacional tercera base en la Liga Mexicana durante 13 temporadas y 11 en la Mexicana del Pacífico, además de impactar en Series del Caribe con actuaciones que le hicieron llegar a los Mulos del Bronx.

Fue conceptuado como un antesalista con gran seguridad y potencia al hacer sus tiros a las bases. Fue de personalidad tranquila/calmada, pero de toda entrega y seguro en situaciones difíciles del juego.

Su única debilidad durante su trayectoria fue la tendencia a lastimarse, con lo que reducía su participación en el terreno de juego.

Veamos que sucedió con antes de que debutara con los Venados de Mazatlán (1965-66) y luego a la siguiente temporada con los Naranjeros de Hermosillo.


No lo valoraban…

Hay un detalle muy interesante en los inicios de Celerino:

Cuando se presentó a mediados de los sesenta a los entrenamientos de un equipo de la Liga Metropolitana (Guillete), no lo quisieron contratar. Incluso, en el campo de entrenamiento de los Tigres del México tampoco le hacían caso.

Celerino procedía del campo rural de la costa veracruzana: El Guayabal, Veracruz, su tierra natal el 3 de febrero de 1944, un rancho del municipio de Paso de Ovejas.

Fue finalmente el coach de los Tigres, Jesús “El Pulga” Robles, quien lo recomendó a la organización felina donde llamó la atención por su poderoso brazo, siendo enviado a foguearse a diversos circuitos menores y al término de cada temporada jugaba algunos partidos con los Tigres.

Por ejemplo, en la Liga Central bateó .354, 16 cuadrangulares y 72 impulsadas; luego en la Tabasqueña, con Tabasco (.330, tres jonrones y 55 CP).

También incursionó en el beisbol de EU con los Turistas de Asheville, sucursal de los Astros en la Liga de Carolina donde pegó para .233, ocho jonrones y 20 producidas y al siguiente año con Greensboro (.321-2HR y 9CP en 18 partidos).

Sin embargo, cuando en la Tabasqueña bateó .448, 50 dobles, 21 triples y 7 vuelacercas para ganarse el “Bat de Plata” por tener el porcentaje más alto de todas las Ligas Menores, los Tigres finalmente aceptaron que ya estaba más que listo para ser el titular con el equipo capitalino. Ese galardón se lo entregaron precisamente cuando vio acción con los Turistas de Asheville.

Para 1967 Celerino ya estaba en la capital del país y con los Tigres jugaría 88 partidos, en ocasiones de primera, ya que eran los años en que tenían el “cuadro del millón” con Armando Murillo en tercera, Fernando Remes de short, Arnoldo “Kilo” Castro en la segunda y Rubén Esquivias de primera.

Sin embargo, todo cambió a partir del 69 al ganarse la titularidad promediando .314 ¡con 20 jonrones y 88 impulsadas!, llamando la atención del buscador de la Gran Carpa, Chuck Genovese, por cierto el primer mánager en la historia de los Tigres de México.

Al siguiente año el veracruzano que se caracterizó por ser más bien bateador de líneas, logro .345 y diez jonrones, llegando entonces lo que fue su mejor temporada con el equipo logrando los números que ya le cité.


Anunció su retiro

Pero fíjese qué cosa: terminando la campaña del 71 con los Tigres, sorpresivamente anunció su adiós al beisbol para dedicarse a unos negocios en compañía de su esposa Lorena.

La noticia la dio el 8 de agosto al término del juego que tuvieron contra los Leones de Yucatán en el Parque del Seguro Social, accediendo a los deseos de un fotógrafo para tomarle unas imágenes durante sus últimos momentos en el vestidor… antes de colgar sus spikes y uniforme.

¡Se iba en los momentos en que estaba en los cuernos de la Luna!

Que si impactó con aquella decisión, la que prolongó 32 días hasta que Arcadio Valenzuela, entonces presidente de los Naranjeros de Hermosillo, fue hasta la Ciudad de México para convencerlo de que su lugar estaba todavía en la pelota.

Celerino había sorprendido a todos, quizá como estrategia para lograr un mejor contrato con los Naranjeros, después de su notable actuación en la primera incursión que tuvo en 1971 (Naranjeros en Series del Caribe.

En aquel histórico clásico tuvo relevante actuación al coronarse campeón jonronero (3) y productor de carreras (9), asombrando con su excelentísimo fildeo y potente brazo desde la tercera base.

Además, promedió .407 para ser el mejor del torneo donde obviamente fue incluido en el Equipo Ideal.

Incluso, con los Tigres había tenido lo que fue su mejor campaña de aquella época al promediar .368, dar 15 de vuelta entera e impulsar y 79 carreras, siendo el campeón en slugging con .572…. ¡imagínese!


¡A los Yanquis!

Por todo su potencial y capacidad manifiesta, Celerino llamaba en 1971 poderosamente la atención tanto de los Reales de Kansas City, Cachorros de Chicago, Padres de San Diego, Mets y Yanquis de NY, toda vez ya estaba cotizado como el mejor tercera base mexicano por su fuerte bateo, brazo y seguro fildeo.

Junto con Aurelio Rodríguez, quien ya era todo un estelar con los Tigres de Detroit (jugó con ellos 9 campañas/Guante de oro en 1976) en aquellos días “Cele” tenía uno de los brazos más potentes de su tiempo.

Fueron los Reales los que primer lanzaron el anzuelo en el momento en que era el titular de la esquina caliente con los Tigres dirigidos por José Luis “Chito” García: mostraron un cheque al portador de 40 mil dólares, queriéndose también llevar en la negociación a Luis Lagunas. Empero, falló la negociación.

Más tarde, gracias a la recomendación hecha por el gran colega Tomas Morales, en ese tiempo buscador de los Yankees, llegó a la histórica franquicia.

Clete (Cletis) Boyer ya no estaba con ellos y les había fallado Rick Mckinney, procedente de las Medias Blancas de Chicago a cambio del pitcher Stan Bahnsen, de modo que les urgía un defensor de la esquina caliente, por lo que con 30 mil dólares y Ossie Chavarría —jugaría después con Hermosillo— se hizo el cambalache para la felicidad del jarocho.


En esos días, Peralta tenía un team con sólo jugadores mexicanos, por lo que envió a Chavarría a los Cafeteros de Córdoba de Roberto y Chara Mansur donde el panameño ayudó en gran forma a obtener el banderín en el primer año de expansión del equipo veracruzano. (Continuará).

— Con Naranjeros de Hermosillo lució en su franela el No. 14; con los Yanquis de Nueva York, el 10.


La nueva generación de aficionados al beisbol, e incluso gran cantidad de peloteros de esta época no tuvieron el privilegio de ver jugar al gran “Comanche”, como fue conocido Celerino Sánchez cuando se instaló en Ligas Mayores con los Yanquis de Nueva York.

Su presencia como tercera base, brazo de cañón y bateo por demás efectivo, le hizo trascender en la historia de este deporte como un jugador top en cualquier circuito donde vio acción.

En nuestra pelota invernal, con Naranjeros especialmente, fue algo por demás especial y siempre se la ha recordado luciendo su No. 14 en su jersey.

Celerino se convirtió en su tiempo en un sensacional tercera base en la Liga Mexicana durante 13 temporadas y 11 en la Mexicana del Pacífico, además de impactar en Series del Caribe con actuaciones que le hicieron llegar a los Mulos del Bronx.

Fue conceptuado como un antesalista con gran seguridad y potencia al hacer sus tiros a las bases. Fue de personalidad tranquila/calmada, pero de toda entrega y seguro en situaciones difíciles del juego.

Su única debilidad durante su trayectoria fue la tendencia a lastimarse, con lo que reducía su participación en el terreno de juego.

Veamos que sucedió con antes de que debutara con los Venados de Mazatlán (1965-66) y luego a la siguiente temporada con los Naranjeros de Hermosillo.


No lo valoraban…

Hay un detalle muy interesante en los inicios de Celerino:

Cuando se presentó a mediados de los sesenta a los entrenamientos de un equipo de la Liga Metropolitana (Guillete), no lo quisieron contratar. Incluso, en el campo de entrenamiento de los Tigres del México tampoco le hacían caso.

Celerino procedía del campo rural de la costa veracruzana: El Guayabal, Veracruz, su tierra natal el 3 de febrero de 1944, un rancho del municipio de Paso de Ovejas.

Fue finalmente el coach de los Tigres, Jesús “El Pulga” Robles, quien lo recomendó a la organización felina donde llamó la atención por su poderoso brazo, siendo enviado a foguearse a diversos circuitos menores y al término de cada temporada jugaba algunos partidos con los Tigres.

Por ejemplo, en la Liga Central bateó .354, 16 cuadrangulares y 72 impulsadas; luego en la Tabasqueña, con Tabasco (.330, tres jonrones y 55 CP).

También incursionó en el beisbol de EU con los Turistas de Asheville, sucursal de los Astros en la Liga de Carolina donde pegó para .233, ocho jonrones y 20 producidas y al siguiente año con Greensboro (.321-2HR y 9CP en 18 partidos).

Sin embargo, cuando en la Tabasqueña bateó .448, 50 dobles, 21 triples y 7 vuelacercas para ganarse el “Bat de Plata” por tener el porcentaje más alto de todas las Ligas Menores, los Tigres finalmente aceptaron que ya estaba más que listo para ser el titular con el equipo capitalino. Ese galardón se lo entregaron precisamente cuando vio acción con los Turistas de Asheville.

Para 1967 Celerino ya estaba en la capital del país y con los Tigres jugaría 88 partidos, en ocasiones de primera, ya que eran los años en que tenían el “cuadro del millón” con Armando Murillo en tercera, Fernando Remes de short, Arnoldo “Kilo” Castro en la segunda y Rubén Esquivias de primera.

Sin embargo, todo cambió a partir del 69 al ganarse la titularidad promediando .314 ¡con 20 jonrones y 88 impulsadas!, llamando la atención del buscador de la Gran Carpa, Chuck Genovese, por cierto el primer mánager en la historia de los Tigres de México.

Al siguiente año el veracruzano que se caracterizó por ser más bien bateador de líneas, logro .345 y diez jonrones, llegando entonces lo que fue su mejor temporada con el equipo logrando los números que ya le cité.


Anunció su retiro

Pero fíjese qué cosa: terminando la campaña del 71 con los Tigres, sorpresivamente anunció su adiós al beisbol para dedicarse a unos negocios en compañía de su esposa Lorena.

La noticia la dio el 8 de agosto al término del juego que tuvieron contra los Leones de Yucatán en el Parque del Seguro Social, accediendo a los deseos de un fotógrafo para tomarle unas imágenes durante sus últimos momentos en el vestidor… antes de colgar sus spikes y uniforme.

¡Se iba en los momentos en que estaba en los cuernos de la Luna!

Que si impactó con aquella decisión, la que prolongó 32 días hasta que Arcadio Valenzuela, entonces presidente de los Naranjeros de Hermosillo, fue hasta la Ciudad de México para convencerlo de que su lugar estaba todavía en la pelota.

Celerino había sorprendido a todos, quizá como estrategia para lograr un mejor contrato con los Naranjeros, después de su notable actuación en la primera incursión que tuvo en 1971 (Naranjeros en Series del Caribe.

En aquel histórico clásico tuvo relevante actuación al coronarse campeón jonronero (3) y productor de carreras (9), asombrando con su excelentísimo fildeo y potente brazo desde la tercera base.

Además, promedió .407 para ser el mejor del torneo donde obviamente fue incluido en el Equipo Ideal.

Incluso, con los Tigres había tenido lo que fue su mejor campaña de aquella época al promediar .368, dar 15 de vuelta entera e impulsar y 79 carreras, siendo el campeón en slugging con .572…. ¡imagínese!


¡A los Yanquis!

Por todo su potencial y capacidad manifiesta, Celerino llamaba en 1971 poderosamente la atención tanto de los Reales de Kansas City, Cachorros de Chicago, Padres de San Diego, Mets y Yanquis de NY, toda vez ya estaba cotizado como el mejor tercera base mexicano por su fuerte bateo, brazo y seguro fildeo.

Junto con Aurelio Rodríguez, quien ya era todo un estelar con los Tigres de Detroit (jugó con ellos 9 campañas/Guante de oro en 1976) en aquellos días “Cele” tenía uno de los brazos más potentes de su tiempo.

Fueron los Reales los que primer lanzaron el anzuelo en el momento en que era el titular de la esquina caliente con los Tigres dirigidos por José Luis “Chito” García: mostraron un cheque al portador de 40 mil dólares, queriéndose también llevar en la negociación a Luis Lagunas. Empero, falló la negociación.

Más tarde, gracias a la recomendación hecha por el gran colega Tomas Morales, en ese tiempo buscador de los Yankees, llegó a la histórica franquicia.

Clete (Cletis) Boyer ya no estaba con ellos y les había fallado Rick Mckinney, procedente de las Medias Blancas de Chicago a cambio del pitcher Stan Bahnsen, de modo que les urgía un defensor de la esquina caliente, por lo que con 30 mil dólares y Ossie Chavarría —jugaría después con Hermosillo— se hizo el cambalache para la felicidad del jarocho.


En esos días, Peralta tenía un team con sólo jugadores mexicanos, por lo que envió a Chavarría a los Cafeteros de Córdoba de Roberto y Chara Mansur donde el panameño ayudó en gran forma a obtener el banderín en el primer año de expansión del equipo veracruzano. (Continuará).

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