/ viernes 28 de junio de 2024

El Espectador | Los expedientes del caso Rojo de la Vega

A casi dos meses de aquel ataque armado del que fue víctima la hoy gobernante electa de la alcaldía Cuauhtémoc de la CDMX, Alessandra Rojo de la Vega, se tienen más dudas que respuestas; esto porque en las averiguaciones que llevan a cabo las diferentes instancias capitalinas se acumulan cada vez más las inconsistencias. Para muestra un botón, o mejor dicho una motocicleta; pues según lo registrado en el expediente más reciente sobre el tema, al que tuvo total acceso esta columna, el vehículo que habrían utilizado los atacantes en los hechos de aquel 11 de mayo ha cambiado, por lo menos en el papel, hasta cuatro veces de color.

De acuerdo con las pesquisas que llevan a cabo la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX y la Agencia de Atención Especializada de la CGIT, de la Fiscalía General de Justicia, la motocicleta que se encuentra bajo resguardo en el depósito, sin registro de la cadena de custodia por cierto, es de “color rojo con blanco y con algunos motivos negros”.

Inicialmente, el seguimiento para dar con los responsables se había realizado sobre una motocicleta “color negro con rojo, sin luces traseras”; luego quedó documentado en la carpeta que la moto en cuestión era de “color blanco con detalles en color rojo”; mientras que en un tercer reporte la moto a la que se refirió la autoridad capitalina era “completamente roja”. Otro dato extraño es que, aunque inmediatamente después del atentado Rojo de la Vega acudió a levantar denuncia ante la Fiscalía de Investigación Estratégica del delito de Homicidio, la investigación se asignó unos días después a la Secretaría que lleva Pablo Vázquez y a la Agencia de Atención Especializada de la CGIT, de Erika Montebello Guevara.

La polémica radica en que el mencionado equipo es exactamente el mismo que se ha encargado de integrar los expedientes del llamado “cártel inmobiliario” contra los panistas de la alcaldía Benito Juárez; éste un caso que, aunque tiene en el Reclusorio Norte al exalcalde Christian Von Roehrich, está plagado también de intereses políticos. Sobre el mismo asunto, para esta columna se confirmó que se avecinan nuevas aprehensiones y cateos; por ejemplo, actualmente existe una orden para llevar ante la autoridad a Brandon “N”, quien supuestamente habría pagado por sus servicios a Juan David “N”, presunto autor material del ataque.

El mencionado nombre se habría encontrado luego de una extracción telefónica del móvil del atacante; una muy rara extracción, porque contrario a lo que suele verse en este tipo de indagatorias, en las que se presentan las pantallas y conversaciones completas, la carpeta incluye únicamente supuestos mensajes que fueron vaciados en una tabla de Excel y no se incluye la geolocalización ni los números telefónicos de los dispositivos en cuestión.

Resulta entonces que existen todavía hipótesis del atentado que no se pueden.

amarrar o, en el peor de los casos, que se buscan amarrar con pruebas que carecen de solidez. Sin duda, las autoridades tienen mucho trabajo todavía por hacer en las investigaciones de ese caso, a las que deben imprimirles los mayores índices de credibilidad.

A casi dos meses de aquel ataque armado del que fue víctima la hoy gobernante electa de la alcaldía Cuauhtémoc de la CDMX, Alessandra Rojo de la Vega, se tienen más dudas que respuestas; esto porque en las averiguaciones que llevan a cabo las diferentes instancias capitalinas se acumulan cada vez más las inconsistencias. Para muestra un botón, o mejor dicho una motocicleta; pues según lo registrado en el expediente más reciente sobre el tema, al que tuvo total acceso esta columna, el vehículo que habrían utilizado los atacantes en los hechos de aquel 11 de mayo ha cambiado, por lo menos en el papel, hasta cuatro veces de color.

De acuerdo con las pesquisas que llevan a cabo la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX y la Agencia de Atención Especializada de la CGIT, de la Fiscalía General de Justicia, la motocicleta que se encuentra bajo resguardo en el depósito, sin registro de la cadena de custodia por cierto, es de “color rojo con blanco y con algunos motivos negros”.

Inicialmente, el seguimiento para dar con los responsables se había realizado sobre una motocicleta “color negro con rojo, sin luces traseras”; luego quedó documentado en la carpeta que la moto en cuestión era de “color blanco con detalles en color rojo”; mientras que en un tercer reporte la moto a la que se refirió la autoridad capitalina era “completamente roja”. Otro dato extraño es que, aunque inmediatamente después del atentado Rojo de la Vega acudió a levantar denuncia ante la Fiscalía de Investigación Estratégica del delito de Homicidio, la investigación se asignó unos días después a la Secretaría que lleva Pablo Vázquez y a la Agencia de Atención Especializada de la CGIT, de Erika Montebello Guevara.

La polémica radica en que el mencionado equipo es exactamente el mismo que se ha encargado de integrar los expedientes del llamado “cártel inmobiliario” contra los panistas de la alcaldía Benito Juárez; éste un caso que, aunque tiene en el Reclusorio Norte al exalcalde Christian Von Roehrich, está plagado también de intereses políticos. Sobre el mismo asunto, para esta columna se confirmó que se avecinan nuevas aprehensiones y cateos; por ejemplo, actualmente existe una orden para llevar ante la autoridad a Brandon “N”, quien supuestamente habría pagado por sus servicios a Juan David “N”, presunto autor material del ataque.

El mencionado nombre se habría encontrado luego de una extracción telefónica del móvil del atacante; una muy rara extracción, porque contrario a lo que suele verse en este tipo de indagatorias, en las que se presentan las pantallas y conversaciones completas, la carpeta incluye únicamente supuestos mensajes que fueron vaciados en una tabla de Excel y no se incluye la geolocalización ni los números telefónicos de los dispositivos en cuestión.

Resulta entonces que existen todavía hipótesis del atentado que no se pueden.

amarrar o, en el peor de los casos, que se buscan amarrar con pruebas que carecen de solidez. Sin duda, las autoridades tienen mucho trabajo todavía por hacer en las investigaciones de ese caso, a las que deben imprimirles los mayores índices de credibilidad.