/ lunes 2 de octubre de 2023

Paréntesis | Periodismo cultural en Sonora: ¿Desde cuándo, dónde y para qué?

Alonso Vidal nos comparte en la séptima entrega de Paréntesis, la importancia del periodismo cultural en Sonora y su evolución

A propósito de Contar(nos), 5to Festival Internacional de Periodismo y Nuevas Narrativas, a realizarse en Hermosillo, Sonora, de 2 al 6 de octubre, dedicamos este número al Periodismo cultural con un texto póstumo del poeta y periodista cultural, Alonso Vidal (1942-2006). Con la tentación de publicar esta crónica desde hace varios años, la editora Alejandra Olay lo saca del baúl de los recuerdos del otrora suplemento Voces del Desierto para compartirlo con todas las generaciones interesadas en conocer esta historia.

A unas horas de asomarse al Siglo XXI, imaginemos al poeta frente a su máquina de escribir en la casa blanca de la calle Revolución, en el Centro de Hermosillo, concentrado en compartir su experiencia sobre la publicación de páginas y secciones dedicadas a la cultura.

Ya estamos en los 40 y en el horizonte que parece lejano una naciente generación de poetas que habrán de hacer historia en la literatura escrita en Sonora, para México y el mundo.

Lee también: Paréntesis | Mi mercado: el olor a helado y café de olla

Llegamos a los 60 y así como nacen, mueren secciones culturales en Hermosillo, Nogales, Ciudad Obregón, San Luis Río Colorado.

¿Desde cuándo, dónde y para qué?

A unas cuantas horas de haber empezado el año 2000, es tiempo de hacer un balance parcial sobre esta actividad intelectual y creadora, virtud a que el siglo XX se cerrará hasta el domingo 31 de diciembre próximo y entrará al filo de la medianoche el siglo XXI con todas sus perspectivas de cambio, sus sueños y visiones, sus letanías, los signos de la fe en la veracidad del viento, en su poder leve, ligero pero indudablemente hermenéutico. Tiempo que se agigantará merced a la tecnología galopante, robótica y globalista. Espacios en que las naciones buscarán acomodarse en el rombo virtual que les toque en suerte estructurar; su propio desarrollo para de una buena vez romper con la pobreza extrema que oprime a los más débiles. Dulzura y acidez, dolor y amor, guerra y paz, símbolos que se advierten en el horizonte posible. Ojalá sea mayor la bondad que la maldad entre los hombres y los países.

La vida da vueltas y revueltas, los años han pasado y pesan, pero el fulgor de la ganancia obtenida es la experiencia y el gozo de haber corrido, descubierto y equilibrado caminos, una urdimbre de circunstancias, situaciones a veces buenas, las más regulares y otras malas por no decir peores.

Alonso Vidal / Foto: Archivo | Horacio Valencia

Recta iba la línea, pero de pronto aparecieron los bailes, por lo que hubo de dar, sin red, el salto mortal, frente a los ojos de los riesgos. Necesarios fueron la cautela y el sigilo para edificar la certidumbre. La historia del proceso es larga, llena de vericuetos y vicisitudes, esperanzas y motivaciones.

¿Quién podrá detenerse a juzgar estéticamente ese alud de referencias, esas señales del tránsito vital?

Sólo -creo- uno que paso por ello puede arriesgarse a narrarla, desmenuzarla en su evolución, pero advirtiendo que eso sería imposible porque son muchísimos los cabos de donde partir y otros tantos por atar y volver clarísima -entendible- la tejedura.

Sin embargo un mínimo intento dará la idea de cómo afloró en la región eso de llevar al papel la inquietud creadora de los más esforzados sonorenses.

Antes de 1930 había en la región decenas de periódicos, como se puede atestiguar en el “librorelación”: Dos siglos de periodismo en Sonora, de Carlos Moncada Ochoa.

Ya para 1940 se habían establecido matutinos y vespertinos en los diferentes polos de la entidad. Se informaba en ellos preponderantemente asuntos locales, aunque muchos de ellos abrieron una rendija para informar otros de aspecto nacional y hasta mundial. En los periódicos que yo conocí, la nota roja era el caballito de batalla, y con igual o mayor despliegue el apartado para exaltar el ego, la vanidad de la alta socialité y la cursilería ¡Sobre Cultura: Cero!

De vez en vez, cuando había huecos y faltaba material suficiente, se incrustaba algún poema entresacado del “Declamador sin maestro” o “Lo mejor de la poesía universal”, con preferencia romántica del siglo XIX. Ejemplos de ello: El Pueblo, en Hermosillo y La Gaceta, de Guaymas. El Imparcial local, no hacía malos quesos.

Nuestros aedas vernáculos navegaban en las quietas aguas de Nervo, Gutiérrez Nájera, López Velarde, Juan de Dios Peza. Es legítimo y justo apuntar la labor de una mujer batalladora, Enriqueta de Parodi que abrió la ruta cultural a través de proyectos que echó a andar. Vía el Departamento de Organización Social y Cultural el gobierno brindó su apoyo. Editó la revista Cauce e implantó el Concurso del Libro Sonorese.

Los cuarenta

A mediados de los años 40 aparecen varios periódicos estudiantiles. En Ciudad Obregón, precisamente Ecos Estudiantiles aparece en 1944, con Bartolomé Delgado de León, poeta extraordinario como director.

Alonso con Cheyk y José Terán / Foto: Cortesía | Facebook Mario Rentería

En la Universidad de Sonora el primero de mayo de 1947 se edita: AXIOS, con asesoría y dirección del maestro José Jiménez Cervantes. En el número inicial aparecen poemas de Cristóbal Ojeda y Miguel Inclán.

ARIEL, de la Federación de Estudiantes de la US, dirigido por Horacio Enrique Sobarzo, a partir del 10 de abril de 1951. Era martes: se embarcaron bien. Pujante se abrió la década cincuentenaria. Por esos mismos años: Ecos Universitarios, dirigido por Miguel Ángel “Chero” Paz. Colaboraba ahí: Sergio Calderón Valdés.

Nueva generación de poetas

En el Regional de los Healy, en 1955, una mujer de polendas: Cecilia G. de Guilarte, española de tierra vascondada pone en revolución no sólo a ese diario sino a su gemelo El Imparcial. Se le ocurre a ella dar voz a la literatura circundante, nuestra. Publica ahí Mosén Francisco de Ávila, María de la Luz Valenzuela y Alicia Muñoz. Aparecen algunos de los primeros poemas de Abigael Bohórquez. Cecilia se jactaba de haberlo descubierto. No era cierto, ya el caborquense se había bautizado en otra parte. Había aquel estudiado teatro en el INBA.

A la misma empresa, dos años después, compra El Informador del Mayo, donde aparece otra página o media sobre cultura. Ahí se publicaron poemas de Sergio Calderón Valdes, y hasta con foto, corbatita de moño a la manera de Ruiz Cortines.

En 1960 ya estaba Abigael Bohórquez en Extensión Universitaria, invitado por el Licenciado Luis encinas, vía Arístides Prats. En mi Ensayo-Reportaje: Poesía Sonorense Contemporánea 1930-1985, señalo: “Puede asegurarse que en 1960 y aparece una nueva generación de poeta y escritores locales, abanderada por Abigael Bohórquez. Tiene él una preocupación, la de unir eslabones, la de atacarlos para dar el estirón. A través de colaboraciones en revistas y periódicos universitarios y Hoja de Cultura, en La Opinión, se logra conjuntar elementos, los que ya escribían y los jóvenes que llegan. Pronto también se tiene influencia a las páginas literarias que aparecen en El Regional, en Hermosillo y en El Diario del Yaqui. En este último dirigida por Carlos Moncada Ochoa y después por Bartolomé Delgado de León. Mosén Francisco de Ávila abre fuego, en media plana, en Acción, de José Pomposo Salazar, pronto se forma un haz central desde todos los confines.

Alonso Vidal 1966 con Agustín Yáñez / Foto: Archivo | Horacio Valencia

La rendija está abierta. Se inicia, o mejor, se reinicia la denodada lucha contra la incomprensión, la falta de estímulos. El mismo Bohórquez, entonces escribió: “Lydia Espinoza Acuña, Juan Manuel Corrales, Carlos Moncada, Alonso Vidal, Abel Pino y yo mismo, nos hemos traído la voz de nuestra Alma Mater. Nosotros llegamos apurados en la íntima preocupación rutinaria, en los contactos humildísimos e inconscientes con las realidades cotidianas y domésticas.

Nosotros por buena cuenta no nos hicimos en el pupitre, sino en el sufrir diario, en el interno desgaste, en el hambre, en el desenvolvimiento precoz de la infancia a manazos”.

Al grupo se agregaron dos universitarios: Sergio Calderón Valdés, de Navojoa, y Juan Eulogio Guerra, sinaloense, afincado en Obregón.

Siguen apareciendo periódicos y revistas universitarias, entre los primeros: El Bachiller, Correo Universitario, etcétera, y entre las segundas: Presente, Alma Sonot, Hacia…

Abigael casi a punto de irse a la ciudad de México (no exiliado como se ha dicho, sino por orden-invitación de Jaime Torres Bodet, para integrarse al Departamento de Teatro de INBA, donde las mandaba tocar Gilberto Cantón), me llevó con Carlos Argüelles, director de La Opinión para hacerme cargo de la Hoja de Cultura que él dejaba. Acepté. El 18 de diciembre de 1961, reinicio la tarea, optando por un nombre lo bastante ridículo y fantoche: Voces y palabras con ecos literarios. A la siguiente semana lo cambié por La Llama y la Palabra. Truena La Opinión, por cuestiones políticas. El 15 de mayo de 1963 aparece El Sonorense.

Eleazar Alonso e Ismael / Foto: Archivo | Eleazar Bórquez Moreno

Llega por estos rumbos, repatriado, poeta de la casi vieja guardia, Cristóbal Ojeda, alejado a José Alberto Healy. Se forma el grupo Academus. El domingo de agosto de 1962, en El Imparcial/El Regional, sale la página Panorama Cultural Sonorense, a mi cargo y supervisado por Ojeda. A mediados de 1963 se me invita como reportero de Sociales en El Sonorense. Compañeros: Alicia Muñoz Romero y Miguel Maldonado. Desde el principio surge la Página Cultural, a cargo de Carlos Moncada Ochoa. El grupo generacional y amigos nos reunimos a su alrededor. Ahí empieza a publicar Luis Enrique García con su personaje: OBI.

En mayo de 1964 Moncada Ochoa se retira del Diario. Tomé la estafeta y le planté de nuevo el nombre de La Llama y la Palabra (segunda época). Luis Enrique era mi segundo de a bordo. Por esa labor cultural no se nos da ni cinco centavos. Pasan infinidad de situaciones y anécdotas muy largas de contar, entre chuscas, folclóricas, tiernas y hasta riesgosas.

La Cultural de El Sonorense fallece. Fortino León Almada y Rubén Parodi salen de allá en 1966 y el 4 de enero de 1967 nace El Diario de Hermosillo. El dueño: Alberto Araque, que quería llegar a candidato a Presidente Municipal. Laboran ahí desde el principio, Javier Navarrete y José Ruelas López. Caemos por esos lares, Luis Enrique y yo. Armamos la página El minutero del Sononauta. Antes casi con nombres semejantes -Uninauta- estuvo la sección en Ariel, de la FEUS, dirigido por Milton Castellanos Gout.

Hasta allá nos alcanzó la Huelga Universitaria. En momentos la Cultural servía de bastión.

En el Diario teníamos como diseñador a Eduardo Estrada Frías, alías “El Chespirito” y a Betty Schnaider como viñetista.

A principios de los años sesenta también brota: Letras Sonorenses, costeada por el gobierno y varias empresas privadas, bajo la dirección de Arístides Prats. Aunque descontinuada la Universidad de Sonora seguía publicando su revista oficial. En el sur, el Diario del Yaqui dejaba irradiar su simpatía por lo artístico y cultural. Las hojas para esa sección estuvieron a cargo primero de Carlos Moncada y más tarde por Bartolomé Delgado de León. En tales páginas aparecían trabajos de los miembros del Grupo Ostimuri. El autor de “Yo, pues…”, también apoyó a la cultura desde la Tribuna del Yaqui y su propio periódico Claridades. Él fue el amigo, el compañero, el tutor ideal de aquel grupo que se llamó Siglo XXI, donde participaron su hijo Daniel, Bernardo Elenes Habas, Rigoberto Badilla, Jesús Antonio Salgado, entre los más destacados. Eso sucedía a finales de los 60 y muy al principio de los 70. Bartolomé murió en 1974, en septiembre.

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Bernardo se hace cargo de la hoja cultural que más tarde se convierte en dos. Nuevos nombres: Carlos Verduzco Meza, Celina López, Juan Manz Alaniz (Oro Verde), Gloria del Yaqui, Ramón Iñiguez. Este último tomó las riendas, al hacerse a un lado Elenes hasta la fecha.

Por aquellos años en San Luis Río Colorado la emprende Sergio Búrquez. En Nogales, después de Mosén Francisco de Ávila, a pesar del cacareo habitual de Oscar Monroy, “El mexicano enano”, aquello se convierte en un páramo. Monroy forma su capilla para que sus acólitos le aplaudan. En una revista católica llamada “Juventud”, da color María Rosa Montoya. Su asesor, el padre Nacho de la Torre. A finales de los 70 se funda La Voz del Norte. Cuando entra en la dirección el escritor José Terán impulsa dos páginas culturales. Abre puertas a los nogalenses, muchos escribas desconocidos, así como a gente de la zona fronteriza y hasta del centro, Hermosillo. Al llegarle al diario su muerte por agua y lodo se acabó el intento. Ya para entonces funciona la Casa de la Cultura, el Centro Issste y varios grupos en el Tec.

Continuará…

*Alonso Vidal fue un poeta, periodista y promotor cultural que falleció en 1996.

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A propósito de Contar(nos), 5to Festival Internacional de Periodismo y Nuevas Narrativas, a realizarse en Hermosillo, Sonora, de 2 al 6 de octubre, dedicamos este número al Periodismo cultural con un texto póstumo del poeta y periodista cultural, Alonso Vidal (1942-2006). Con la tentación de publicar esta crónica desde hace varios años, la editora Alejandra Olay lo saca del baúl de los recuerdos del otrora suplemento Voces del Desierto para compartirlo con todas las generaciones interesadas en conocer esta historia.

A unas horas de asomarse al Siglo XXI, imaginemos al poeta frente a su máquina de escribir en la casa blanca de la calle Revolución, en el Centro de Hermosillo, concentrado en compartir su experiencia sobre la publicación de páginas y secciones dedicadas a la cultura.

Ya estamos en los 40 y en el horizonte que parece lejano una naciente generación de poetas que habrán de hacer historia en la literatura escrita en Sonora, para México y el mundo.

Lee también: Paréntesis | Mi mercado: el olor a helado y café de olla

Llegamos a los 60 y así como nacen, mueren secciones culturales en Hermosillo, Nogales, Ciudad Obregón, San Luis Río Colorado.

¿Desde cuándo, dónde y para qué?

A unas cuantas horas de haber empezado el año 2000, es tiempo de hacer un balance parcial sobre esta actividad intelectual y creadora, virtud a que el siglo XX se cerrará hasta el domingo 31 de diciembre próximo y entrará al filo de la medianoche el siglo XXI con todas sus perspectivas de cambio, sus sueños y visiones, sus letanías, los signos de la fe en la veracidad del viento, en su poder leve, ligero pero indudablemente hermenéutico. Tiempo que se agigantará merced a la tecnología galopante, robótica y globalista. Espacios en que las naciones buscarán acomodarse en el rombo virtual que les toque en suerte estructurar; su propio desarrollo para de una buena vez romper con la pobreza extrema que oprime a los más débiles. Dulzura y acidez, dolor y amor, guerra y paz, símbolos que se advierten en el horizonte posible. Ojalá sea mayor la bondad que la maldad entre los hombres y los países.

La vida da vueltas y revueltas, los años han pasado y pesan, pero el fulgor de la ganancia obtenida es la experiencia y el gozo de haber corrido, descubierto y equilibrado caminos, una urdimbre de circunstancias, situaciones a veces buenas, las más regulares y otras malas por no decir peores.

Alonso Vidal / Foto: Archivo | Horacio Valencia

Recta iba la línea, pero de pronto aparecieron los bailes, por lo que hubo de dar, sin red, el salto mortal, frente a los ojos de los riesgos. Necesarios fueron la cautela y el sigilo para edificar la certidumbre. La historia del proceso es larga, llena de vericuetos y vicisitudes, esperanzas y motivaciones.

¿Quién podrá detenerse a juzgar estéticamente ese alud de referencias, esas señales del tránsito vital?

Sólo -creo- uno que paso por ello puede arriesgarse a narrarla, desmenuzarla en su evolución, pero advirtiendo que eso sería imposible porque son muchísimos los cabos de donde partir y otros tantos por atar y volver clarísima -entendible- la tejedura.

Sin embargo un mínimo intento dará la idea de cómo afloró en la región eso de llevar al papel la inquietud creadora de los más esforzados sonorenses.

Antes de 1930 había en la región decenas de periódicos, como se puede atestiguar en el “librorelación”: Dos siglos de periodismo en Sonora, de Carlos Moncada Ochoa.

Ya para 1940 se habían establecido matutinos y vespertinos en los diferentes polos de la entidad. Se informaba en ellos preponderantemente asuntos locales, aunque muchos de ellos abrieron una rendija para informar otros de aspecto nacional y hasta mundial. En los periódicos que yo conocí, la nota roja era el caballito de batalla, y con igual o mayor despliegue el apartado para exaltar el ego, la vanidad de la alta socialité y la cursilería ¡Sobre Cultura: Cero!

De vez en vez, cuando había huecos y faltaba material suficiente, se incrustaba algún poema entresacado del “Declamador sin maestro” o “Lo mejor de la poesía universal”, con preferencia romántica del siglo XIX. Ejemplos de ello: El Pueblo, en Hermosillo y La Gaceta, de Guaymas. El Imparcial local, no hacía malos quesos.

Nuestros aedas vernáculos navegaban en las quietas aguas de Nervo, Gutiérrez Nájera, López Velarde, Juan de Dios Peza. Es legítimo y justo apuntar la labor de una mujer batalladora, Enriqueta de Parodi que abrió la ruta cultural a través de proyectos que echó a andar. Vía el Departamento de Organización Social y Cultural el gobierno brindó su apoyo. Editó la revista Cauce e implantó el Concurso del Libro Sonorese.

Los cuarenta

A mediados de los años 40 aparecen varios periódicos estudiantiles. En Ciudad Obregón, precisamente Ecos Estudiantiles aparece en 1944, con Bartolomé Delgado de León, poeta extraordinario como director.

Alonso con Cheyk y José Terán / Foto: Cortesía | Facebook Mario Rentería

En la Universidad de Sonora el primero de mayo de 1947 se edita: AXIOS, con asesoría y dirección del maestro José Jiménez Cervantes. En el número inicial aparecen poemas de Cristóbal Ojeda y Miguel Inclán.

ARIEL, de la Federación de Estudiantes de la US, dirigido por Horacio Enrique Sobarzo, a partir del 10 de abril de 1951. Era martes: se embarcaron bien. Pujante se abrió la década cincuentenaria. Por esos mismos años: Ecos Universitarios, dirigido por Miguel Ángel “Chero” Paz. Colaboraba ahí: Sergio Calderón Valdés.

Nueva generación de poetas

En el Regional de los Healy, en 1955, una mujer de polendas: Cecilia G. de Guilarte, española de tierra vascondada pone en revolución no sólo a ese diario sino a su gemelo El Imparcial. Se le ocurre a ella dar voz a la literatura circundante, nuestra. Publica ahí Mosén Francisco de Ávila, María de la Luz Valenzuela y Alicia Muñoz. Aparecen algunos de los primeros poemas de Abigael Bohórquez. Cecilia se jactaba de haberlo descubierto. No era cierto, ya el caborquense se había bautizado en otra parte. Había aquel estudiado teatro en el INBA.

A la misma empresa, dos años después, compra El Informador del Mayo, donde aparece otra página o media sobre cultura. Ahí se publicaron poemas de Sergio Calderón Valdes, y hasta con foto, corbatita de moño a la manera de Ruiz Cortines.

En 1960 ya estaba Abigael Bohórquez en Extensión Universitaria, invitado por el Licenciado Luis encinas, vía Arístides Prats. En mi Ensayo-Reportaje: Poesía Sonorense Contemporánea 1930-1985, señalo: “Puede asegurarse que en 1960 y aparece una nueva generación de poeta y escritores locales, abanderada por Abigael Bohórquez. Tiene él una preocupación, la de unir eslabones, la de atacarlos para dar el estirón. A través de colaboraciones en revistas y periódicos universitarios y Hoja de Cultura, en La Opinión, se logra conjuntar elementos, los que ya escribían y los jóvenes que llegan. Pronto también se tiene influencia a las páginas literarias que aparecen en El Regional, en Hermosillo y en El Diario del Yaqui. En este último dirigida por Carlos Moncada Ochoa y después por Bartolomé Delgado de León. Mosén Francisco de Ávila abre fuego, en media plana, en Acción, de José Pomposo Salazar, pronto se forma un haz central desde todos los confines.

Alonso Vidal 1966 con Agustín Yáñez / Foto: Archivo | Horacio Valencia

La rendija está abierta. Se inicia, o mejor, se reinicia la denodada lucha contra la incomprensión, la falta de estímulos. El mismo Bohórquez, entonces escribió: “Lydia Espinoza Acuña, Juan Manuel Corrales, Carlos Moncada, Alonso Vidal, Abel Pino y yo mismo, nos hemos traído la voz de nuestra Alma Mater. Nosotros llegamos apurados en la íntima preocupación rutinaria, en los contactos humildísimos e inconscientes con las realidades cotidianas y domésticas.

Nosotros por buena cuenta no nos hicimos en el pupitre, sino en el sufrir diario, en el interno desgaste, en el hambre, en el desenvolvimiento precoz de la infancia a manazos”.

Al grupo se agregaron dos universitarios: Sergio Calderón Valdés, de Navojoa, y Juan Eulogio Guerra, sinaloense, afincado en Obregón.

Siguen apareciendo periódicos y revistas universitarias, entre los primeros: El Bachiller, Correo Universitario, etcétera, y entre las segundas: Presente, Alma Sonot, Hacia…

Abigael casi a punto de irse a la ciudad de México (no exiliado como se ha dicho, sino por orden-invitación de Jaime Torres Bodet, para integrarse al Departamento de Teatro de INBA, donde las mandaba tocar Gilberto Cantón), me llevó con Carlos Argüelles, director de La Opinión para hacerme cargo de la Hoja de Cultura que él dejaba. Acepté. El 18 de diciembre de 1961, reinicio la tarea, optando por un nombre lo bastante ridículo y fantoche: Voces y palabras con ecos literarios. A la siguiente semana lo cambié por La Llama y la Palabra. Truena La Opinión, por cuestiones políticas. El 15 de mayo de 1963 aparece El Sonorense.

Eleazar Alonso e Ismael / Foto: Archivo | Eleazar Bórquez Moreno

Llega por estos rumbos, repatriado, poeta de la casi vieja guardia, Cristóbal Ojeda, alejado a José Alberto Healy. Se forma el grupo Academus. El domingo de agosto de 1962, en El Imparcial/El Regional, sale la página Panorama Cultural Sonorense, a mi cargo y supervisado por Ojeda. A mediados de 1963 se me invita como reportero de Sociales en El Sonorense. Compañeros: Alicia Muñoz Romero y Miguel Maldonado. Desde el principio surge la Página Cultural, a cargo de Carlos Moncada Ochoa. El grupo generacional y amigos nos reunimos a su alrededor. Ahí empieza a publicar Luis Enrique García con su personaje: OBI.

En mayo de 1964 Moncada Ochoa se retira del Diario. Tomé la estafeta y le planté de nuevo el nombre de La Llama y la Palabra (segunda época). Luis Enrique era mi segundo de a bordo. Por esa labor cultural no se nos da ni cinco centavos. Pasan infinidad de situaciones y anécdotas muy largas de contar, entre chuscas, folclóricas, tiernas y hasta riesgosas.

La Cultural de El Sonorense fallece. Fortino León Almada y Rubén Parodi salen de allá en 1966 y el 4 de enero de 1967 nace El Diario de Hermosillo. El dueño: Alberto Araque, que quería llegar a candidato a Presidente Municipal. Laboran ahí desde el principio, Javier Navarrete y José Ruelas López. Caemos por esos lares, Luis Enrique y yo. Armamos la página El minutero del Sononauta. Antes casi con nombres semejantes -Uninauta- estuvo la sección en Ariel, de la FEUS, dirigido por Milton Castellanos Gout.

Hasta allá nos alcanzó la Huelga Universitaria. En momentos la Cultural servía de bastión.

En el Diario teníamos como diseñador a Eduardo Estrada Frías, alías “El Chespirito” y a Betty Schnaider como viñetista.

A principios de los años sesenta también brota: Letras Sonorenses, costeada por el gobierno y varias empresas privadas, bajo la dirección de Arístides Prats. Aunque descontinuada la Universidad de Sonora seguía publicando su revista oficial. En el sur, el Diario del Yaqui dejaba irradiar su simpatía por lo artístico y cultural. Las hojas para esa sección estuvieron a cargo primero de Carlos Moncada y más tarde por Bartolomé Delgado de León. En tales páginas aparecían trabajos de los miembros del Grupo Ostimuri. El autor de “Yo, pues…”, también apoyó a la cultura desde la Tribuna del Yaqui y su propio periódico Claridades. Él fue el amigo, el compañero, el tutor ideal de aquel grupo que se llamó Siglo XXI, donde participaron su hijo Daniel, Bernardo Elenes Habas, Rigoberto Badilla, Jesús Antonio Salgado, entre los más destacados. Eso sucedía a finales de los 60 y muy al principio de los 70. Bartolomé murió en 1974, en septiembre.

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Bernardo se hace cargo de la hoja cultural que más tarde se convierte en dos. Nuevos nombres: Carlos Verduzco Meza, Celina López, Juan Manz Alaniz (Oro Verde), Gloria del Yaqui, Ramón Iñiguez. Este último tomó las riendas, al hacerse a un lado Elenes hasta la fecha.

Por aquellos años en San Luis Río Colorado la emprende Sergio Búrquez. En Nogales, después de Mosén Francisco de Ávila, a pesar del cacareo habitual de Oscar Monroy, “El mexicano enano”, aquello se convierte en un páramo. Monroy forma su capilla para que sus acólitos le aplaudan. En una revista católica llamada “Juventud”, da color María Rosa Montoya. Su asesor, el padre Nacho de la Torre. A finales de los 70 se funda La Voz del Norte. Cuando entra en la dirección el escritor José Terán impulsa dos páginas culturales. Abre puertas a los nogalenses, muchos escribas desconocidos, así como a gente de la zona fronteriza y hasta del centro, Hermosillo. Al llegarle al diario su muerte por agua y lodo se acabó el intento. Ya para entonces funciona la Casa de la Cultura, el Centro Issste y varios grupos en el Tec.

Continuará…

*Alonso Vidal fue un poeta, periodista y promotor cultural que falleció en 1996.

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