/ miércoles 19 de diciembre de 2018

Paula Martins entrega su vida al trazo y dibujo

Su padre le inculcó el amor por el mundo del dibujo y la ciudad de Hermosillo es una oportunidad para desarrollarse

La convivencia con los trazos y el dibujo despertaron a temprana edad la inquietud de Paula Martins por plasmar y crear, convirtiéndose años más tarde en una importante artista.

Nació en Lisboa, Portugal en 1958, y desde pequeña observaba cómo su padre, de profesión arquitecto, se maravillaba con el mundo del dibujo. Fue a los trece años en pequeños trozos de papel donde ella también plasmaba sus propias creaciones.

Al hablar de sus inicios comparte que la imagen que tiene de su padre es con una pluma o un lápiz en la mano haciendo planos.

“Tengo esta idea de él haciendo planos, a mi padre lo recuerdo en el restirador con estas plumas de marca rotring, no sé por qué, pero a lo mejor esto de estarlo viendo, empecé también a hacer estar líneas, en hojas chiquitas con lápiz, pluma, más tarde con las mismas plumas que usaba mi padre y empecé a hacer estos dibujos con tinta china”.

La primera exposición de su vida se llevó a cabo en Lisboa, en la cafetería de la Facultad de Derecho, un trabajo en blanco y negro con tintas chinas.

“Yo dibujaba y lo guardaba en una caja, porque mis dibujos eran muy diferentes a esos dibujos perfectos que hacía mi papá, yo cuando niña a veces llegaba con mi padre presumiendo mis dibujos, mi papá era tan buen dibujante que lo que hacía era corregir esos dibujos que yo hacía”, platicó.

Al percatarse que las formas de expresar de su padre y ella eran totalmente distintas, decidió crear otras formas. “No representaba cosas, empecé a dibujar líneas, cuestiones más geométricas, formas más abstractas que mi padre no podía corregir” comentó.

A los 20 años llegó a México con la intención de quedarse un año, ya que su padre se encontraba en el país debido a que le fue encargada la modernización de una empresa en Hermosillo.

“Mi papá vino a trabajar al Molino La Fama, necesitaba una modernización y le dieron el contrato por cuatro años, fueron por él a Portugal”, contó.

Paula estudiaba la Licenciatura en Derecho en Lisboa pero no era algo que le apasionaba, por eso encontró en su viaje a Sonora un escaparate de esa realidad.

“Estaba estudiado la carrera de Derecho en Lisboa pero no me gustaba nada, ya estaba dibujando y pintando, se me ocurrió que era una buena forma de huir y venirme a un lugar nuevo y ponerme a dibujar y pintar, la vez que bajé las escalinatas de la Facultad de Derecho en Lisboa, dije esta escalinata no la vuelvo a subir”, manifestó.

Al llegar en 1979 a la cálida ciudad de Hermosillo, la artista sintió la libertad de un lugar pequeño en la que el sol deslumbraba con fuerza y le ofrecía un clima al que no estaba acostumbrada.

“Lo que me llamó mucho la atención es que yo venía de un país en donde el invierno es fuerte y las cuatro estaciones son muy marcadas, el verano no es muy intenso”, expresó.

Con la inquietud por aprender y hacer provechosa su estadía en Sonora, Paula entró a la carrera de Psicología en la Universidad del Noroeste ya que aún no existía en Hermosillo la Licenciatura en Artes.

A la par de sus estudios se inscribió en talleres de pintura, cerámica y dibujo con reconocidos artistas entre ellos destacan los pintores Mario Moreno y Manuel Romo.

Se quedó

En el último año de universidad, conoció en una reunión a su ahora esposo Sergio Galindo con el que tiene dos hijos: Paulo y Fernanda, y con quien ha formado la unión y el apoyo no solo como esposa sino como artista.

“A Sergio lo conocí en la universidad, en una carne asada, empezamos a hablar y fue algo muy bonito e intenso, eso me hizo decidir que no regresaba a Lisboa con mis padres, me quedaba con Sergio, entonces la que venía por un año se quedó”.

Su primera exposición en la capital sonorense fue un trabajo similar al de la cafetería en Lisboa, también con tintas chinas que montó en el Kiosko del Arte y se llamó Primicias.

Después llegaron otras exposiciones y nuevos intereses así como cuestiones técnicas del arte que la ayudaron a perfeccionar su estilo y conocer de otros artistas que hacían algunas cosas similares.

La artista cursó el Diplomado Las artes visuales, el ego, la evolución y la decadencia, organizado por el INBA /Conaculta, además de talleres y cursos de Experimentación con Artistas Contemporáneos de destacada trayectoria.

Su trabajo se ha mostrado en varias exposiciones individuales y colectivas expuestas en México, Estados Unidos, Italia y Portugal. Fue seleccionada Bienales Estatales y Regionales del Noroeste de México.

En 2012 recibió el Premio de Adquisición en el Concurso Estatal de Pintura de Caborca-Sonora y en tres ocasione ha sido beneficiaria de una beca de Fecas (Fondo Estatal Para la Cultura y las artes en Sonora).

También ha impartido talleres de pintura, creatividad, barro, batik y papiroflexia, asimismo trabaja con personas y grupos de capacidades especiales donde conjunta su profesión de psicóloga y el arte.

Tintes 40 átomos de carbono

Martins implementó en su arte el uso y trabajo con tintes naturales que descubrió gracias a la jardinería, otras de sus pasiones. “Yo digo que soy jardinera de corazón”, confesó.

Debido a la cercanía con las plantas sonorenses, específicamente las cactáceas, empezó a sembrar nopales de los que nacen bellas flores amarillas con las que desde hace tres años crea un pigmento.

“Estas flores amarillas duran 3 días, son muy efímeras pero realizan toda una labor increíble de absorber luz y energía del sol, a los tres días caen al piso y riegan de energía la tierra, empecé a recoger estas flores secas y a guardarlas para hablar de estas flores a través de mi trabajo”, describió.

El año pasado expuso en el Museo de Arte de Sonora, Musas, una serie de objetos pintados con el tinte amarillo, proyecto que se tituló 40 átomos de carbono, derivado de la fórmula química que estructura el color amarillo.

Paula aún continúa con la colección y forma parte fundamental de inspiración que embellece las paredes de El Sol de Hermosillo.

La convivencia con los trazos y el dibujo despertaron a temprana edad la inquietud de Paula Martins por plasmar y crear, convirtiéndose años más tarde en una importante artista.

Nació en Lisboa, Portugal en 1958, y desde pequeña observaba cómo su padre, de profesión arquitecto, se maravillaba con el mundo del dibujo. Fue a los trece años en pequeños trozos de papel donde ella también plasmaba sus propias creaciones.

Al hablar de sus inicios comparte que la imagen que tiene de su padre es con una pluma o un lápiz en la mano haciendo planos.

“Tengo esta idea de él haciendo planos, a mi padre lo recuerdo en el restirador con estas plumas de marca rotring, no sé por qué, pero a lo mejor esto de estarlo viendo, empecé también a hacer estar líneas, en hojas chiquitas con lápiz, pluma, más tarde con las mismas plumas que usaba mi padre y empecé a hacer estos dibujos con tinta china”.

La primera exposición de su vida se llevó a cabo en Lisboa, en la cafetería de la Facultad de Derecho, un trabajo en blanco y negro con tintas chinas.

“Yo dibujaba y lo guardaba en una caja, porque mis dibujos eran muy diferentes a esos dibujos perfectos que hacía mi papá, yo cuando niña a veces llegaba con mi padre presumiendo mis dibujos, mi papá era tan buen dibujante que lo que hacía era corregir esos dibujos que yo hacía”, platicó.

Al percatarse que las formas de expresar de su padre y ella eran totalmente distintas, decidió crear otras formas. “No representaba cosas, empecé a dibujar líneas, cuestiones más geométricas, formas más abstractas que mi padre no podía corregir” comentó.

A los 20 años llegó a México con la intención de quedarse un año, ya que su padre se encontraba en el país debido a que le fue encargada la modernización de una empresa en Hermosillo.

“Mi papá vino a trabajar al Molino La Fama, necesitaba una modernización y le dieron el contrato por cuatro años, fueron por él a Portugal”, contó.

Paula estudiaba la Licenciatura en Derecho en Lisboa pero no era algo que le apasionaba, por eso encontró en su viaje a Sonora un escaparate de esa realidad.

“Estaba estudiado la carrera de Derecho en Lisboa pero no me gustaba nada, ya estaba dibujando y pintando, se me ocurrió que era una buena forma de huir y venirme a un lugar nuevo y ponerme a dibujar y pintar, la vez que bajé las escalinatas de la Facultad de Derecho en Lisboa, dije esta escalinata no la vuelvo a subir”, manifestó.

Al llegar en 1979 a la cálida ciudad de Hermosillo, la artista sintió la libertad de un lugar pequeño en la que el sol deslumbraba con fuerza y le ofrecía un clima al que no estaba acostumbrada.

“Lo que me llamó mucho la atención es que yo venía de un país en donde el invierno es fuerte y las cuatro estaciones son muy marcadas, el verano no es muy intenso”, expresó.

Con la inquietud por aprender y hacer provechosa su estadía en Sonora, Paula entró a la carrera de Psicología en la Universidad del Noroeste ya que aún no existía en Hermosillo la Licenciatura en Artes.

A la par de sus estudios se inscribió en talleres de pintura, cerámica y dibujo con reconocidos artistas entre ellos destacan los pintores Mario Moreno y Manuel Romo.

Se quedó

En el último año de universidad, conoció en una reunión a su ahora esposo Sergio Galindo con el que tiene dos hijos: Paulo y Fernanda, y con quien ha formado la unión y el apoyo no solo como esposa sino como artista.

“A Sergio lo conocí en la universidad, en una carne asada, empezamos a hablar y fue algo muy bonito e intenso, eso me hizo decidir que no regresaba a Lisboa con mis padres, me quedaba con Sergio, entonces la que venía por un año se quedó”.

Su primera exposición en la capital sonorense fue un trabajo similar al de la cafetería en Lisboa, también con tintas chinas que montó en el Kiosko del Arte y se llamó Primicias.

Después llegaron otras exposiciones y nuevos intereses así como cuestiones técnicas del arte que la ayudaron a perfeccionar su estilo y conocer de otros artistas que hacían algunas cosas similares.

La artista cursó el Diplomado Las artes visuales, el ego, la evolución y la decadencia, organizado por el INBA /Conaculta, además de talleres y cursos de Experimentación con Artistas Contemporáneos de destacada trayectoria.

Su trabajo se ha mostrado en varias exposiciones individuales y colectivas expuestas en México, Estados Unidos, Italia y Portugal. Fue seleccionada Bienales Estatales y Regionales del Noroeste de México.

En 2012 recibió el Premio de Adquisición en el Concurso Estatal de Pintura de Caborca-Sonora y en tres ocasione ha sido beneficiaria de una beca de Fecas (Fondo Estatal Para la Cultura y las artes en Sonora).

También ha impartido talleres de pintura, creatividad, barro, batik y papiroflexia, asimismo trabaja con personas y grupos de capacidades especiales donde conjunta su profesión de psicóloga y el arte.

Tintes 40 átomos de carbono

Martins implementó en su arte el uso y trabajo con tintes naturales que descubrió gracias a la jardinería, otras de sus pasiones. “Yo digo que soy jardinera de corazón”, confesó.

Debido a la cercanía con las plantas sonorenses, específicamente las cactáceas, empezó a sembrar nopales de los que nacen bellas flores amarillas con las que desde hace tres años crea un pigmento.

“Estas flores amarillas duran 3 días, son muy efímeras pero realizan toda una labor increíble de absorber luz y energía del sol, a los tres días caen al piso y riegan de energía la tierra, empecé a recoger estas flores secas y a guardarlas para hablar de estas flores a través de mi trabajo”, describió.

El año pasado expuso en el Museo de Arte de Sonora, Musas, una serie de objetos pintados con el tinte amarillo, proyecto que se tituló 40 átomos de carbono, derivado de la fórmula química que estructura el color amarillo.

Paula aún continúa con la colección y forma parte fundamental de inspiración que embellece las paredes de El Sol de Hermosillo.

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