/ miércoles 1 de diciembre de 2021

Cruzó el mar para que su hijo de 7 años pudiera estudiar

Ali, un niño de solo siete años, viajaba con su padre y hermanos en búsqueda de una educación al otro lado del Mediterráneo, esta es su historia

Para muchos niños en el mundo la oportunidad de una vida mejor tiene forma de escuela; la educación como un derecho se ha vuelto una prioridad tanto para sus padres como los gobiernos del mundo. Aún así, algunos no son tan afortunados, antes de ir a la escuela deberán arriesgar su vida.

Lee también: Patrulla fronteriza rescata a perrito abandonado en el desierto y ¡lo adoptan!

Junto a más de cien personas hacinadas en una pequeña embarcación, Alí, de 7 años, viajaba junto a su padre y dos hermanos con la intención de cruzar el Mediterráneo desde Libia, con destino en las costas europeas. Poco tiempo después de haberse hecho a la mar junto a su familia, el motor dejó de funcionar, dejándoles a la deriva.

Mustafa, el padre de Alí, tomó la decisión de unirse a las decenas de miles de migrantes que cada año buscan tierras europeas viajando por mar en búsqueda de que sus hijos pudieran tener acceso a una educación de calidad, algo que no está garantizado en aquellas partes del oriente medio asoladas por conflictos armados, uno de los principales motivos para el desplazamiento masivo de personas.

La familia emprendió su viaje en 2015, cuando huyendo de la guerra viajaron a Sudán para después terminar en Egipto, donde la situación económica los obligó, de nuevo, a enfrentar la incertidumbre de la migración, esta vez en la ruta más peligrosa que habían enfrentado hasta el momento.

Solamente este año más de 1300 personas han muerto o desaparecido intentando cruzar el Mediterráneo buscando una mejor vida, la cifra desde 2014 asciende hasta 22 mil 825. Afortunadamente para Ali y Mustafa su historia no terminó como una estadística más; es gracias a la organización internacional Médicos Sin Fronteras que hoy nos cuentan su historia.

El pasado 16 de noviembre la embarcación de rescate de MSF en el Mediterráneo Geo Barents logró localizar la pequeña barca antes de que sus ocupantes sucumbieran ante las inclemencias del clima y la falta de sustento, bajo la cubierta alrededor de una decena de personas ya habían perdido la vida debido a las 13 horas que pasaron expuestas a los humos del motor.

Médicos Sin Fronteras brinda apoyo a ocho barcos de búsqueda y rescate que recorren el Mediterráneo en búsqueda de paliar la crisis migratoria que ha costado la vida de niños y niñas como Ali, quien a bordo del Geo Barents muestra una leyenda escrita en árabe en su brazo, es la información de contacto de su madre que se quedó atrás, en Siria.

Al no saber si regresarán a casa, muchos migrantes se anotan la información de sus familiares en el cuerpo / Foto: Cortesía | MSF

Sentado en el suelo del barco de rescate, adolorido por las secuelas de un ataque de hombres armados sufrido en 2011 que le dejó un fijador en la pierna, Mustafa habla del futuro: “Ya no tengo deseos para mi vida, solo quiero una buena vida para mis hijos, quiero que estén seguros y quiero que por fin tengan una buena educación”

Una gran parte de los migrantes rescatados en el mar, y muchos mantienen esta esperanza, es remitida a las costas de Europa, donde es Italia el país más socorrido, unas 34 mil personas llegaron al país de ese modo solamente en 2020. de esta forma inicia una larga travesía a través de la burocracia para obtener el estado de refugiados.

El Geo Barents es una de las embarcaciones que rescatan a las personas perdidas en el mar en búsqueda de oportunidades / Foto: Cortesía | MSF

Para muchos niños en el mundo la oportunidad de una vida mejor tiene forma de escuela; la educación como un derecho se ha vuelto una prioridad tanto para sus padres como los gobiernos del mundo. Aún así, algunos no son tan afortunados, antes de ir a la escuela deberán arriesgar su vida.

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Junto a más de cien personas hacinadas en una pequeña embarcación, Alí, de 7 años, viajaba junto a su padre y dos hermanos con la intención de cruzar el Mediterráneo desde Libia, con destino en las costas europeas. Poco tiempo después de haberse hecho a la mar junto a su familia, el motor dejó de funcionar, dejándoles a la deriva.

Mustafa, el padre de Alí, tomó la decisión de unirse a las decenas de miles de migrantes que cada año buscan tierras europeas viajando por mar en búsqueda de que sus hijos pudieran tener acceso a una educación de calidad, algo que no está garantizado en aquellas partes del oriente medio asoladas por conflictos armados, uno de los principales motivos para el desplazamiento masivo de personas.

La familia emprendió su viaje en 2015, cuando huyendo de la guerra viajaron a Sudán para después terminar en Egipto, donde la situación económica los obligó, de nuevo, a enfrentar la incertidumbre de la migración, esta vez en la ruta más peligrosa que habían enfrentado hasta el momento.

Solamente este año más de 1300 personas han muerto o desaparecido intentando cruzar el Mediterráneo buscando una mejor vida, la cifra desde 2014 asciende hasta 22 mil 825. Afortunadamente para Ali y Mustafa su historia no terminó como una estadística más; es gracias a la organización internacional Médicos Sin Fronteras que hoy nos cuentan su historia.

El pasado 16 de noviembre la embarcación de rescate de MSF en el Mediterráneo Geo Barents logró localizar la pequeña barca antes de que sus ocupantes sucumbieran ante las inclemencias del clima y la falta de sustento, bajo la cubierta alrededor de una decena de personas ya habían perdido la vida debido a las 13 horas que pasaron expuestas a los humos del motor.

Médicos Sin Fronteras brinda apoyo a ocho barcos de búsqueda y rescate que recorren el Mediterráneo en búsqueda de paliar la crisis migratoria que ha costado la vida de niños y niñas como Ali, quien a bordo del Geo Barents muestra una leyenda escrita en árabe en su brazo, es la información de contacto de su madre que se quedó atrás, en Siria.

Al no saber si regresarán a casa, muchos migrantes se anotan la información de sus familiares en el cuerpo / Foto: Cortesía | MSF

Sentado en el suelo del barco de rescate, adolorido por las secuelas de un ataque de hombres armados sufrido en 2011 que le dejó un fijador en la pierna, Mustafa habla del futuro: “Ya no tengo deseos para mi vida, solo quiero una buena vida para mis hijos, quiero que estén seguros y quiero que por fin tengan una buena educación”

Una gran parte de los migrantes rescatados en el mar, y muchos mantienen esta esperanza, es remitida a las costas de Europa, donde es Italia el país más socorrido, unas 34 mil personas llegaron al país de ese modo solamente en 2020. de esta forma inicia una larga travesía a través de la burocracia para obtener el estado de refugiados.

El Geo Barents es una de las embarcaciones que rescatan a las personas perdidas en el mar en búsqueda de oportunidades / Foto: Cortesía | MSF

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