/ domingo 14 de julio de 2019

Domingo de reflexión | Domingo 15 del tiempo ordinario “¿Y quién es mi prójimo?”

Dios nos ha dado a los seres humanos una ley universal que se desglosa en 10 mandamientos, los cuales se resumen en dos: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”. Hoy las lecturas bíblicas nos recuerdan, por una parte, el valor que tiene el cumplimiento de estos preceptos divinos (primera lectura) y, por otra parte, la respuesta a la pregunta: ¿Quién es mi prójimo? (evangelio).

Respecto del cumplimiento de estas normas, el libro del Deuteronomio expresa, en boca de Moisés, que el punto de partida en la observancia de la ley de Dios está en la conversión de la mente y del corazón: “Conviértete al Señor tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma”. Si no estamos verdaderamente convertidos a Dios, estaremos batallando, toda la vida, en cumplir los mandamientos. En realidad el Señor nos dice que guardar sus preceptos es algo fácil, ya que “no son superiores a tus fuerzas ni están fuera de tu alcance… Por el contrario… están muy a tu alcance, en tu boca y en tu corazón, para que puedas cumplirlos”. Así es que no hay excusa… Estos mandamientos están inscritos en nuestra naturaleza humana, y la observancia de ellos es lo mejor que podemos hacer para alcanzar bendiciones de Dios (Cf. Deuteronomio 28).

En la conversación que sostiene Jesús con el doctor de la ley acerca de los dos mandamientos que sintetizan el decálogo, surge la pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?”. El Señor responde con la famosa parábola del “Buen Samaritano”; parábola que conocemos bastante bien, diría yo… “hasta de memoria”. En fin, una vez que Jesús cuenta la parábola le pregunta al doctor de la ley: “¿Cuál de estos tres (sacerdote, levita, samaritano) te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?”. Responde el doctor de la ley: “El que tuvo compasión…”. Aquí tenemos una gran enseñanza: “prójimo” es el que hace la obra de caridad, quien sin importarle “el perder tiempo…”, “el qué dirán…” o “el meterse en problemas…”, se detiene para atender, con amor, al hermano que padece una grave necesidad. En este sentido, atendiendo a la última frase de Jesús en el evangelio “Anda y haz tú lo mismo”, el Señor nos invita a “aproximarnos”, a “ser próximos”, es decir, “cercanos” de toda persona que sufra alguna carencia espiritual o material.

Pidamos a Dios nuestro Señor, en la misa de este domingo, que, repasando las obras de misericordia corporales y espirituales, nos empeñemos en ponerlas en práctica. Así sea.

¡Que tengan un excelente domingo!

Monseñor Ruy Rendón Leal. Arzobispo de Hermosillo.

Deuteronomio 30,10-14

Colosenses 1,15-20

Lucas 10,25-37

Dios nos ha dado a los seres humanos una ley universal que se desglosa en 10 mandamientos, los cuales se resumen en dos: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”. Hoy las lecturas bíblicas nos recuerdan, por una parte, el valor que tiene el cumplimiento de estos preceptos divinos (primera lectura) y, por otra parte, la respuesta a la pregunta: ¿Quién es mi prójimo? (evangelio).

Respecto del cumplimiento de estas normas, el libro del Deuteronomio expresa, en boca de Moisés, que el punto de partida en la observancia de la ley de Dios está en la conversión de la mente y del corazón: “Conviértete al Señor tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma”. Si no estamos verdaderamente convertidos a Dios, estaremos batallando, toda la vida, en cumplir los mandamientos. En realidad el Señor nos dice que guardar sus preceptos es algo fácil, ya que “no son superiores a tus fuerzas ni están fuera de tu alcance… Por el contrario… están muy a tu alcance, en tu boca y en tu corazón, para que puedas cumplirlos”. Así es que no hay excusa… Estos mandamientos están inscritos en nuestra naturaleza humana, y la observancia de ellos es lo mejor que podemos hacer para alcanzar bendiciones de Dios (Cf. Deuteronomio 28).

En la conversación que sostiene Jesús con el doctor de la ley acerca de los dos mandamientos que sintetizan el decálogo, surge la pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?”. El Señor responde con la famosa parábola del “Buen Samaritano”; parábola que conocemos bastante bien, diría yo… “hasta de memoria”. En fin, una vez que Jesús cuenta la parábola le pregunta al doctor de la ley: “¿Cuál de estos tres (sacerdote, levita, samaritano) te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?”. Responde el doctor de la ley: “El que tuvo compasión…”. Aquí tenemos una gran enseñanza: “prójimo” es el que hace la obra de caridad, quien sin importarle “el perder tiempo…”, “el qué dirán…” o “el meterse en problemas…”, se detiene para atender, con amor, al hermano que padece una grave necesidad. En este sentido, atendiendo a la última frase de Jesús en el evangelio “Anda y haz tú lo mismo”, el Señor nos invita a “aproximarnos”, a “ser próximos”, es decir, “cercanos” de toda persona que sufra alguna carencia espiritual o material.

Pidamos a Dios nuestro Señor, en la misa de este domingo, que, repasando las obras de misericordia corporales y espirituales, nos empeñemos en ponerlas en práctica. Así sea.

¡Que tengan un excelente domingo!

Monseñor Ruy Rendón Leal. Arzobispo de Hermosillo.

Deuteronomio 30,10-14

Colosenses 1,15-20

Lucas 10,25-37