/ viernes 31 de julio de 2020

Judith vence al Covid-19 y con el amor de su familia sale adelante

Fueron días de angustia donde Judith no podía mantenerse de pie, cada vez era más la necesidad de oxígeno y  sus hijos se encargaban de cuidarla para que no recayera

El dolor de cuerpo, fiebre y escalofríos son algunos de los síntomas que desarrolló María Judith, una mujer que contrajo la enfermedad del Covid-19, la cual la llevó al hospital de manera urgente pues la oxigenación de su cerebro era mínima y podía perder la batalla contra este virus.

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La enfermedad de Covid-19 puede afectar de distintas maneras a las personas, en su gran mayoría los contagiados presentan síntomas fuertes o leves, algunos requieren ser hospitalizados y otros cumplir con la cuarentena desde casa. Actualmente este virus ha acabado con la vida de miles de personas en todo el mundo, tan sólo en Sonora hay 1,756 defunciones.

María Judith Denogean González tiene 57 años de edad, es originaria de Bacoachi, Sonora, pero desde hace 37 años radica en el municipio de Magdalena. Su familia se conforma por su esposo, cuatro hijos y cuatro nietos, quienes la llenan de felicidad y amor cada día.

Ante la llegada del Covid-19, Judith y su familia comenzaron con los cuidados adecuados para proteger a sus seres queridos, cumplieron con los días de cuarentena, tomaron las medidas de higiene necesarias y respetaban la sana distancia. En una ocasión, Judith requirió de una consulta médica y también fue a la farmacia por medicamento, en algunos de esos lugares contrajo la enfermedad pues desde ese momento comenzó con los síntomas.

“Yo pensé que era el riñón porque no tengo uno y los síntomas son muy parecidos, cuando me enfermé de eso entonces yo dije ‘me anda fallando el riñón’, fui al doctor a hacerme análisis a ver qué traía y ahí fue donde empecé”, manifestó.

Cada vez las señales eran más contundentes, la calentura, los escalofríos se manifestaban durante todo día y su estabilidad emocional, física y de salud se veía afectada pues no había mejoría después de tomar medicamentos.

“A ratitos me alivianaba y me tomaba el paracetamol y luego va para arriba, fui a hacerme los análisis y el doctor me dijo que tenía poca infección pero de ahí empecé con calentura y estuve mal, cada 4 horas tomaba el paracetamol y no sentía alivio, no comía, era casi imposible mantenerse despierta porque el cansancio era demasiado”, expresó.

Fueron días de angustia donde Judith no podía mantenerse de pie, cada vez era más la necesidad de oxígeno y sus hijos se encargaban de cuidarla para que no recayera.

“Mi hija me llevó con el doctor y él le dijo que me llevara al Centinela y pues es el horror más grande que le puedan decir a uno, que le hagan la prueba y pues el resultado me lo dieron ya estando en el hospital internada porque me tuvieron que llevar al hospital porque le dije a mi esposo que ya no podía más”, dijo.

A pesar de la situación difícil en la que se encontraba Judith, el apoyo y el cariño por parte de los trabajadores de salud mantenían de mejor ánimo y con ganas de salir adelante por su familia y por poder contar su testimonio para que las personas se cuiden de este virus.

“Las doctoras y enfermeras muy atentas, me tomaron el oxígeno, ahí me dicen que tengo una oxigenación de 60 y tanto y yo decía no, yo vengo muy bien, me dijeron que me tenía que quedar y eso es lo peor que me pudieron haber dicho, es de esas veces que uno no tiene ni idea que le hace falta el oxígeno, entonces mi familia me convenció para quedarme”, señaló.

Los cuidados eran constantes, tomaban la temperatura, checaban la oxigenación y también les compartían palabras de aliento para continuar con el tratamiento y combatir el Covid-19, sin embargo, alguna de las cosas más difíciles para todos los familiares de los pacientes era conseguir el medicamento que requerían.

“El problema era afuera, conseguir el medicamento y mientras llegaba el mío me compartieron medicamento, inmediatamente me dieron todo el que necesitaba y así era para todos, una parte sale del Sector Salud y otro lleva la familia”, explicó.

Fue una semana que Judith permaneció en el hospital para llevar los cuidados adecuados, el oxígeno nunca le hizo falta estando en el lugar, ni el medicamento y ni la atención por parte de los trabajadores del lugar, sin embargo, pensaba que su salud no iba a mejorar por lo que le pidió a su familia que buscaran al padre del pueblo.

“Fue una semana difícil porque el lunes ya me sentía bien, pasó algo muy chistoso porque le pedí a mi familia que buscaran, uno de los enfermeros me prestó su celular y le llamé a mi familia, les pedí que llevaran al padre Alberto del pueblo, pero no lo encontraron entonces una doctora me consiguió un sacerdote de Santa Ana, hicimos la oración de los enfermos y me confesé”, mencionó.

La falta de apetito era constante, pasaba su día durmiendo y extrañando a sus seres queridos, pues pensaba que no iba a salir del hospital por lo complicada que estaba la situación.

“Tenía mucho miedo porque por falta de oxígeno estaba perdiendo el conocimiento, ya no sentía dolor de nada, sentía desesperación, era cansancio y poco me acuerdo de lo que pasó desde el sábado y domingo, se pierde el conocimiento no sabe uno lo que dice y lo que hace”, compartió.

En febrero del presente año, Judith empezó con problemas de bronquitis, tenía su tratamiento pero continuaba con tos, ella se cuidaba mucho para estar bien para su familia. Al contraer este virus, no dudó en extremar las medidas de seguridad para cuidar de sus hijos y sus nietos pues menciona son lo más importante en su vida.

“Cuando llegué a mi casa me dijeron que mi hija me iba a cuidar y yo les dije que no porque tiene niños, fue un shock para mí porque no me las esperaba y yo le decía mi familia llévensela porque no quería que se contagiaran los niños, afortunadamente nadie de mi familia resultó afectado”, añadió.

Al estar en el hospital, le tocó presenciar la muerte de una señora, la cual la asustó mucho porque era algo muy fuerte, ya que vio cómo los trabajadores hacían lo posible por salvar su vida, sin embargo perdió la batalla.

“Uno nunca sabe lo que está pasando afuera, hasta que estás ahí, yo les puedo decir que se cuiden, los doctores y enfermeras hacen todo lo posible por mantenerlos vivos, pero no se dejen llevar por lo que ven o escuchan en redes sociales, a veces exageran y los familiares que estén conscientes que si la persona ya iba muy enferma, deben aceptar que se va a quedar en el hospital, estar preparados y no enojarse, porque los que están luchando lo están haciendo por uno”, concluyó.

Para finalizar, Judith compartió que a pesar de lo que vivieron, se siente agradecida con Dios y con la vida por darle una segunda oportunidad y que cada día seguirán luchando para que las personas se cuiden para evitar más contagios, también mencionó que todos los días que hable con sus hijos estará al pendiente de su salud y les recordará lo importante que es cuidar de su salud, llevar las medidas adecuadas para evitar infectarse por el virus.

El dolor de cuerpo, fiebre y escalofríos son algunos de los síntomas que desarrolló María Judith, una mujer que contrajo la enfermedad del Covid-19, la cual la llevó al hospital de manera urgente pues la oxigenación de su cerebro era mínima y podía perder la batalla contra este virus.

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La enfermedad de Covid-19 puede afectar de distintas maneras a las personas, en su gran mayoría los contagiados presentan síntomas fuertes o leves, algunos requieren ser hospitalizados y otros cumplir con la cuarentena desde casa. Actualmente este virus ha acabado con la vida de miles de personas en todo el mundo, tan sólo en Sonora hay 1,756 defunciones.

María Judith Denogean González tiene 57 años de edad, es originaria de Bacoachi, Sonora, pero desde hace 37 años radica en el municipio de Magdalena. Su familia se conforma por su esposo, cuatro hijos y cuatro nietos, quienes la llenan de felicidad y amor cada día.

Ante la llegada del Covid-19, Judith y su familia comenzaron con los cuidados adecuados para proteger a sus seres queridos, cumplieron con los días de cuarentena, tomaron las medidas de higiene necesarias y respetaban la sana distancia. En una ocasión, Judith requirió de una consulta médica y también fue a la farmacia por medicamento, en algunos de esos lugares contrajo la enfermedad pues desde ese momento comenzó con los síntomas.

“Yo pensé que era el riñón porque no tengo uno y los síntomas son muy parecidos, cuando me enfermé de eso entonces yo dije ‘me anda fallando el riñón’, fui al doctor a hacerme análisis a ver qué traía y ahí fue donde empecé”, manifestó.

Cada vez las señales eran más contundentes, la calentura, los escalofríos se manifestaban durante todo día y su estabilidad emocional, física y de salud se veía afectada pues no había mejoría después de tomar medicamentos.

“A ratitos me alivianaba y me tomaba el paracetamol y luego va para arriba, fui a hacerme los análisis y el doctor me dijo que tenía poca infección pero de ahí empecé con calentura y estuve mal, cada 4 horas tomaba el paracetamol y no sentía alivio, no comía, era casi imposible mantenerse despierta porque el cansancio era demasiado”, expresó.

Fueron días de angustia donde Judith no podía mantenerse de pie, cada vez era más la necesidad de oxígeno y sus hijos se encargaban de cuidarla para que no recayera.

“Mi hija me llevó con el doctor y él le dijo que me llevara al Centinela y pues es el horror más grande que le puedan decir a uno, que le hagan la prueba y pues el resultado me lo dieron ya estando en el hospital internada porque me tuvieron que llevar al hospital porque le dije a mi esposo que ya no podía más”, dijo.

A pesar de la situación difícil en la que se encontraba Judith, el apoyo y el cariño por parte de los trabajadores de salud mantenían de mejor ánimo y con ganas de salir adelante por su familia y por poder contar su testimonio para que las personas se cuiden de este virus.

“Las doctoras y enfermeras muy atentas, me tomaron el oxígeno, ahí me dicen que tengo una oxigenación de 60 y tanto y yo decía no, yo vengo muy bien, me dijeron que me tenía que quedar y eso es lo peor que me pudieron haber dicho, es de esas veces que uno no tiene ni idea que le hace falta el oxígeno, entonces mi familia me convenció para quedarme”, señaló.

Los cuidados eran constantes, tomaban la temperatura, checaban la oxigenación y también les compartían palabras de aliento para continuar con el tratamiento y combatir el Covid-19, sin embargo, alguna de las cosas más difíciles para todos los familiares de los pacientes era conseguir el medicamento que requerían.

“El problema era afuera, conseguir el medicamento y mientras llegaba el mío me compartieron medicamento, inmediatamente me dieron todo el que necesitaba y así era para todos, una parte sale del Sector Salud y otro lleva la familia”, explicó.

Fue una semana que Judith permaneció en el hospital para llevar los cuidados adecuados, el oxígeno nunca le hizo falta estando en el lugar, ni el medicamento y ni la atención por parte de los trabajadores del lugar, sin embargo, pensaba que su salud no iba a mejorar por lo que le pidió a su familia que buscaran al padre del pueblo.

“Fue una semana difícil porque el lunes ya me sentía bien, pasó algo muy chistoso porque le pedí a mi familia que buscaran, uno de los enfermeros me prestó su celular y le llamé a mi familia, les pedí que llevaran al padre Alberto del pueblo, pero no lo encontraron entonces una doctora me consiguió un sacerdote de Santa Ana, hicimos la oración de los enfermos y me confesé”, mencionó.

La falta de apetito era constante, pasaba su día durmiendo y extrañando a sus seres queridos, pues pensaba que no iba a salir del hospital por lo complicada que estaba la situación.

“Tenía mucho miedo porque por falta de oxígeno estaba perdiendo el conocimiento, ya no sentía dolor de nada, sentía desesperación, era cansancio y poco me acuerdo de lo que pasó desde el sábado y domingo, se pierde el conocimiento no sabe uno lo que dice y lo que hace”, compartió.

En febrero del presente año, Judith empezó con problemas de bronquitis, tenía su tratamiento pero continuaba con tos, ella se cuidaba mucho para estar bien para su familia. Al contraer este virus, no dudó en extremar las medidas de seguridad para cuidar de sus hijos y sus nietos pues menciona son lo más importante en su vida.

“Cuando llegué a mi casa me dijeron que mi hija me iba a cuidar y yo les dije que no porque tiene niños, fue un shock para mí porque no me las esperaba y yo le decía mi familia llévensela porque no quería que se contagiaran los niños, afortunadamente nadie de mi familia resultó afectado”, añadió.

Al estar en el hospital, le tocó presenciar la muerte de una señora, la cual la asustó mucho porque era algo muy fuerte, ya que vio cómo los trabajadores hacían lo posible por salvar su vida, sin embargo perdió la batalla.

“Uno nunca sabe lo que está pasando afuera, hasta que estás ahí, yo les puedo decir que se cuiden, los doctores y enfermeras hacen todo lo posible por mantenerlos vivos, pero no se dejen llevar por lo que ven o escuchan en redes sociales, a veces exageran y los familiares que estén conscientes que si la persona ya iba muy enferma, deben aceptar que se va a quedar en el hospital, estar preparados y no enojarse, porque los que están luchando lo están haciendo por uno”, concluyó.

Para finalizar, Judith compartió que a pesar de lo que vivieron, se siente agradecida con Dios y con la vida por darle una segunda oportunidad y que cada día seguirán luchando para que las personas se cuiden para evitar más contagios, también mencionó que todos los días que hable con sus hijos estará al pendiente de su salud y les recordará lo importante que es cuidar de su salud, llevar las medidas adecuadas para evitar infectarse por el virus.

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