/ sábado 2 de noviembre de 2019

¡No era mentira! Estos panteones sí se convirtieron en escuelas y parques

¿Te contaban esa leyenda en tu escuela? Puede que sea cierto; estos son los lugares donde en épocas pasadas había un cementerio

Como algunas leyendas urbanas lo decían, panteones y cementerios se han convertido en parques, lugares públicos, escuelas y hasta en una comandancia, ubicados en distintos puntos de la capital sonorense.

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El primer panteón en Hermosillo estuvo localizado atrás de la Catedral Metropolitana, recordó Ignacio Lagarda, el Cronista de Hermosillo, quien contó que en aquella época Colonial, cuando el Registro Civil en la Nueva España lo llevaba la Iglesia Católica, hasta que Benito Juárez lo canceló con las Leyes de Reforma.

“El siguiente panteón estaba en la calle Yáñez y Elías Calles, donde ahora es el Parque Leona Vicario, después estuvo donde hoy es el Jardín Juárez, y en 1917 se cambió al Norte de las vías de ferrocarril, donde está la comandancia centro de los bomberos”, detalló.

El Cronista Municipal contó que, posteriormente de ubicarse en la comandancia centro de la ciudad, cambió a final de la calle Yáñez, donde se construyó el panteón de San Agustín, que estaba cerca del antiguo aeropuerto que hoy es la colonia Modelo.

Foto: Mike Acosta

“Y de ahí en el año 1971 se hizo un panteón en el Quiroga, que es el panteón Las Manitas, ese es el panteón más moderno, pero mucho antes, en la época colonial hubo un panteón donde ahora es el bulevar Luis encinas y Morelia, por donde está una secundaria, se llamaba el Panteón del Puente Colorado, duró poco tiempo, hoy son avenidas y se urbanizó”, agregó.

Incluso, en la colonia El Ranchito estaba un camposanto dedicado a la sepultura de la Tribu Yaqui, que hoy es un parque; asimismo en 1980, cuando Villa de Seris era un municipio también contaban con un panteón, pues actualmente es una escuela de capacitación.

Foto: Mike Acosta

“Los ejidos también cuentan con sus panteones, por ejemplo hubo panteón en ejido La Manga desde los años treinta, en el ejido Yesca también y a mediados de los ochentas empezó a haber panteones particulares; como el Bretaña, y ahora hay uno hacia el aeropuerto que es de la funeraria San Martín”, mencionó.

Ignacio Lagarda comentó que en aquella época, la Iglesia tenía prohibido incinerar a los cuerpos, puesto que se consideraba pecado, pero en los años 90’s surgió un gran cambio y los panteones se privatizaron, por lo tanto en las parroquias empezaron a vender nichos.

“Se saturan y ya no se puede enterrar más gente, porque se abren nuevos panteones y ese espacio antiguo no existe la preservación en la cultura sonorense de los panteones como tales y se convierten en espacios públicos”, expresó.

Foto: Mike Acosta

Y es que los panteones son archivos históricos para los historiadores, debido a que está reflejado el pasado a través de las tumbas, pues se encuentran bastantes personajes, como políticos, maestros, entre otros, de acuerdo con el historiador.

“Como el sur del país los panteones se siguen quedando ahí. En Campeche cada día de muertos sacan los huesos, los limpian, los pulen y los devuelven, es una tradición Maya”, agregó.

Foto: Mike Acosta

En México, el culto a la muerte es una tradición prehispánica que se ha conservado a través de los años, ya que es una unión entre los seres vivos y difuntos.

Los panteones que permanecen activos en Hermosillo son: Palo Verde, La Manga, Ejido Yesca, Quiroga, Yáñez, pero ya no hay espacio en ninguno de ellos.

Como algunas leyendas urbanas lo decían, panteones y cementerios se han convertido en parques, lugares públicos, escuelas y hasta en una comandancia, ubicados en distintos puntos de la capital sonorense.

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El primer panteón en Hermosillo estuvo localizado atrás de la Catedral Metropolitana, recordó Ignacio Lagarda, el Cronista de Hermosillo, quien contó que en aquella época Colonial, cuando el Registro Civil en la Nueva España lo llevaba la Iglesia Católica, hasta que Benito Juárez lo canceló con las Leyes de Reforma.

“El siguiente panteón estaba en la calle Yáñez y Elías Calles, donde ahora es el Parque Leona Vicario, después estuvo donde hoy es el Jardín Juárez, y en 1917 se cambió al Norte de las vías de ferrocarril, donde está la comandancia centro de los bomberos”, detalló.

El Cronista Municipal contó que, posteriormente de ubicarse en la comandancia centro de la ciudad, cambió a final de la calle Yáñez, donde se construyó el panteón de San Agustín, que estaba cerca del antiguo aeropuerto que hoy es la colonia Modelo.

Foto: Mike Acosta

“Y de ahí en el año 1971 se hizo un panteón en el Quiroga, que es el panteón Las Manitas, ese es el panteón más moderno, pero mucho antes, en la época colonial hubo un panteón donde ahora es el bulevar Luis encinas y Morelia, por donde está una secundaria, se llamaba el Panteón del Puente Colorado, duró poco tiempo, hoy son avenidas y se urbanizó”, agregó.

Incluso, en la colonia El Ranchito estaba un camposanto dedicado a la sepultura de la Tribu Yaqui, que hoy es un parque; asimismo en 1980, cuando Villa de Seris era un municipio también contaban con un panteón, pues actualmente es una escuela de capacitación.

Foto: Mike Acosta

“Los ejidos también cuentan con sus panteones, por ejemplo hubo panteón en ejido La Manga desde los años treinta, en el ejido Yesca también y a mediados de los ochentas empezó a haber panteones particulares; como el Bretaña, y ahora hay uno hacia el aeropuerto que es de la funeraria San Martín”, mencionó.

Ignacio Lagarda comentó que en aquella época, la Iglesia tenía prohibido incinerar a los cuerpos, puesto que se consideraba pecado, pero en los años 90’s surgió un gran cambio y los panteones se privatizaron, por lo tanto en las parroquias empezaron a vender nichos.

“Se saturan y ya no se puede enterrar más gente, porque se abren nuevos panteones y ese espacio antiguo no existe la preservación en la cultura sonorense de los panteones como tales y se convierten en espacios públicos”, expresó.

Foto: Mike Acosta

Y es que los panteones son archivos históricos para los historiadores, debido a que está reflejado el pasado a través de las tumbas, pues se encuentran bastantes personajes, como políticos, maestros, entre otros, de acuerdo con el historiador.

“Como el sur del país los panteones se siguen quedando ahí. En Campeche cada día de muertos sacan los huesos, los limpian, los pulen y los devuelven, es una tradición Maya”, agregó.

Foto: Mike Acosta

En México, el culto a la muerte es una tradición prehispánica que se ha conservado a través de los años, ya que es una unión entre los seres vivos y difuntos.

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