/ jueves 15 de abril de 2021

Lo digo como es | ¿Cerrar los ojos a la violencia?

Probablemente coincida conmigo en el hecho que ver niños de entre aproximadamente 8 y 13 años, con gorra, armados, alineados, que bajo las órdenes de quien los comanda preparan los rifles y lanzan balazos al aire declarando así la guerra a los sicarios es una imagen que nunca pensamos que fuéramos a presenciar, que correspondía a otros territorios, que no era propio de nuestro país.

Pero no, desfilan luego por las calles de su pueblo, así uno tras otro con el arma cargada al hombro y algunos de ellos apenas le sacan unos centímetros de su estatura al tamaño del rifle.

La realidad se empeña en abrirnos los ojos. Los ojos, los oídos, la razón, que muchas veces queremos mantener cerrados como pretendiendo que así podemos desaparecer la verdad. Pero no, lamentablemente no es posible.

La violencia en nuestro país ha escalado a estos niveles. Y los responsables somos todos. Las autoridades por ineficientes y por permitir la impunidad, por dejarse rebasar o hacerse de la vista gorda mientras el problema fue creciendo.

Pero la ciudadanía también transita muchas veces con una doble moral con la que reprobamos la ilegalidad pero tampoco la denunciamos y lo que es peor, muchas veces participamos por acción u omisión, de ella...y también —hay que decirlo— legítimamente tenemos miedo porque nos sabemos vulnerables ante el inmenso poder de la delincuencia.

En el caso de los niños armados de Ayahualtempa, Guerrero, Bernardino Sanchez fundador, de la Policía Comunitaria, justifica el hecho en la indiferencia de las autoridades para tratar el problema y prácticamente dejarlos a su suerte ante el embate de los sicarios… y que es mejor morir de pie que de rodillas,

porque si no hay leyes que protejan a los niños huérfanos de México ni gobierno en nuestro país que les brinde seguridad entonces —advierte— vamos a responder con fuego a los sicarios.

Pero bueno, usted que me lee por ejemplo en Sonora y tiene la esperanza que esas imágenes se queden a kilómetros de distancia de nuestro Estado, quizá nos convenga observar y en el mejor de los casos atender lo siguiente:

Expertos aseguran que existe una epidemia extendida en Sonora y ahí ubican el origen de la sociedad insegura en que vivimos, se refieren a la violencia familiar que según datos del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública en 2019 se presentaron casi 3,600 denuncias por esa causa y en 2020 fueron 5,450, es decir 52% de incremento… podemos argumentar la pandemia y una mayor cultura de la denuncia, pero de todas formas el problema está ahí y para nada nos conviene cerrar los ojos y pretender ignorar la realidad.

Probablemente coincida conmigo en el hecho que ver niños de entre aproximadamente 8 y 13 años, con gorra, armados, alineados, que bajo las órdenes de quien los comanda preparan los rifles y lanzan balazos al aire declarando así la guerra a los sicarios es una imagen que nunca pensamos que fuéramos a presenciar, que correspondía a otros territorios, que no era propio de nuestro país.

Pero no, desfilan luego por las calles de su pueblo, así uno tras otro con el arma cargada al hombro y algunos de ellos apenas le sacan unos centímetros de su estatura al tamaño del rifle.

La realidad se empeña en abrirnos los ojos. Los ojos, los oídos, la razón, que muchas veces queremos mantener cerrados como pretendiendo que así podemos desaparecer la verdad. Pero no, lamentablemente no es posible.

La violencia en nuestro país ha escalado a estos niveles. Y los responsables somos todos. Las autoridades por ineficientes y por permitir la impunidad, por dejarse rebasar o hacerse de la vista gorda mientras el problema fue creciendo.

Pero la ciudadanía también transita muchas veces con una doble moral con la que reprobamos la ilegalidad pero tampoco la denunciamos y lo que es peor, muchas veces participamos por acción u omisión, de ella...y también —hay que decirlo— legítimamente tenemos miedo porque nos sabemos vulnerables ante el inmenso poder de la delincuencia.

En el caso de los niños armados de Ayahualtempa, Guerrero, Bernardino Sanchez fundador, de la Policía Comunitaria, justifica el hecho en la indiferencia de las autoridades para tratar el problema y prácticamente dejarlos a su suerte ante el embate de los sicarios… y que es mejor morir de pie que de rodillas,

porque si no hay leyes que protejan a los niños huérfanos de México ni gobierno en nuestro país que les brinde seguridad entonces —advierte— vamos a responder con fuego a los sicarios.

Pero bueno, usted que me lee por ejemplo en Sonora y tiene la esperanza que esas imágenes se queden a kilómetros de distancia de nuestro Estado, quizá nos convenga observar y en el mejor de los casos atender lo siguiente:

Expertos aseguran que existe una epidemia extendida en Sonora y ahí ubican el origen de la sociedad insegura en que vivimos, se refieren a la violencia familiar que según datos del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública en 2019 se presentaron casi 3,600 denuncias por esa causa y en 2020 fueron 5,450, es decir 52% de incremento… podemos argumentar la pandemia y una mayor cultura de la denuncia, pero de todas formas el problema está ahí y para nada nos conviene cerrar los ojos y pretender ignorar la realidad.