/ martes 2 de noviembre de 2021

Pan de Muerto: el postre mexicano en celebración de los difuntos

Algunos de los elementos que puedes encontrar en la ofrenda dedicada a los difuntos están las frutas, dulces, cacahuetes, guisados, entre otros

El Día de Muertos es una de las festividades representativas de México, pues en esta fecha llena de tradición se recuerda a aquellos que se adelantaron en el camino, así como también es el momento donde reciben las almas de sus familiares o amigos con bebidas y alimentos preferidos de cuando estaban entre nosotros.

Lee también: Día de Muertos: ¿Por qué se colocan altares de 7 pisos y cuál es su significado?

Algunos de los elementos que se pueden encontrar en la ofrenda dedicada a los difuntos están las frutas, dulces, cacahuates, guisados y por supuesto no puede faltar el Pan de Muerto, el cual le da un toque especial al altar en conjunto con veladoras, papel picado, flores de cempasúchil, calaveras de azúcar y no podemos olvidar las fotos de nuestros difuntos.

El pan de Muerto ha trascendido cientos de generaciones, este platillo típico se remonta desde la época de la Conquista, en donde los españoles trataron de reflejar una práctica, no bien aceptada, realizada por los nativos indígenas.

Hay una amplia variedad de pan de muerto, una de las más famosas es la que se elabora en la Ciudad de México, redonda y con sus características canillas que representan huesos / Foto: Cortesía | @foodandtravel

Pues se dice que tras realizar el sacrificio de una princesa como ‘ofrenda’ a los dioses, su corazón era depositado en una olla con amaranto, entonces el sacerdote en forma de agradecimiento al dios, mordía el órgano, el cual aún se encontraba latiendo. Los españoles decidieron sustituir esta tradición, elaborando un pan de trigo en forma de corazón adornado con azúcar pintada de rojo, para simular la sangre.

Es por ello que la tradición de realizarle ofrendas a la muerte, por medio del pan de trigo se preservó durante la Colonia, aunado también a la labor de la iglesia y el pan de la eucaristía, haciendo una fusión entre las tradiciones españolas, los pueblos prehispánicos y la religión católica, pero fue hasta la llegada de la industria panificadora en México en el siglo XVIII que se perfeccionó la producción.

El Pan de Muerto es reconocido por su forma circular, el cual representa el ciclo de la vida y la muerte, un pequeño círculo en la parte superior, simulando el cráneo y cuatro figuras de masa en forma de hueso, precisamente para representar a la muerte; sin embargo en otras partes del país se le atribuyen otros significados, como lágrimas, por la pérdida del ser querido o los huesos cruzados, representando a los cuatro puntos cardinales y a los cuatro dioses prehispánicos Quetzalcóatl, Tláloc, Xipe Tútec y Tezcatlipoca.

Existen desde los tradicionales azucarados hasta los espolvoreados con ajonjolí, también podemos encontrar rellenos deliciosos como chocolate, queso crema, cajeta, dulce de leche, incluso de té matcha y hasta mole / Foto: Cortesía | Cocina Delirante

Por ser un postre tradicional de la cultura mexicana existen distintos maneras de prepararlo, simplemente cumpliendo con ingredientes necesarios: 1 barra de mantequilla de 90 g, 2 cucharadas de levadura seca, 3/4 taza de azúcar refinada, 3/4 taza de leche entera, 500 g de harina de trigo, 2 huevos, Ralladura de 2 naranjas, 1 1/2 cucharada agua de azahar, 1 cucharadita de sal.

La forma de prepararlo es sencilla se mezcla la levadura con un poco de leche tibia, agregamos 2 cucharadas de harina y una de azúcar, se cubre con plástico y se deja esponjar durante 15 minutos.

Posteriormente se coloca el resto de la harina y se añade el azúcar y la sal, se ahueca el centro y se agregan los 2 huevos, la mantequilla, la ralladura de naranja, el agua de azahar y el resto de la leche hasta crear la masa. Se añade la levadura ya fermentada e integramos todo, dejamos crecer la masa hasta que duplique su volumen.

Se divide la masa en 10 partes formando porciones del mismo tamaño y se coloca sobre una charola con papel para hornear, formas pequeñas piezas en forma de huesos con la masa restante y se adornan las piezas, una vez formados se barniza con huevo. Finalmente se hornean a 180° durante 25 minutos, hasta que tomen un aspecto 'dorado'. Finalmente se espolvorean con azúcar.


El Día de Muertos es una de las festividades representativas de México, pues en esta fecha llena de tradición se recuerda a aquellos que se adelantaron en el camino, así como también es el momento donde reciben las almas de sus familiares o amigos con bebidas y alimentos preferidos de cuando estaban entre nosotros.

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Algunos de los elementos que se pueden encontrar en la ofrenda dedicada a los difuntos están las frutas, dulces, cacahuates, guisados y por supuesto no puede faltar el Pan de Muerto, el cual le da un toque especial al altar en conjunto con veladoras, papel picado, flores de cempasúchil, calaveras de azúcar y no podemos olvidar las fotos de nuestros difuntos.

El pan de Muerto ha trascendido cientos de generaciones, este platillo típico se remonta desde la época de la Conquista, en donde los españoles trataron de reflejar una práctica, no bien aceptada, realizada por los nativos indígenas.

Hay una amplia variedad de pan de muerto, una de las más famosas es la que se elabora en la Ciudad de México, redonda y con sus características canillas que representan huesos / Foto: Cortesía | @foodandtravel

Pues se dice que tras realizar el sacrificio de una princesa como ‘ofrenda’ a los dioses, su corazón era depositado en una olla con amaranto, entonces el sacerdote en forma de agradecimiento al dios, mordía el órgano, el cual aún se encontraba latiendo. Los españoles decidieron sustituir esta tradición, elaborando un pan de trigo en forma de corazón adornado con azúcar pintada de rojo, para simular la sangre.

Es por ello que la tradición de realizarle ofrendas a la muerte, por medio del pan de trigo se preservó durante la Colonia, aunado también a la labor de la iglesia y el pan de la eucaristía, haciendo una fusión entre las tradiciones españolas, los pueblos prehispánicos y la religión católica, pero fue hasta la llegada de la industria panificadora en México en el siglo XVIII que se perfeccionó la producción.

El Pan de Muerto es reconocido por su forma circular, el cual representa el ciclo de la vida y la muerte, un pequeño círculo en la parte superior, simulando el cráneo y cuatro figuras de masa en forma de hueso, precisamente para representar a la muerte; sin embargo en otras partes del país se le atribuyen otros significados, como lágrimas, por la pérdida del ser querido o los huesos cruzados, representando a los cuatro puntos cardinales y a los cuatro dioses prehispánicos Quetzalcóatl, Tláloc, Xipe Tútec y Tezcatlipoca.

Existen desde los tradicionales azucarados hasta los espolvoreados con ajonjolí, también podemos encontrar rellenos deliciosos como chocolate, queso crema, cajeta, dulce de leche, incluso de té matcha y hasta mole / Foto: Cortesía | Cocina Delirante

Por ser un postre tradicional de la cultura mexicana existen distintos maneras de prepararlo, simplemente cumpliendo con ingredientes necesarios: 1 barra de mantequilla de 90 g, 2 cucharadas de levadura seca, 3/4 taza de azúcar refinada, 3/4 taza de leche entera, 500 g de harina de trigo, 2 huevos, Ralladura de 2 naranjas, 1 1/2 cucharada agua de azahar, 1 cucharadita de sal.

La forma de prepararlo es sencilla se mezcla la levadura con un poco de leche tibia, agregamos 2 cucharadas de harina y una de azúcar, se cubre con plástico y se deja esponjar durante 15 minutos.

Posteriormente se coloca el resto de la harina y se añade el azúcar y la sal, se ahueca el centro y se agregan los 2 huevos, la mantequilla, la ralladura de naranja, el agua de azahar y el resto de la leche hasta crear la masa. Se añade la levadura ya fermentada e integramos todo, dejamos crecer la masa hasta que duplique su volumen.

Se divide la masa en 10 partes formando porciones del mismo tamaño y se coloca sobre una charola con papel para hornear, formas pequeñas piezas en forma de huesos con la masa restante y se adornan las piezas, una vez formados se barniza con huevo. Finalmente se hornean a 180° durante 25 minutos, hasta que tomen un aspecto 'dorado'. Finalmente se espolvorean con azúcar.


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