/ jueves 15 de febrero de 2024

Cruzando líneas | Tropezar con la misma piedra

En el Capitolio Estatal de Arizona empiezan a formarse protestas. Hay pancartas en contra de una ley antinmigrante que podría criminalizar a los que están y a los que llegan en una situación irregular. Suenan los tambores y las plegarias a la par, y a lo lejos escuchamos el grito de “yo no crucé las fronteras, las fronteras me cruzaron a mí”. Son las mismas caras que hace 14 años, pero ahora con el paso del tiempo y la lucha reflejados en los ojos; andan más lento, pero con la misma fuerza y pasión.

Hemos devuelto el tiempo más veces de lo que nos hubiéramos imaginado en estos dos meses del 2024. En Arizona, regresamos al 2010, cuando la legislatura empezaba a debatir una propuesta de ley con un enfoque antiinmigrante que pasó a la historia como la SB1070; hoy es la SB1231. Se siente como un flashback a cuando la gobernadora Jan Brewer pretendía jugar para los dos lados, pero tenía un camino muy marcado para lograr la reelección. Lo mismo pasa en este año y, sin ninguna sorpresa, en otro periodo electoral.

La SB1231 es un intento de los legisladores más conservadores de Arizona para alinearse con otras entidades como Texas, que a pesar de que viven de la mano de obra migrante —con o sin papeles—, insisten en crear un ambiente tenso, desafiante y árido para los extranjeros. Pareciera que insisten en ponerle esteroides a una iniciativa que ha sido derrotaba en varias sesiones legislativas, después de que el rostro político, social, cívico y electoral del estado cambiara tras el terremoto que provocó la SB1070.

Pero no es secreto que con la promulgación de la ley antiinmigrante en Florida el año pasado, otros estados comenzaron a sentir la comezón de sacudirse a todos aquellos que están en situación irregular. Lo hacen, más que nada, por una estrategia política. Los números demuestran que son los migrantes quienes contribuyen a la economía de los estados que por mucho tiempo estuvieron en una crisis económica y social y que han avanzado gracias a las contribuciones de los extranjeros. Pero la retórica de las contribuciones migrantes no incendia ni gana votos; hablar de lo bueno no es tan sexy como los escándalos y las confrontaciones.

Esta propuesta de ley refleja lo que está pasando en el país. Un secretario de seguridad nacional a punto de un juicio por destitución, múltiples estados intentando parchar el obsoleto sistema migratorio de Estados Unidos, una contienda presidencial sin precedentes, campañas para el Senado que parecen campos de batallas y comicios locales marcados por la polarización dentro de los partidos políticos.

Arizona, por ejemplo, los republicanos están siendo forzados a reestructurarse en medio de una de las campañas más agresivas en la historia actual del país el demócrata, con un sentimiento de resignación evidente que quizás se verá reflejado en las urnas. Este es un panorama del futuro, pero el presente se ve aún más complicado.

La SB1231 no nos sorprende, ya lo vivimos y estamos preparados. Sabemos cuáles son los puntos ciegos y la avalancha que se está formando. Pero hemos bajado la guardia. ¿Cuál precio tendremos que pagar por la mala memoria?


En el Capitolio Estatal de Arizona empiezan a formarse protestas. Hay pancartas en contra de una ley antinmigrante que podría criminalizar a los que están y a los que llegan en una situación irregular. Suenan los tambores y las plegarias a la par, y a lo lejos escuchamos el grito de “yo no crucé las fronteras, las fronteras me cruzaron a mí”. Son las mismas caras que hace 14 años, pero ahora con el paso del tiempo y la lucha reflejados en los ojos; andan más lento, pero con la misma fuerza y pasión.

Hemos devuelto el tiempo más veces de lo que nos hubiéramos imaginado en estos dos meses del 2024. En Arizona, regresamos al 2010, cuando la legislatura empezaba a debatir una propuesta de ley con un enfoque antiinmigrante que pasó a la historia como la SB1070; hoy es la SB1231. Se siente como un flashback a cuando la gobernadora Jan Brewer pretendía jugar para los dos lados, pero tenía un camino muy marcado para lograr la reelección. Lo mismo pasa en este año y, sin ninguna sorpresa, en otro periodo electoral.

La SB1231 es un intento de los legisladores más conservadores de Arizona para alinearse con otras entidades como Texas, que a pesar de que viven de la mano de obra migrante —con o sin papeles—, insisten en crear un ambiente tenso, desafiante y árido para los extranjeros. Pareciera que insisten en ponerle esteroides a una iniciativa que ha sido derrotaba en varias sesiones legislativas, después de que el rostro político, social, cívico y electoral del estado cambiara tras el terremoto que provocó la SB1070.

Pero no es secreto que con la promulgación de la ley antiinmigrante en Florida el año pasado, otros estados comenzaron a sentir la comezón de sacudirse a todos aquellos que están en situación irregular. Lo hacen, más que nada, por una estrategia política. Los números demuestran que son los migrantes quienes contribuyen a la economía de los estados que por mucho tiempo estuvieron en una crisis económica y social y que han avanzado gracias a las contribuciones de los extranjeros. Pero la retórica de las contribuciones migrantes no incendia ni gana votos; hablar de lo bueno no es tan sexy como los escándalos y las confrontaciones.

Esta propuesta de ley refleja lo que está pasando en el país. Un secretario de seguridad nacional a punto de un juicio por destitución, múltiples estados intentando parchar el obsoleto sistema migratorio de Estados Unidos, una contienda presidencial sin precedentes, campañas para el Senado que parecen campos de batallas y comicios locales marcados por la polarización dentro de los partidos políticos.

Arizona, por ejemplo, los republicanos están siendo forzados a reestructurarse en medio de una de las campañas más agresivas en la historia actual del país el demócrata, con un sentimiento de resignación evidente que quizás se verá reflejado en las urnas. Este es un panorama del futuro, pero el presente se ve aún más complicado.

La SB1231 no nos sorprende, ya lo vivimos y estamos preparados. Sabemos cuáles son los puntos ciegos y la avalancha que se está formando. Pero hemos bajado la guardia. ¿Cuál precio tendremos que pagar por la mala memoria?